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  Jueves, 11 de octubre de 2007 Actualizado a las 01:03
 

Historias del arte de la lujuria

El Centro Barbican de Londres acoge una singular muestra con la que recorre la relación entre arte y sexo desde miniaturas persas hasta videocreaciones actuales


EDUARDO SUÁREZ

Corresponsal

LOND RES.- Lo que acompaña a esta crónica es el corro de la patata en versión otomana. Se lo encargó en 1773 un noble disoluto turco a uno de sus pintores de cámara para ilustrar un manuscrito sobre sus años mozos, en los que hubo para dar y tomar, a juzgar por lo que se ve en la imagen.

Es sólo una de las deliciosas rarezas que pueblan la exposición Seduced: Arte y sexo desde la antigüedad a hoy, que mañana se abre en la Galería del Barbican de Londres. La muestra -que advierte a cada paso de la obscenidad de las imágenes y a la que sólo pueden acceder los mayores de 18 años- es un nutrido compendio de la promiscua relación de sexo y arte a lo largo de los tres últimos milenios.

De Rodin a Rembrandt, pasando por Luise Bourgeois, Andy Warhol o Francis Bacon, muchas de las obras que aquí se enseñan han permanecido ocultas al gran público durante décadas y reservadas a los ojos de los poderosos, que podían permitirse el lujo de vivir al margen de la moral imperante. Es el caso de la efigie romana del hermafrodita, que el cardenal Borghese -mecenas de Bernini- guardaba en un armario al resguardo de los invitados. O del libro que el escritor británico Samuel Peppys echó a la hoguera después de eyacular mientras lo leía.

Tal vez la historia más sugerente es la del llamado Gabinete secreto del Museo Borbónico de Nápoles. Un día de 1819, el rey Francisco I visitó aquella sala con su esposa y su hija, y fue tal el ataque de pudor que ordenó que se cerrara y sólo se abriera en ocasiones muy especiales. No es de extrañar. A saber lo que le vino a la cabeza a la niña cuando vio la efigie del sátiro al que el miembro le llega hasta la rodilla.

La muestra aborda por supuesto la siempre difícil relación de los ingleses con el sexo. Especialmente llamativa es la ficticia hoja de parra con la que cubría sus vergüenzas la reina Victoria o la imponente colección del explorador George Witt, tal vez el mayor coleccionista de falos de todos los tiempos. Su colección de más de 400 piezas la donó en 1856 al Museo Británico.

Una de las joyas que se pueden contemplar en el Barbican tiene sabor español. Se trata de 'La douleur', un óleo pintado por Picasso en 1903 que muestra al joven artista abandonado a los placeres del sexo oral. Un asunto, por cierto, recurrente a lo largo de toda la muestra, de las ilustraciones para las diferentes ediciones de la obra del Marqués de Sade al vídeo de la artista británica KR Buxey, donde ella misma se autorretrata de cuello para arriba disfrutando de una sesión de 40 minutos acunada por los acordes del 'Réquiem' de Fauré.

Picasso aparece también como autor de la serie de grabados 'Rafael y la panadera', que muestran al célebre genio italiano en pleno trance la víspera de su fallecimiento. No hay que olvidar que la leyenda cuenta que el maestro de Urbino murió exhausto después de una noche de lujuria con la hija de un panadero.

 
   
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