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  Martes, 23 de octubre de 2007 Actualizado a las 00:56
 

EL APUNTE
El partido de Rosa Díez aterriza en Mallorca

JOAN FONT ROSSELLÓ


El pasado viernes y con la presencia de Carlos Martínez Gorriarán, uno de los ideólogos del nuevo partido de Rosa Díez, se puso la primera piedra para implantar Unión Progreso y Democracia (UPD) en las Islas. El reto: concurrir en las elecciones generales de marzo. Tres son los rasgos más rompedores del nuevo partido: su transversalidad ideológica, su apuesta por la regeneración democrática y su carácter nacional. Por primera vez, un partido aborda algunos de los grandes problemas estructurales de la política española. Que no es poco.

Transversalidad. UPD se constituye como un partido de mínimos, no de máximos, un lugar de encuentro donde puedan confluir tanto socialdemócratas como aquellos más afines a la derecha liberal que compartan una serie de fines y principios básicos. UPD aspira por tanto a la centralidad y a la transversalidad ideológica, de ahí que no se defina ni de izquierdas ni de centro ni de derechas, etiquetas que consideran superadas y que ahora mismo, ante la situación de emergencia nacional provocada por la ofensiva nacionalista, tendrían en todo caso una importancia secundaria. UPD renuncia por tanto a representar una cosmovisión absoluta del mundo a la usanza de los partidos tradicionales que parecen tener la obligación de dar respuesta a cualquier cuestión que se plantee. Al margen de estos mínimos, UPD tolerará voces discrepantes en su seno en otras cuestiones secundarias sin menoscabo de que a medida que surjan en el debate político se vaya pronunciando, no desde las típicas ataduras ideológicos, sino con amplitud de miras y abordando los temas desde todos los ángulos. Una forma de representar a los ciudadanos muy distinta de la actual donde los «partidos piensan por el ciudadano».

Un partido nacional. UPD nace con vocación de partido nacional y no como una suma de partidos regionales que es en realidad en lo que han terminado derivando tanto el PSOE como últimamente también el Partido Popular. «Una nación de ciudadanos libres e iguales» (www.upyd.es) es la respuesta a la centrifugación de los dos grandes partidos nacionales que, como es público y notorio, obedecen más a los intereses de sus barones autonómicos que al bien común de los españoles y que han asumido la descentralización como un principio de acción política irrenunciable, alimentando la elefantiasis de la Administración convertida en pesebre de los que aspiran a vivir de la política. UPD propondrá blindar constitucionalmente las competencias del Estado para no ponerlas en almoneda como ha sucedido con las recientes reformas estatutarias. Propondrá incluso devolver competencias al Estado como la educación con el fin de que exista un solo sistema educativo y no 18 sistemas educativos autonómicos diferentes. ¿Qué hizo el PP durante sus ocho años de gobierno desde la Moncloa y qué han hecho Fiol y Matas para intentar revertir la grave situación de la enseñanza pública que no pase por aceptar acríticamente los objetivos y técnicas psicopedagógicas de la izquierda y volcar ingentes recursos públicos? Se trata por tanto de aportar racionalidad y sentido común al Estado enfrentándose si es necesario -y lo es- a las desenfrenadas ansias confederales de los barones autonómicos. Otra propuesta interesante es la de igualar la financiación de todas las autonomías, quitando los privilegios fiscales que la Constitución reconoce a navarros y vascos.

Regeneración democrática. Dada la valía y la probidad de sus líderes, me cuesta creer que funden un nuevo partido para reproducir los mismos vicios de la actual casta política aunque habrá que ver: no es lo mismo predicar que dar trigo. De hecho, si la democracia española es de mala calidad se debe en gran parte a los actuales partidos políticos y a una opinión pública que tolera todos sus desmanes, desde la politización de cualquier actividad a la intromisión omnímoda del poder, sin que exista ni por asomo una auténtica división de poderes donde funcionen los check and balances democráticos. Además de reforzar la división de poderes, UPD propone cambiar el sistema electoral para evitar la hiperrepresentación de los nacionalistas que les permite convertirse en bisagras ocupando el lugar que debería corresponder a otros partidos de carácter nacional. El PP y el PSOE, tampoco los nacionalistas al concentrar su voto, no tienen ningún interés en tocar el sistema electoral porque son sus grandes beneficiarios. En tercer lugar, UPD propone cambiar la ley de financiación de partidos para así hacerlos menos dependientes de la corrupción y de agentes encubiertos. En cuarto lugar, UPD plantea una reforma institucional para esclarecer algunos aspectos como su título octavo, una vía de agua por donde las reformas estatutarias han sacado petróleo a la hora de vaciar de competencias al Estado.

La aparición de este nuevo partido ha provocado nerviosismo entre socialistas y populares. No se trata de un partido de «progres» -Mayor Oreja dixit- ni tampoco de un partido acoquinado como el PP sin legitimidad para plantear cuestiones esenciales sin que se les tilde de «franquistas», una descalificación que atenaza a los populares. Al provenir de la izquierda, ni Díez, ni Savater, ni Buesa tienen los complejos que pueda tener un Rajoy, una Estaràs o un Gallardón. A los que repiten hasta la saciedad que UPD es «innecesario» porque «defiende lo mismo» que el PP, habrá que recordarle que nada tiene que ver el ala más cobardona del PP capitaneada hasta ahora por los Gallardón, Matas, Piqué, Núñez-Feijoó, Sanz ó Arenas con el PP auténtico que podrían representar Vidal-Quadras, Aguirre o Aznar. No son desgraciadamente estos últimos los que dirigen al PP. Cuando Vidal-Quadras exige al PP que no negocie con ningún partido nacionalista después de las elecciones es que alberga un razonable temor a que así sea. En política el único discurso que vale es el de los hechos y los hechos, sobre todo entre algunos líderes autonómicos del PP, han probado nuestro error de caer en el chantaje del mal menor al que continuamente ha estado jugando el PP. Es una falacia creer que el PP representa a la derecha natural o a los liberal-conservadores tras observar las políticas progres, socialdemócratas, catalanistas, reglamentaristas, de despilfarro en el gasto o de incontinencia en el endeudamiento del último Govern del PP balear. Si este PP va a representar a los liberal-conservadores, apaga y vámonos.

 
   
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