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  Viernes, 19 de octubre de 2007 Actualizado a las 01:22
 

AL MARGEN
La justicia del cheque escolar

JOAN FONT ROSSELLÓ



La hegemonía ideológica de la izquierda se nota por su suficiencia argumental en el clásico debate escuela pública-escuela privada. Cuando uno escucha a los izquierdistas, uno tiene la sensación como si los fondos públicos con que se mantiene la educación pública los hubieran puesto todos de su bolsillo. A partir de esta premisa falsa van imponiendo coactivamente sus condiciones a los insurrectos, por ejemplo, a los padres que llevan sus hijos a la concertada o a la privada. Si usted rechaza la plaza escolar en la pública que le ofrecen, usted mismo, páguese otra y olvídese de las ayudas de los libros de texto y de cualquier otra ayuda del Estado. Como las lentejas. Como parece que el «dinero fuera suyo», o te castigan, o te perdonan la vida, como a los colegios concertados cuando apelan a su mala conciencia inquiriéndoles «qué les parecería que el Estado sacara de la quiebra a una empresa que se ha montado con dinero privado». O les vienen con otras exigencias a cambio de un concierto que en realidad la izquierda percibe como un favor que el Estado le hace a un negocio particular aunque cada plaza concertada le salga al Estado mucho más barata y con mejores resultados académicos. Como «ellos pagan», ellos deciden y tú obedeces.

El silogismo izquierdista es el siguiente: la escuela pública se sufraga con dinero público porque es pública. Ergo: la escuela privada debe sufragarse exclusivamente con dinero privado porque es privada. Este silogismo es falso porque parte de una premisa falsa. En efecto, se viene abajo si recordamos un par de cosas elementales que la izquierda curiosamente olvida. Primero, los fondos públicos no son «suyos» sino de t-o-d-o-s porque también provienen de nuestros impuestos. Esto de entrada les baja los humos y les obliga a contar con nosotros. Segundo, el modelo educativo, la lengua y el centro, por derecho constitucional, lo deciden los padres, no los funcionarios, ni los profesores, ni los sindicatos, ni los políticos.

Es entonces cuando los padres pasamos a la ofensiva poniendo nosotros las condiciones. Los que no queremos pasar por el tubo de la educación pública que nos quieren imponer, en vez de resignarnos a quedar relegados a acudir vergonzosamente a la privada y a no tener ninguna ayuda pública, debemos resaltar dos cosas: nosotros también hemos pagado impuestos, lo que, añadido al derecho constitucional que nos asiste, somos nosotros los que elegimos la educación de nuestros hijos con estos mismos impuestos con que se paga también la pública. Les guste o no. De ahí la justicia del cheque escolar. Y si la izquierda no está de acuerdo, sencillamente que el Estado nos devuelva nuestros impuestos equivalentes al cheque escolar por un servicio que no utilizamos y que tenemos derecho a elegir.

 
   
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