Hace siete días que una tormenta
convirtió Mallorca en una chatarrería. El
día después todo había vuelto a la
normalidad aparente. Ya se podía circular
por la carretera de Valldemossa, pero los
restos del huracán le seguían dando a Palma
el aspecto entero que sólo ciertos guetos
como el de la calle Brotad tienen
habitualmente.
No tardamos mucho en
interpretar el oráculo. El día D, el
viernes 5, Antich dijo sí a Son
Espases. Para los detractores del hospital
de Matas fue más incomprensible esta
«traición» tras el paso del tornado de la
víspera. Quién mejor que los frailes de La
Real para apresurarse a calificar la
devastación de Son Espases de señal divina,
la tos de un dios disconforme con la obra
cuyo aborto sólo iba a costarnos 100
millones de euros.
Los reportajes
gráficos de los diarios al día siguiente
han hecho historia. Vimos vallas de obra y
de paneles publicitarios hechos una bola de
espagueti, placas del Ocimax, neones de
MacDonalds, coches planchados, árboles
tumbados como palillos chinos. Pero lo que
yo busqué sin resultado eran grúas. Las
grúas se resistieron casi todas al paso del
temporal. Si las cuatro grúas de Son
Espases hubiesen caído, Antich no hubiese
podido hacer pública su decisión sobre el
nuevo hospital con dolor de su corazón,
sino con guardaespaldas. El hecho de que no
cayeran, al contrario, pudo servir a los
defensores de Son Espases para adueñarse de
la señal divina.
A lo mejor la lluvia
no fue enviada por el Cielo o sus amos para
disuadir a Antich de sus intenciones, sino
para apagar los fuegos de los
maulets que el martes se
manifestaron en Palma. Sólo que se adelantó
un poco. Por cierto que nos podemos
felicitar por el grado de civilización de
nuestro antimonárquicos locales, que en
todo caso hubieran quemado la foto de una
corona, y no la del Rey. Porque el delito
catalán no es haber injuriado a una
institución, sino quemar la foto de un
señor, lo que no deja se ser una amenaza de
muerte que no hay que perdonar aunque el
objetivo sea un tipo con posibles. A la
institución la podemos atacar, que no se
entera. Lo triste es quemar fotos de gente
para invitarnos a debatir si monarquía o
república.
El otro tornado que llegó
a Mallorca fue la madrugada del lunes y se
llama Miguel Munar, o
Ken, la pareja o el socio de Barbie.
Al tornado del día 4 aún no le han puesto
nombre y ya es tarde. Ni las autoridades lo
vieron venir ni IB3 supo dar cuenta del
desastre en directo. El tornado Ken también
salió de la nada y persiguió como un misil
con radar a Jordi Avellà por el
aeropuerto de Palma. Ken fue un tornado
abusón. Ánimo Jordi. A Capone lo pillaron
por defraudar a Hacienda y a los Munar los
pillarán por pegar a un chico con
gafas.