Galería Xavier Fiol Hasta
el 31 de octubre
ASUN
CLAR
PALMA.- Desde que Pep Llambías
(Alaró, 1954) articulara su discurso
artístico utilizando las palabras como
herramientas simbólicas cargadas de
contenidos poéticos con el que ilustrar su
universo particular, el abanico de
conceptos se ha ido ampliando, y cada
aparición de un nuevo término recodifica
todo el repertorio anterior.
Esta
capacidad para ilustrar sólo con nombrar,
es decir, evocar significados
exclusivamente mediante la elección de una
palabra clave materializada en esculturas
de letras supone, para este artista, un
caudal de creatividad inagotable. Buena
muestra de todo este repertorio -en donde
su particular colección de palabras toman
cuerpo elaboradas meticulosamente en
madera, o brillando con la luz industrial
del neón-, es la disposición de un
importante puñado de piezas en una enorme
estantería que ocupa todo el centro de la
galería.
Este singular modo de
exhibir la obra la abre de nuevo a esas
connotaciones simbólicas tan queridas a
toda la producción de Llambías: las piezas,
como poemas -en este caso visuales-,
encuentran su acomodo en una librería,
disponibles para ser consultadas para
describir así el abecedario personal del
artista; pero también su emplazamiento
desordenado remite a la estantería del
taller donde se disponen los bocetos en los
que trabaja el autor, y que al reunirlos
conjuntamente, permiten una lectura de
fértiles resultados en donde las piezas
dialogan para complementarse o contrastarse
mutuamente; el espectador puede así rodear
esta gran instalación en la que se ha
convertido todo el conjunto y entrometerse
en los detalles generadores de toda una
poética.
Pero esta inclinación por
encasillar -casi como si de un archivo se
tratara-, todo este elenco de piezas,
podría tener su antecedente en esta
iniciativa reciente caracterizada por la
inclusión de cada una de las letras en
pequeñas cajas o tubos de vidrio. Si la
intervención del autor consiste, en primer
lugar, en elegir el repertorio de nombres
que defina, en virtud de un significado
tanto abstracto como simbólico (ambas
categorías están aquí representadas: love,
soledad/ niu, rosa), un universo que el
espectador traducirá según sus propios
conceptos vitales, asociando la
palabra-signo con ideas y emociones, la
forma en la que éstas se materializan
procura un segundo nivel de lectura que le
añade un aliento poético (entiéndase este
término en el sentido de evocación que va
más allá de lo decible) al exclusivamente
conceptual. Este vocablo enriquecido por su
forma de presentarse (como la magnífica
pieza Nothing, en la que las letras en neón
cuelgan de ganchos de carnicería) adquiere
ahora un nuevo planteamiento al inscribir a
cada letra en un espacio que parece querer
acotarla para así independizarla y crear
nuevos territorios de significado, como si
retomara la tesis (después descartada) de
Platón, que sugería que cada letra tenía su
significado individual. Más evocador
resulta la operación en la que las aísla o
las reúne, como por ejemplo, r-espirar,
sol-edad, para abrir evocaciones
polisémicas.
En todos los casos, tal
vez no constituya una acción arriesgada
aquí invertir el dicho, y concluir que una
palabra vale más que mil imágenes.