M. HIDALGO
EIVISSA.- El 27 de
abril de 1993, Maria Antònia Munar
anunciaba en Palma la constitución
«histórica» de una coalición de uniones
territoriales para toda Baleares y la
creación de su propio partido político en
Eivissa: Unió Pitiusa (UP), a cuyo frente
colocó a Fina Costa Torres, una gestora
fiscal de 43 años, casada con un mallorquín
y residente en Palma, aunque nacida en
Eivissa. El resultado de aquella aventura
pitiusa de Munar acabó con un estrepitoso
fracaso al obtener el 0,20% de los votos
emitidos, lo que se traducía en 71 votos en
Eivissa y 10 en
Formentera.
Curiosamente, UP
consiguió su mayor respaldo en el municipio
de Sant Antoni (0,36% de los votos emitidos
y 26 papeletas), donde ahora Munar planea
de nuevo su desembarco al coaligarse con
Democràcia Pitiusa. UM logró en la
generales celebradas el 6 de junio de ese
año 17 votos en la capital, 14 en Santa
Eulària, 10 en Sant Josep y 4 en Sant Joan.
Sus resultados finales le situaron sólo
nueve votos por encima del partido del ex
presidente de Rumasa, José María Ruiz
Mateos, y a ocho del Partido de la Ley
Natural, cuyo principal lema es conseguir
llevar «la luz de la ciencia a política»,
mediante la meditación transcendental, la
medicina preventiva, la energía solar, la
agricultura orgánica y el desarrollo de la
creatividad individual.
El programa
electoral de UP abogaba por «compatibilizar
la economía con el equilibrio territorial y
la defensa del entorno», la revisión de las
legislaciones sobre puertos y aeropuertos
para hacer posible la creación del ente
autónomo Puertos y Aeropuertos de Baleares,
la reducción del porcentaje de cotización a
la Seguridad Social y el control de las
prestaciones y subsidios del paro, como
medidas de fomento de empleo. Además, los
actuales socios de ERC en el Parlamento
balear defendían la construcción de un
modelo de Seguridad Ciudadana «derivada del
orden constitucional».