EDUARDO
SUÁREZ
Corresponsal
LOND
RES.- Lo que acompaña a esta crónica es el
corro de la patata en versión otomana. Se
lo encargó en 1773 un noble disoluto turco
a uno de sus pintores de cámara para
ilustrar un manuscrito sobre sus años
mozos, en los que hubo para dar y tomar, a
juzgar por lo que se ve en la imagen.
Es sólo una de las deliciosas
rarezas que pueblan la exposición
Seduced: Arte y sexo desde la antigüedad
a hoy, que mañana se abre en la Galería
del Barbican de Londres. La muestra -que
advierte a cada paso de la obscenidad de
las imágenes y a la que sólo pueden acceder
los mayores de 18 años- es un nutrido
compendio de la promiscua relación de sexo
y arte a lo largo de los tres últimos
milenios.
De Rodin a Rembrandt,
pasando por Luise Bourgeois, Andy Warhol o
Francis Bacon, muchas de las obras que aquí
se enseñan han permanecido ocultas al gran
público durante décadas y reservadas a los
ojos de los poderosos, que podían
permitirse el lujo de vivir al margen de la
moral imperante. Es el caso de la efigie
romana del hermafrodita, que el cardenal
Borghese -mecenas de Bernini- guardaba en
un armario al resguardo de los invitados. O
del libro que el escritor británico Samuel
Peppys echó a la hoguera después de
eyacular mientras lo leía.
Tal vez
la historia más sugerente es la del llamado
Gabinete secreto del Museo Borbónico
de Nápoles. Un día de 1819, el rey
Francisco I visitó aquella sala con su
esposa y su hija, y fue tal el ataque de
pudor que ordenó que se cerrara y sólo se
abriera en ocasiones muy especiales. No es
de extrañar. A saber lo que le vino a la
cabeza a la niña cuando vio la efigie del
sátiro al que el miembro le llega hasta la
rodilla.
La muestra aborda por
supuesto la siempre difícil relación de los
ingleses con el sexo. Especialmente
llamativa es la ficticia hoja de parra con
la que cubría sus vergüenzas la reina
Victoria o la imponente colección del
explorador George Witt, tal vez el mayor
coleccionista de falos de todos los
tiempos. Su colección de más de 400 piezas
la donó en 1856 al Museo
Británico.
Una de las joyas que se
pueden contemplar en el Barbican tiene
sabor español. Se trata de 'La douleur', un
óleo pintado por Picasso en 1903 que
muestra al joven artista abandonado a los
placeres del sexo oral. Un asunto, por
cierto, recurrente a lo largo de toda la
muestra, de las ilustraciones para las
diferentes ediciones de la obra del Marqués
de Sade al vídeo de la artista británica KR
Buxey, donde ella misma se autorretrata de
cuello para arriba disfrutando de una
sesión de 40 minutos acunada por los
acordes del 'Réquiem' de Fauré.
Picasso aparece también como autor
de la serie de grabados 'Rafael y la
panadera', que muestran al célebre genio
italiano en pleno trance la víspera de su
fallecimiento. No hay que olvidar que la
leyenda cuenta que el maestro de Urbino
murió exhausto después de una noche de
lujuria con la hija de un panadero.