INDALECIO RIBELLES
LORENZO
MARINA
PALMA.- Un cúmulo de
irregularidades se dio en la gestión de los
residuos peligrosos que se agolpaban el
jueves en Can Valero. El gabinete de crisis
del Ayuntamiento de Palma subcontrató a la
empresa Adalmo, entre las 12.00 y las 13.00
horas del viernes, para que retirara los
restos de uralita con amianto que se
agolpaban en la vía pública de Can Valero,
tras ser arrastradas por el tornado. Así lo
confirmó ayer a este periódico el director
general de Medio Ambiente de Emaya, Germán
Chacártegui. Emaya no tiene competencias
para recoger este tipo de residuos
peligrosos. Por este motivo, subcontrató a
Adalmo para que se hiciera cargo de los
restos arrancados por el viento.
Sin
embargo, Adalmo tiene tras de sí un
dilatado historial de irregularidades en su
haber. Buena prueba de ello es que ha sido
denunciado en dos ocasiones por la Fiscalía
de Medio Ambiente por efectuar vertidos
ilegales. Así, en una ocasión, la Fiscalía
que encabeza Adrián Salazar denunció a
Adalmo por arrojar residuos sanitarios sin
control en un vertedero de su propiedad. No
pasó mucho tiempo hasta que la Fiscalía de
Medio Ambiente volviera a actuar contra la
misma firma. La segunda denuncia contra
Adalmo hacía referencia a la supuesta
falsificación de los certificados de
descontaminación de
vehículos.
Normativa
incumplida
Pese a estos turbios
antecedentes, la empresa Adalmo fue
subcontratada para hacerse cargo de la
gestión de los residuos peligrosos en el
Polígono. Entre todos ellos, el amianto
ocupó la mayor parte.
Las medidas de
precaución fueron mínimas para tratar este
material altamente tóxico. Las empresas
recibieron únicamente unas sacas para ir
almacenando allí la uralita desprendida de
los tejados de sus instalaciones. Este
peridódico pudo comprobar ayer que las
sacas permanecían en el polígono, sin
precintar, e incumpliendo el Real Decreto
396/2006, de 31 de marzo, que establece un
estricto protocolo en la recogida de un
material tan altamente tóxico como el
amianto. Protocolo que se ha incumplido
como demuestra la fotografía que acompaña
este artículo.
«Nadie quiere la
uralita», se lamentaba ayer Ángel Pérez. No
en vano, su cerrajería Hijos de Marcos
Pérez había sido una de las grandes
perjudicadas tras el paso del tornado por
el Polígono de Can Valero.
En total,
unos 300 metros de uralita, compuesta toda
por amianto, desaparecieron del lugar en
cuanto los vientos huracanados hicieron
aparición. En apenas cinco minutos, la
cerrajería quedó a cielo abierto y la
uralita se volatilizó. «Creo que debe estar
en Son Espases, porque salió toda volando»,
recordaba ayer Ángel con magulladuras en el
cuerpo después de ser golpeado por
numerosos objetos en el interior de la
cerrajería de Can Valero.
Asimismo,
el dueño de esta empresa reconoció las
dificultades que habían tenido para que
retiraran los restos de uralita con amianto
esparcidas por las calles. «Hay que pagar
mucho dinero para que la retiren. Nadie
quiere la uralita», recalcó. Los dueños más
respetuosos con el medio ambiente
depositaron los restos de uralita en unas
sacas que, previamente, les había
facilitado la Asociación de Comerciantes de
Via Asima.
De poco sirvió el
esfuerzo, las sacas con los restos
contaminantes permanecieron largo tiempo
apiladas en plena vía pública. Todo ello a
pesar de ser uno de los materiales
contaminantes más peligrosos. Por este
motivo, ahora se encuentra terminantemente
prohibido. No ocurrió lo mismo con otros
restos mucho más suculentos. Para
retirar los trozos de cobre, aluminio y
acero no hubo que esperar. Nada más amainar
la tormenta, los chatarreros se personaron
en las instalaciones de Can
Valero.
En cambio, desde un primer
momento, se obvió que la mayoría de la
uralita de Can Valero está compuesta por
amianto. De hecho, los bomberos de Palma se
personaron poco tiempo después del desastre
en el polígono. Ninguno de ellos iba
provisto de mascarilla. Sólo los que
manejaban la motosierra para trocear los
troncos la utilizaron.
El Govern
esperó a ayer para anunciar que las
primeras medidas para tratar estas
sustancias peligrosas. No obstante, una
pregunta aún sobrevuela la zona cero del
desastre del pasado jueves: ¿Dónde está la
uralita tóxica?