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  Martes, 9 de octubre de 2007 Actualizado a las 01:08
 

Incendio en la colmena de los 'okupas'

Una vela origina un fuego en una casa con inquilinos ilegales en Son Gibert / Los vecinos denuncian que podría haber estallado todo ya que «había bombonas»


JUAN RIERA ROCA

PALMA.- Una casa con inquilinos okupas. Una vela. Un descuido. Las tres de la madrugada pasadas en el número 11 de la calle Plataneros, barriada de Son Gibert. Una colmena de viviendas abigarradas. Una cincuentena de pisos apretados con decenas de familias dentro. Se lía la gorda: «¡Fuego, fuego, todos a la calle!»

El susto, tras pasarse la noche en la intemperie, no se lo quita nadie. «Los bomberos tardaron una eternidad en llegar», dice Lourdes, una joven que vive en la misma planta, la cuarta, donde se produjo el incendio... «Y podría haber estallado todo, porque hay tubos de gas y bombonas», añade Elías, otro joven vecino.

A las tres de la madruagada todos dormían. Lourdes vio por el pasillo común las llamas lamiendo la pared, muy cerca de su casa. Maribel, una vecina, hermana de Elías, recuerda alarmada cómo tuvo que despertar a su madre cuando oyó los gritos de «¡fuego!».

Y al susto se suma la indignación, porque el incendio haya sido en una de las ¿ocho? casas ocupadas que hay en este bloque. «A ver si ponen seguridad de una vez y dejan de entrar okupas», dice Elías, harto de tener que vivir con problemas como éste.

Los bomberos informaron ayer oficialmente que aún se investigan las causas del incendio que de madrugada destruyó una de las viviendas de la planta cuarta. La Policía Local, en el momento del incendio, ya manejaba una teoría que comentó a los vecinos: «Se les ha caído una vela». No tenían suministro eléctrico. Se iluminaban con velas.

La casa siniestrada estaba habitada por dos inquilinos okupas. Dicen los vecinos que mañana miércoles era la fecha tope en la que tenían que abandonar la vivienda. Se adelantaron dos días, obligados por el fuego. Ayer, tras el incendio, dicen los vecinos, ya estaban viviendo en la calle. Uno de ellos inhaló humo y tuvo que ser atendido por los servicios sanitarios.

Fue el único herido. Eso si no se cuentan las heridas emocionales. Casandra, la nieta de Rafaela Navarro -ambas viven en la planta inferior a la del incendio- se pasó el día de ayer temblando. Su abuela prefirió que se quedara en casa y no fuera al colegio. Casandra cumple mañana 13 años, una fiesta pasada por humo. Por cierto, a Rafaela los bomberos le reventaron la puerta por error. Ayer esperaba que se la reparasen.

La vida en este bloque no es fácil. Se trata de un experimento. Allí viven, mezcladas, personas de muy diferentes niveles sociales y procendencias. El miedo a los ocupas, a que entren a vivir en las casas vacías y a que roben o entren en las habitadas ha obligado a colocar rejas en las ventanas. No son vecinos agradables.

«Uno había dicho que antes de que lo echaran quemaba la casa», dice un vecino, en alusión a lo que proclamó uno de los muchos ocupas de la zona en una asamblea de residentes. Las casas ocupadas carecen de suministro de energía, de modo que la manera en que se agencian ese suministro es un factor de riesgo añadido.

 
   
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