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  Jueves, 11 de octubre de 2007 Actualizado a las 01:03
 

100 DÍAS DE ANTICH - Las opiniones
Mejor cien días de Antich que 1.500 de Matas

RAMÓN AGUILOÓ



l balance de los primeros cien días de todo gobierno, acreditado por la costumbre, sirve para conjeturar, en base a los primeros gestos del que no es arrojado, sino que se arroja a los mandos de la nave, el rumbo y el destino final del trayecto.

La ominosa herencia de una derecha hiperactiva, escasamente liberal, sordomuda ante la corrupción generada por una urbanización descontrolada, autista ante cualquier reflexión estratégica del futuro de esta comunidad, atenta exclusivamente a los beneficios de la ocupación de un poder que les permita reproducirse indefinidamente, ha paralizado por sobredosis de trascendencia al nuevo y complejo gobierno.

Temas problemáticos en su génesis y desarrollo, como el hospital de Son Espases y el Metro, han cogido con el pié cambiado a una izquierda que confiaba en el dolce far niente de la oposición a la que se creía destinada.

La necesaria reconversión de la izquierda, desde la filosofía reactiva a la derecha, que la condujo anteriormente a una política de resistencia ciega a los cambios sociológicos y demográficos de las islas, es decir a la inacción que es la derrota, impone, para satisfacer al insaciable deseo de durar, la asunción de la inevitable adecuación de infraestructuras de transporte y equipamientos sanitarios que nos alejan del bucolismo agropecuario nacionalista. Se impone el abandono de la resistencia como posible baza, para asumir un posibilismo que pueda acomodar la deriva económica y social a unas pautas de racionalidad y escala propias de nuestra realidad geográfica.

Si decir no a la ópera, aun con el inevitable costo del millón de euros provocado por el manirroto y megalómano Matas, ha sido sencillo, la decisión de continuar con las obras del hospital en Son Espases ha supuesto un duro trágala para el nuevo gobierno, precedido de un rosario de gestos y paripés destinados a hacer más digerible la decisión, con los típicos globo sondas y demás enredos de comunicación. La parte más guardiana de las esencias, el Bloc, a pesar de los últimos movimientos auspiciados por Armengol, ya tenía descontada la decisión, por la que -no hay mal que por bien no venga-, incluso aspira a una recomposición electoral en el seno de la izquierda en las próximas elecciones generales.

Una penosa aceptación, incluso con algún gesto de jactancia del conseller de Economía, de la humillante inversión del Estado contemplada en los presupuestos generales, desmiente el aserto de que con gobiernos de color coincidente en Madrid y Palma se enjuagaría el déficit en infraestructuras.

Se transmite la impresión de un gobierno de escaso peso, por no decir nulo, en la capital del Estado y de una constante agitación política por su propia conformación. Es empeño imposible concordar la política antisistema de algún socio gubernamental con la del presidente del Govern. A no ser que se propugne, de forma suicida, la gestión para el PSOE y la política para ERC.

La improvisación del PP continuará con Antich si se pretenden objetivos contradictorios. Son Espases, como opción urbanística, trastoca la planificación de transportes defendida por quienes objetaban desde la oposición la ubicación del hospital. Habrá que elegir entre hacer un buñuelo colosal o la congruencia que supone desarrollar la política con razón denostada.

Si los gestos simbolizan la naturaleza de la política, en cien días como espadas hemos visto la sumisión de un Antich abrazado al patrón de los hoteleros, la mentira de las promesas electorales, y la obscena expresión de dolor, a falta de preparación y rigor, con la que se quieren congraciar con los defraudados.

Aun así, mejor 100 días de esta levedad política que los previos 1.500 de sus predecesores, que nos hundieron.

 
   
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