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  Jueves, 11 de octubre de 2007 Actualizado a las 01:03
 

EN VENA
Ken, el tornado de Son Sant Joan

ROMÁN PIÑA VALLS



Hace siete días que una tormenta convirtió Mallorca en una chatarrería. El día después todo había vuelto a la normalidad aparente. Ya se podía circular por la carretera de Valldemossa, pero los restos del huracán le seguían dando a Palma el aspecto entero que sólo ciertos guetos como el de la calle Brotad tienen habitualmente.

No tardamos mucho en interpretar el oráculo. El día D, el viernes 5, Antich dijo sí a Son Espases. Para los detractores del hospital de Matas fue más incomprensible esta «traición» tras el paso del tornado de la víspera. Quién mejor que los frailes de La Real para apresurarse a calificar la devastación de Son Espases de señal divina, la tos de un dios disconforme con la obra cuyo aborto sólo iba a costarnos 100 millones de euros.

Los reportajes gráficos de los diarios al día siguiente han hecho historia. Vimos vallas de obra y de paneles publicitarios hechos una bola de espagueti, placas del Ocimax, neones de MacDonalds, coches planchados, árboles tumbados como palillos chinos. Pero lo que yo busqué sin resultado eran grúas. Las grúas se resistieron casi todas al paso del temporal. Si las cuatro grúas de Son Espases hubiesen caído, Antich no hubiese podido hacer pública su decisión sobre el nuevo hospital con dolor de su corazón, sino con guardaespaldas. El hecho de que no cayeran, al contrario, pudo servir a los defensores de Son Espases para adueñarse de la señal divina.

A lo mejor la lluvia no fue enviada por el Cielo o sus amos para disuadir a Antich de sus intenciones, sino para apagar los fuegos de los maulets que el martes se manifestaron en Palma. Sólo que se adelantó un poco. Por cierto que nos podemos felicitar por el grado de civilización de nuestro antimonárquicos locales, que en todo caso hubieran quemado la foto de una corona, y no la del Rey. Porque el delito catalán no es haber injuriado a una institución, sino quemar la foto de un señor, lo que no deja se ser una amenaza de muerte que no hay que perdonar aunque el objetivo sea un tipo con posibles. A la institución la podemos atacar, que no se entera. Lo triste es quemar fotos de gente para invitarnos a debatir si monarquía o república.

El otro tornado que llegó a Mallorca fue la madrugada del lunes y se llama Miguel Munar, o Ken, la pareja o el socio de Barbie. Al tornado del día 4 aún no le han puesto nombre y ya es tarde. Ni las autoridades lo vieron venir ni IB3 supo dar cuenta del desastre en directo. El tornado Ken también salió de la nada y persiguió como un misil con radar a Jordi Avellà por el aeropuerto de Palma. Ken fue un tornado abusón. Ánimo Jordi. A Capone lo pillaron por defraudar a Hacienda y a los Munar los pillarán por pegar a un chico con gafas.

 
   
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