ENRIQUE FUERIS
PALMA.- El senador
autonómico Pere Sampol y el diputado del
Bloc Miquel Àngel Llauger presentarán al
Senado una serie de iniciativas para
restringir la pesca del atún y el coral
rojos en aguas del Mediterráneo y del
Atlántico Oriental. Una propuesta que será
transmitida a la Unión Europea con el fin
de proteger a dos especies típicas de
nuestras aguas y que se encuentran
seriamente amenazadas debido a la
sobreexplotación pesquera.
Las
restricciones que prevé impulsar el Bloc
con esta propuesta comprenden una reducción
del volumen autorizado de pesca de esta
especie y prohibir las capturas por debajo
de la talla mínima. Asimismo, Sampol y
Llauger también propusieron permitir
únicamente la pesca en áreas delimitadas
mediante sistemas tradicionales, vetando de
esta manera la pesca de cercamiento o de
arrastre de las flotas industriales, que
arrasan la población.
Otra de las
prácticas a las que se propone poner fin (y
derivada de las capturas de ejemplares no
adultos) es la de la acuicultura,
consistente en capturar atunes jóvenes y
acelerar su crecimiento alimentándolos en
jaulas de engorde. Los países donde se
concentra la mayoría de estos criaderos son
Croacia, Malta, Turquía y España.
La
población del atún rojo ha experimentado un
descenso en picado: hasta un 85% menos de
adultos en los últimos 20 años. La
exagerada demanda de un pescado que ya era
un manjar codiciado en tiempos del imperio
romano ha provocado que la especie corra un
serio peligro de extinción. Actualmente se
capturan 50.000 toneladas de atún al año
(principalmente por las flotas francesa e
italiana) cuando la ley fija un máximo de
32.000 toneladas anuales.
La
demanda japonesa
La más moderna
tecnología pesquera corre en contra de la
supervivencia del atún, cuyos hábitats son
esquilmados sin ningún tipo de escrúpulos.
Por si fuera poco, la pesca pirata o ilegal
aporta su pequeño grano de arena para
acelerar la desaparición del pescado.
Japón es el principal destinatario
de las miles de toneladas anuales de atún
que se capturan anualmente. El país nipón,
cuya gastronomía típica tiene en el pescado
la base de su dieta (con platos como el
sushi), ha incrementado brutalmente su
demanda de atún, con el consiguiente
descenso de la población de esta especie.
La pesca abusiva del atún trae
aparejada la muerte de ejemplares de otras
especies como tiburones, tortugas marinas o
delfines, cuya pesca es ilegal pero que
inevitablemente caen en las redes
preparadas para el atún y son devueltos al
mar ya muertos (en total, unos 15 millones
de toneladas sólo en descartes).
El
Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF)
pidió recientemente una moratoria de al
menos tres años de la pesca del atún rojo
en el Mediterráneo para que se recuperen
sus existencias.