IBIZA 4
MALLORCA
1
Ibiza: Jose
Antonio, Jose, Castillo, Buti, Sergio
(Puet), Dopico, Rial, Xavi Gracia (Kike),
Jara (Nacho), Manel (Samir) y Julien
(Matías Alonso).
Mallorca:
Lux, Molinero (N'Sué), Navarro, Nunes,
Fusco, Varela, Pereyra (Ramis), Borja
Valero, Tuni, Trejo (Castro) y
Victor.
Goles: 1-0, min. 34:
Castillo; 2-0, min.47: Manel; 3-0, min.53:
Dopico; 4-0, min.65: Matías Alonso; 4-1,
min-80: N'Sué.
Arbitro:
Sebastián Ripoll. TA
Buti.
Incidencias: 2.000
personas en Ca'n Misses, en la final del
Illes Balears.
RICARDO
FERNÁNDEZ
EIVISSA.-La Sociedad
Deportiva Ibiza, que desde hace tan sólo
siete partidos saborea las mieles de los
pobres en la Segunda División B, se hizo
ayer más grande a costa de un desconocido
Mallorca.
Nombres de futbolistas como
Dopico, Rial, Manel, Matías Alonso o Joan
Castillo fueron aprendidos ayer por todos
los baleares aficionados al fútbol que ayer
encendieron el televisor con la intención
inicial de ver a los de Gregorio Manzano.
El objetivo del Ibiza desde el primer
minuto era llevar el ritmo del partido a un
terreno conocido: la Segunda División B,
con intención de dormir a las musas que
presuntamente debían inspirar la calidad de
los jugadores mallorquines.
Presión
en todas las líneas, someter a un castigo
constante las piernas de los rojillos que
estuvieran cerca de la pelota, y que ningún
jugador de Manzano abandonara el campo sin
conocer el aliento de su
marcador.
Con este trabajo los de
Elcacho se sintieron cada vez más cómodos
sobre el césped artificial de su propio
campo. El ex españolista Manel tardó 180
segundos de partido en probar los guantes
de Lux, dando inicio a un intercambio de
golpes entre ambos equipos, 18 en total, a
lo largo de toda la primera
parte.
Oscar Trejo, el más activo de
los mallorquines, fue el que más en serio
se tomó el IV Torneo Illes Balears de
fútbol, hasta que se diluyó como el resto
del equipo en el césped artificial de Can
Misses tras el golazo de falta de Joan
Castillo.
La barrera se abrió de
forma incomprensible y el balón se coló a
la derecha de un vendido Lux. Un chupinazo
que anunciaba la fiesta que se estaba por
vivir en Can Misses.
Manzano no lo
veía claro y comenzó a moverse por la banda
con mucho más ritmo que sus laterales. Con
cara de que la tercera remontada en tres
semanas era casi imposible. Un rostro
parecido al del ardor de estómago. Aunque
delante tenía al séptimo clasificado del
grupo tercero de la segunda división B ya
no lo parecía. Una vez que los de Elcacho
llevaron al Mallorca a ese terreno
volvieron a cambiar el guión y se
disfrazaron de todo un primera que se
atrevía a tutear a un equipo en racha. Los
ibicencos, que jugaban del blanco tras
ceder por una cuestión de veteranía el rojo
de su camiseta a los mallorquines, parecían
cada vez más altos, más guapos e incluso
comenzaban a tocar el balón entre los
'oles' de una afición muy poco acostumbrada
a estos alardes balompédicos.
Sin
embargo, lo mejor estaba por llegar. La
segunda parte fue toda una exhibición del
Ibiza. Hasta la alcaldesa, Lourdes Costa,
poco aficionada a estos espectáculos se
animaba a comentar las jugadas con el
presidente del Mallorca Vicente
Grande.
El Ibiza pasó del tuteo
inicial del primera se pasó al manoseo,
como paso previo para finalmente meter mano
con descaro entre las redes de Lux. Tres
goles más en apenas 19 minutos. Manel y
Dopico, dos de los mejores del partido
hicieron el segundo y el tercero. Después,
Elcacho, en un ejercicio más propio de Jack
el Destripador que de un entrenador de
fútbol retiró el campo a Julien para meter
a su máximo goleador Matías Alonso. El
uruguayo firmó el cuarto de cabeza y el
Mallorca buscó las tablas.
Pero al
revés que en los toros, donde la muerte da
el pitido final a la corrida, los de
Manzano no podían tirarse al suelo, y
trataron de salvar su orgullo a base de
patadas. Sus salidas fuera de tono fueron
castigadas por una afición que en el primer
tiempo había jaleado las acciones del rival
balear como si del equipo propio se
tratara.
Cuando parecía que la
llegada del quinto era cuestión de tiempo
Nsue hizo un gol que poco salva la honrilla
de los de Manzano.