PABLO DE LA CALLE
MADRID.- Exprime
el tiempo jugando con sus dos hijas y
mimando a su esposa, embarazada de una
nueva criatura que verá la luz en
noviembre. Roberto Heras, el apestado, se
ha refugiado en el clan familiar para
resistir un destierro de dos años que
finaliza el próximo 27 de octubre. La
milagrosa y traicionera EPO le condenó al
ostracismo, sepultó su credibilidad y
arruinó su rico palmarés.
En el
exilio, los halagos de entonces se mutaron
en desprecio. Él no olvida. Su cerebro
continúa calibrando a golpe de pedal y
ahora, cuando se atisba el final del túnel,
se propone regresar para culminar una tarea
inconclusa. No quiere que el dopaje dicte
la sentencia de su trayectoria profesional.
«Me planteo volver y algunos equipos se han
interesado en mí», advierte. El escalador
ya ha mantenido conversaciones con el
Fuerteventura, cuyo asesor es Vicente
Belda. El tiempo de reflexión para decidir
su reingreso a la élite concluye en
diciembre.
Roberto Heras, tras dos
temporadas fuera en juego, ha aprendido a
valorar las pequeñas cosas de la vida,
ajenas al frenesí de la alta competición.
«En todo este tiempo no me he olvidado de
los entrenamientos. Generalmente he montado
en bicicleta unas tres horas diarias, todo
para mantener el ritmo. Nunca abandoné la
idea de volver a correr». El propósito de
retornar al profesionalismo siempre rondaba
su cabeza, tanto es así que, a sus 33 años,
desestimó comenzar estudios de Educación
Física y aplazó la apertura de una
actividad empresarial relacionada con el
ciclismo. Prioridad absoluta para la
actividad de siempre, cercenada por el
control antidopaje de Alcalá de Henares en
la penúltima etapa de la Vuelta a España de
2005.
El bejarano, que la mayor parte
de los dos años de sanción los ha pasado en
Barcelona, recibió recientemente una
llamada de Vicente Belda para anunciarle
que tiene abiertas las puertas del equipo
canario. «Sí, hablamos, pero no ha habido
una negociación formal. Sólo una toma de
contacto», aclara el salmantino en
conversación telefónica. Aún hay que
avanzar muchos escalones para rubricar su
vuelta a la competición.
«Por mí se
han interesado varios grupos, pero para
aceptar una oferta es necesario que se
cumplan varias circunstancias, como las
aspiraciones deportivas del equipo, el
calendario... Claro que me interesa el
dinero, no voy a correr gratis, pero ahora
el sueldo es algo secundario», advierte un
corredor que ha roto todos los vínculos con
Manolo Saiz, su último director en el
Liberty.
El que fuera gregario de
Lance Armstrong afirma que ha recobrado la
ilusión y que no descarta volver a fichar
por una formación extranjera. «Ya lo hice
antes, ¿por qué ahora no lo voy a
hacer?».Nuevo ciclo para un corredor
herido.