MAYTE AMORÓS
PALMA.- Dos meses de
invierno lluvioso pasaron Chopin y George
Sand en un pequeño pueblo de montaña
mallorquín allá por 1838. Su estancia será
siempre recordada. No por ser una
experiencia enriquecedora para ambas partes
-valledemossins e intelectuales-
sino por las perlas que la escritora
francesa dedicaría a sus vecinos poco
tiempo después. Las recoge el libro Un
invierno en Mallorca donde, entre otros
apelativos, los mallorquines son
presentados como indígenas isleños,
ladrones, analfabetos y
mentirosos. La animadversión de
muchos baleares hacia esta mujer fue la
respuesta a tantos sapos y
culebras.
Pero, ¿qué pasaría si nos
reconciliáramos con George Sand? Es la
propuesta del director Ricard Reguant que
ha decidido llevar esta obra a los
escenarios «dejando a un lado la polémica»
y centrándose en la aventura personal de
esta revolucionaria mujer.
La
adaptación teatral, llevada a cabo por Biel
Cerdà, se estrenará mañana en el Teatro
Principal de Palma, coincidiendo con el
150º aniversario de su apertura. Su
representación supondrá, además, la
inauguración de la sala magna del coliseo,
donde se representará hasta el próximo 30
de octubre.
Versión
libre
Esta versión libre de Un
hivern a Mallorca trata de una forma
«inteligente, comercial y original» el
choque cultural que se produjo entre «los
intelectuales» (Sand y Chopin) y los
mallorquines, de la cual «los intelectuales
dejaron mucho que desear», señaló Reguant.
Según el director, «era lógico que a los
valldemossins les pareciera raro que
una mujer vistiera con pantalones o
fumara», mientras que «ellos, como
intelectuales, deberían haber sido más
tolerantes y haber intentado comprender la
cultura popular, cerrada y religiosa de sus
vecinos».
El director aporta así una
mirada más objetiva donde deja que Sand se
explique. «En mi obra todos los actores
tienen su momento de gloria», explicó
Reguant, quien «como artista y anarquista»,
ha intentado dar una visión «de los dos
bandos y demostrar la incomprensión que se
palpó por ambas partes».
Sin
embargo, aseguró que en su versión «los
mallorquines salen mejor parados que Sand y
su pareja», aunque tampoco deja de lado
algunos tópicos de los isleños de la época.
«Eran gente cerrada, católica, muy rural,
que hablaba un mallorquín
'salado'».
Un hivern a
Mallorca cuenta con la participación de
los actores mallorquines Catalina Munar
(George Sand), Salvador Oliva (Chopin),
Maria Rotger (Amelie), David Navarro (Xim),
Apolonia Serra (Antonia), Jaume Fuster
(Tià), Sabrina Olmo (Perica) y la
colaboración especial de Joan Carles
Bestard (padre Gabriel). Todos ellos
trabajan por primera vez con Reguant, quien
los seleccionó a partir de unas pruebas que
llevó a cabo en la isla.
Por su
parte, Catalina Munar dijo afrontar el
papel de George Sand como «el de cualquier
mujer con una inteligencia privilegiada,
fuerte, con sentido del humor y que se
sentía oprimida», si bien reconoció que su
interpretación ha sido un reto difícil. «Su
carácter complicado y sus múltiples facetas
la convierten en un persona muy completa»,
aseguró la actriz, que resume la actitud de
la protagonista como la de «una persona que
lo único que hacía es pedir
amor».
Salvador Oliva aseguró que
Sand es la verdadera y única protagonista
de esta obra, donde el papel de Chopin
«juega en un segundo plano». Sin embargo, a
lo largo de toda la puesta en escena se
puede escuchar el Preludio de la gota de
lluvia del compositor, evocando la
lluvia del frío invierno en Valldemossa.
«Dicen que Sand y Chopin trajeron la lluvia
a al pueblo y que no cesó hasta que
abandonaron la isla», relató Reguant, que
ha recreado el escenario el claustro de la
Cartuja de Valldemossa.
«Espero que
venga público, aunque sólo sea para ver la
reinauguración de la sala magna», bromea
Reguant. ¿Se ha superado la fobia a George
Sand? Lo dirán las butacas del Teatro
Principal...