MARIONA CERDÓ
PALMA.- La sucesión
de Maria Antònia Munar al frente de Unió
Mallorquina (UM) traerá consigo un relevo
generacional en el que los más veteranos
tomarán un papel secundario para dar paso a
las nuevas promesas del partido. Así,
líderes históricos de esta formación
política como Antoni Pascual y Bartomeu
Vicens darán el testigo a la siguiente
generación, encabezada entre otros por
Cristina Cerdó, Malena Tortella, Antoni
Moragues, Pep Melià y Joan Sastre.
Se
trata de personas tanto de la confianza de
Miquel Nadal -Cerdó, Moragues y Tortella
pertenecen a la agrupación de Palma- como
de Miquel Ferrer -es el caso de Pep Melià y
Joan Sastre-, los dos hombres llamados a
dirigir el partido tras el inminente
congreso, que previsiblemente se celebrará
en diciembre o como muy tarde en
enero.
La excepción al relevo
generacional la protagoniza el actual
secretario general del partido, Damià
Nicolau, que pese a ser de las personas más
jóvenes de esta agrupación política parece
ser que no tiene los apoyos suficientes
para seguir en la nueva etapa que se abre
para Unió Mallorquina.
Por su parte,
Antoni Pascual y Miquel Àngel Borràs ya
anunciaron su retirada antes de las pasadas
elecciones de mayo de este año, si bien
Pascual cambió de idea a última hora y
finalmente concurrió en la segunda posición
en las listas de UM al Consell de Mallorca,
donde es el responsable del Departamento de
Obras Públicas, cargo que ya ostentó
durante la legislatura pasada.
En
cuanto a las nuevas generaciones, la
primera teniente de alcalde de Medio
Ambiente de Cort, Cristina Cerdó, es
actualmente una de las personas de máxima
confianza de Miquel Nadal, al igual que el
concejal de deportes, Antoni Moragues, que
durante la pasada legislatura fue director
general de la Televisió de
Mallorca.
Por su parte, Joan Sastre y
Pep Melià encabezaron junto a Miquel Ferrer
el sector crítico que planteó una ponencia
alternativa a la oficialista en el congreso
uemita de 2003. Joan Sastre fue
además durante la legislatura pasada
alcalde de Porreres mientras que Melià se
apartó del partido tras quedar
desautorizados los críticos en el congreso
de hace cuatro años.
Sin embargo,
sorprendentemente para muchos, Munar
rescató a Melià justo antes de las
recientes elecciones autonómicas y le
colocó en el número 4 de las listas al
Parlament. Una candidatura a la que también
concurrió el ex del PSM Mateu Crespí en la
posición número 6, un hecho que levantó las
iras de buena parte del partido, sobre todo
en la agrupación de Palma, que no entendió
en su momento que la dirección estuviera
dando cargos en sus consellerias a personas
procedentes de otras fuerzas políticas que
incluso en el pasado se podrían haber
opuesto fuertemente a UM.
Es el caso
de Crespí, pero también del líder histórico
del PSM Sebastià Serra, al que UM nombró
presidente del Institut d'Estudis
Baleàrics, un departamento que cayó en
manos del partido de Munar tras el reparto
de áreas de gobierno que hicieron las tres
fuerzas políticas que conforman el actual
Govern del Pacte (PSOE, Bloc y UM).
La elección de Serra fue una apuesta
personal de Vicens -Munar delegó en él
buena parte de las decisiones durante la
precampaña y las negociaciones del Pacte- y
levantó las iras de un amplio sector del
partido, que tampoco estaba de acuerdo con
muchos otros nombramientos propuestos por
el portavoz uemita en el Parlament.
Este hecho, sumado a la enigmática
política de pactos de la presidenta,
provocó que muchos integrantes del partido
volvieran la vista hacia la persona que
desde el principio cuestionó las decisiones
de Munar y Vicens: Miquel Nadal, que sigue
ganando adeptos.
La contrariedad de
Nadal en aquel momento se hizo totalmente
patente en la primera reunión del Consell
Polític del partido tras las elecciones,
celebrado en el mes de junio, en la que la
inmensa mayoría de sus miembros apoyó un
pacto con la izquierda y a la que el líder
de Palma asistió con un semblante
ostensiblemente serio.
Sin embargo,
transcurridos varios meses parece que las
aguas han vuelto a su cauce y que Nadal
está totalmente dispuesto a negociar con
Miquel Ferrer y configurar una directiva de
integración entre las agrupaciones de Palma
y de la Part Forana.