Se ha comentado mucho que Quim
Monzó definió a Mallorca en Francfort
como un «bundesland geriátrico-turístico
alemán». El adjetivo alemán supone una
redundancia impropia de un afamado
escritor: no puede haber bundesland chino.
Obviando la literalidad de la payasada del
bufón oficial del Principado, el hecho es
que, en nuestras islas y particularmente en
ésta, los alemanes tienen, y van a seguir
teniendo, una indudable relevancia. Hoy se
puede escuchar alemán en las calles de los
barrios del Portixol y Molinar con total
naturalidad, al menos aparente, y no sólo
en el mal llamado gueto de Peguera. Y esos
alemanes que se han establecido en Palma
son, por lo general, jóvenes; lo cual se
aleja del estereotipo de la residencia de
ancianos. Muchos germanos, efectivamente,
están viniendo para residir aquí
permanentemente, no ya para tomar el sol
cuatro, cinco o seis meses al año; un
fenómeno a considerar.
El lunes
salió Mallorca en el informativo de
Matías Prats con una noticia
curiosa: Künn & Partner hacía una
selección de candidatos a la compra de
inmuebles en una de sus nuevas
urbanizaciones. Dudé de la veracidad de lo
que estaba viendo: unos mallorquines eran
sometidos a un humillante proceso selectivo
en el que se le tomaban fotos cual si
fueran presidiarios. Si los jueces progres
condenaron a los propietarios que exigían
una nómina a sus potenciales inquilinos -lo
cual provocaría la generalización del
aval-, ¿qué harían ahora cuando a unos
compradores se les obliga a que demuestren
su pertenencia al segmento más alto de la
pirámide social tanto en términos
económicos como culturales, teniendo en
cuenta que la valoración de éstos últimos
es subjetiva? Muy interesante, de haber
denuncia.