J. R. R.
PALMA.-Desaparecidas. El
miércoles 10 dejó de tener contacto con los
suyos Margalida Bestard, de 72 años, que
había salido de su casa de Pòrtol a cobrar
unos alquileres en s'Arenal de Llucmajor.
Hace seis días los compañeros de Jacqueline
Tennat, animadora turística de 45 años, la
echaron en falta: no había regresado de su
última excursión.
Dos desapariciones,
ambas en circunstancias muy diferentes,
ambas sin un desenlace feliz por el momento
y con el tiempo corriendo en contra de la
esperanza. La Guardia Civil está empleando
todos los medios, helicópteros incluidos,
para intentar localizar a Jacqueline, de
origen británico, y a Margalida.
En
el caso de la vecina de Pòrtol, las
circunstancias de la desaparición -a plena
luz del día, con 4.000 euros en metálico en
su poder, fruto del cobro de alquileres- y
el tiempo que pasa sin resultados, hacen
que en la Guardia Civil se comente con cada
vez más insistencia que «algo huele mal»,
que tras su falta podría haber un
delito.
Todas las zonas en las que
podría haber ido a parar en caso de sufrir
un accidente fortuito han sido ya
registrados sin éxito. Las pesquisas se
dirigen ahora a zonas en las que es poco
probable que Margalida hubiera ido por su
propia voluntad. Ayer la buscaban por zonas
agrícolas y boscosas, pero también en el
mar.
En los
alrededores
Agentes del Servicio
de Protección de la Naturaleza (SEPRONA) de
la Guardia Civil rastreaban los alrededores
del núcleo urbano de s'Arenal. Agentes del
servicio marítimo de Salvamento
inspeccionaban la costa, desde la playa a
Cabo Blanco, por si la mujer hubiera sido
arrojada al mar.
El enfoque de este
último criterio de búsqueda es terrible,
pero cierto. No existe aún, según fuentes
de la Guardia Civil, una investigación
oficial en la línea de hallar sospechosos
de un robo con homicidio, pero la búsqueda
no es ya tan sólo la de una mujer mayor que
se hubiera perdido o sufrido algún problema
de salud. El tiempo transcurrido hace temer
lo peor.
Jacqueline Tennat, sin
embargo, es otro caso. Animadora turística
del Hotel Viva Can Picafort, se encontraba
en buena forma física y era amante del
senderismo, pero incumplía dos de las
premisas básicas de seguridad que conoce
todo excursionista: salía sola a la montaña
y no solía decir a nadie a dónde
iba.
Afortunadamente, la Guardia
Civil tiene una pista. Jacqueline marcaba
en un mapa de Mallorca las zonas que había
visitado. Esto ha permitido a los agentes
encargados de la búsqueda circunscribir la
zona de rastreo a un perímetro entre el
Puig de Sant Salvador, en Felanitx, y la
zona de Calas de Mallorca, en la costa del
Llevant.
Sin embargo, tanto en el
caso de Jacqueline como de Margalida, el
tiempo juega en contra de su vida. Aunque
la mujer británica estuviera en forma, seis
días herida en un lugar aislado y agreste
son difíciles de superar.
Independientemente de la gravedad de la
herida, el frío, la deshidratación y la sed
son factores de aumento del
riesgo.
Jacqueline es buscada desde
que el martes de la semana pasada los
compañeros dieran la voz de alarma, sin
embargo, el percance que originó su pérdida
podría haber sucedido un día antes. La
Guardia Civil la busca también desde el
aire, con un helicóptero, y desde tierra
con patrullas de agentes especializados en
montañismo.