La hegemonía ideológica de la izquierda
se nota por su suficiencia argumental en el
clásico debate escuela pública-escuela
privada. Cuando uno escucha a los
izquierdistas, uno tiene la sensación como
si los fondos públicos con que se mantiene
la educación pública los hubieran puesto
todos de su bolsillo. A partir de esta
premisa falsa van imponiendo coactivamente
sus condiciones a los insurrectos, por
ejemplo, a los padres que llevan sus hijos
a la concertada o a la privada. Si usted
rechaza la plaza escolar en la pública que
le ofrecen, usted mismo, páguese otra y
olvídese de las ayudas de los libros de
texto y de cualquier otra ayuda del Estado.
Como las lentejas. Como parece que el
«dinero fuera suyo», o te castigan, o te
perdonan la vida, como a los colegios
concertados cuando apelan a su mala
conciencia inquiriéndoles «qué les
parecería que el Estado sacara de la
quiebra a una empresa que se ha montado con
dinero privado». O les vienen con otras
exigencias a cambio de un concierto que en
realidad la izquierda percibe como un favor
que el Estado le hace a un negocio
particular aunque cada plaza concertada le
salga al Estado mucho más barata y con
mejores resultados académicos. Como «ellos
pagan», ellos deciden y tú
obedeces.
El silogismo izquierdista
es el siguiente: la escuela pública se
sufraga con dinero público porque es
pública. Ergo: la escuela privada debe
sufragarse exclusivamente con dinero
privado porque es privada. Este silogismo
es falso porque parte de una premisa falsa.
En efecto, se viene abajo si recordamos un
par de cosas elementales que la izquierda
curiosamente olvida. Primero, los fondos
públicos no son «suyos» sino de t-o-d-o-s
porque también provienen de nuestros
impuestos. Esto de entrada les baja los
humos y les obliga a contar con nosotros.
Segundo, el modelo educativo, la lengua y
el centro, por derecho constitucional, lo
deciden los padres, no los funcionarios, ni
los profesores, ni los sindicatos, ni los
políticos.
Es entonces cuando los
padres pasamos a la ofensiva poniendo
nosotros las condiciones. Los que no
queremos pasar por el tubo de la educación
pública que nos quieren imponer, en vez de
resignarnos a quedar relegados a acudir
vergonzosamente a la privada y a no tener
ninguna ayuda pública, debemos resaltar dos
cosas: nosotros también hemos pagado
impuestos, lo que, añadido al derecho
constitucional que nos asiste, somos
nosotros los que elegimos la educación de
nuestros hijos con estos mismos impuestos
con que se paga también la pública. Les
guste o no. De ahí la justicia del cheque
escolar. Y si la izquierda no está de
acuerdo, sencillamente que el Estado nos
devuelva nuestros impuestos equivalentes al
cheque escolar por un servicio que no
utilizamos y que tenemos derecho a
elegir.