JUAN RIERA ROCA
PALMA.- Una casa
con inquilinos okupas. Una vela. Un
descuido. Las tres de la madrugada pasadas
en el número 11 de la calle Plataneros,
barriada de Son Gibert. Una colmena de
viviendas abigarradas. Una cincuentena de
pisos apretados con decenas de familias
dentro. Se lía la gorda: «¡Fuego, fuego,
todos a la calle!»
El susto, tras
pasarse la noche en la intemperie, no se lo
quita nadie. «Los bomberos tardaron una
eternidad en llegar», dice Lourdes, una
joven que vive en la misma planta, la
cuarta, donde se produjo el incendio... «Y
podría haber estallado todo, porque hay
tubos de gas y bombonas», añade Elías, otro
joven vecino.
A las tres de la
madruagada todos dormían. Lourdes vio por
el pasillo común las llamas lamiendo la
pared, muy cerca de su casa. Maribel, una
vecina, hermana de Elías, recuerda alarmada
cómo tuvo que despertar a su madre cuando
oyó los gritos de «¡fuego!».
Y al
susto se suma la indignación, porque el
incendio haya sido en una de las ¿ocho?
casas ocupadas que hay en este bloque. «A
ver si ponen seguridad de una vez y dejan
de entrar okupas», dice Elías, harto
de tener que vivir con problemas como
éste.
Los bomberos informaron ayer
oficialmente que aún se investigan las
causas del incendio que de madrugada
destruyó una de las viviendas de la planta
cuarta. La Policía Local, en el momento del
incendio, ya manejaba una teoría que
comentó a los vecinos: «Se les ha caído una
vela». No tenían suministro eléctrico. Se
iluminaban con velas.
La casa
siniestrada estaba habitada por dos
inquilinos okupas. Dicen los vecinos
que mañana miércoles era la fecha tope en
la que tenían que abandonar la vivienda. Se
adelantaron dos días, obligados por el
fuego. Ayer, tras el incendio, dicen los
vecinos, ya estaban viviendo en la calle.
Uno de ellos inhaló humo y tuvo que ser
atendido por los servicios
sanitarios.
Fue el único herido. Eso
si no se cuentan las heridas emocionales.
Casandra, la nieta de Rafaela Navarro
-ambas viven en la planta inferior a la del
incendio- se pasó el día de ayer temblando.
Su abuela prefirió que se quedara en casa y
no fuera al colegio. Casandra cumple mañana
13 años, una fiesta pasada por humo. Por
cierto, a Rafaela los bomberos le
reventaron la puerta por error. Ayer
esperaba que se la reparasen.
La vida
en este bloque no es fácil. Se trata de un
experimento. Allí viven, mezcladas,
personas de muy diferentes niveles sociales
y procendencias. El miedo a los
ocupas, a que entren a vivir en las
casas vacías y a que roben o entren en las
habitadas ha obligado a colocar rejas en
las ventanas. No son vecinos
agradables.
«Uno había dicho que
antes de que lo echaran quemaba la casa»,
dice un vecino, en alusión a lo que
proclamó uno de los muchos ocupas de
la zona en una asamblea de residentes. Las
casas ocupadas carecen de suministro de
energía, de modo que la manera en que se
agencian ese suministro es un factor de
riesgo añadido.