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IMPRESIONES
Antich censura a EL MUNDO y se niega a responder a nuestros lectores
Acogimos con cierto alivio el
nombramiento de Gina Garcías como directora
general de Comunicación del nuevo Govern de
Antich. Su antecesor en el cargo durante el
primer Pacte de Progrés (1999-2003), Jordi
Bayona, nos había negado el pan y la sal
privándonos de la publicidad institucional
-que sí recibían otros rotativos- por
llevar una línea editorial crítica con el
Pacte. Con el nombramiento de Garcías
creímos por un momento que Antich se
disponía a desterrar el proverbial
sectarismo del que había hecho gala Bayona
contra todos aquellos medios críticos,
incluyendo algún que otro cerrozajo
político como el perpetrado contra la
popular Ràdio Marratxí del que en julio
pasado se cumplieron seis años. Pues bien,
parece que nada ha cambiado. Ayer mismo la
directora general de Comunicación, Gina
Garcías, hacía saber al director de EL
MUNDO-El Día de Baleares que Francesc
Antich no responderá a las 19 preguntas de
los ciudadanos a las que se había
comprometido y que quedaban pendientes de
la entrevista realizada el pasado domingo
con motivo de los cien primeros días del
nuevo ejecutivo autonómico. La razón
esgrimida por Garcías residía en que al
parecer el pasado domingo nuestro periódico
«había descalificado a las personas e
instituciones» sin tampoco concretar qué
aspectos de la edición dominical
consideraba ofensivos ni tampoco el sujeto
o los sujetos «descalificados». Preguntada
Garcías al respecto, ésta dijo que las
«descalificaciones» se referían al
«conjunto del diario», un término vaporoso
para salir del paso y que suena a excusa.
Quizá los artículos de nuestros columnistas
no son lo complacientes que, a juicio de
este Govern, deberían ser. Y quizá,
tengamos que promover desde estas páginas
un nuevo periodismo satírico que, como en
su día a Larra, nos permita sortear la
férrea censura de lo políticamente correcto
que promulgan desde ciertos sectores mal
llamados progresistas. Desde luego, nos
negamos a reconocer como cierta y verídica
la acusación de Garcías, especialmente si
no se concreta dónde, a quién y cómo. ¿Se
trata de un primer aviso a nuestra línea
editorial? Antich demuestra tener escasa
cintura política al no admitir las
críticas. Corren malos tiempos para la
libertad de expresión. La negativa a
responder a nuestros lectores supone un
acto de censura inédito que están sufriendo
en sus carnes -y a los que hay que pedir
disculpas- por nuestra insumisión a los
dictados de los gabinetes de comunicación.
Por supuesto, no es la primera vez que
somos censurados por una casta política que
no acaba de entender que una de sus
obligaciones es rendir cuentas a la
ciudadanía atendiendo a los medios de
comunicación, a los afines y a los que no
lo son. Ayer mismo nos congratulábamos de
la posibilidad de que la publicidad
institucional y los convenios y
subvenciones que las instituciones
contratan con los medios se regulen por ley
en base a criterios objetivables y no en
base al capricho soberano e interés del
político para castigar a los críticos y
premiar a los afines, una práctica
execrable que sólo pretende amordazar e
influir en nuestra independencia. Que sepa
el Govern que no nos torcerá y que aun a su
disgusto EL MUNDO-El Día de Baleares no
variará un ápice su línea editorial.
Nuestros lectores, los únicos a los que nos
debemos, no nos lo perdonarían.
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