L. F. L.
«No, no recuerdo ninguna
otra jugadora de raza negra en la
selección», comenta Ángel Palmi cuando se
le pregunta por Cindy Lima. El director
deportivo de la Federación aún tiene más
que decir sobre el hombre en quien pensó
para dirigir una selección que
deportivamente había superado la perfección
en los últimos veranos, pero que había
tenido «un rendimiento no siempre positivo
fuera de la cancha». Palmi vio en Evaristo
Pérez -nacido en un pueblo de Palencia
(1960), entrenador en Burgos-, un
equivalente de Pepu Hernández. Y como tal
se ha confirmado en el Eurobasket.
«Ha entendido la especificidad de
una selección femenina, la obligación de
mimar las dinámicas del grupo y del equipo
técnico, mejores que nunca, y ha contado
con todas las chicas», resalta el director
deportivo de la Federación. Su elegido
actúa en la pista como en clase: los
alumnos avanzan a saltos en un ambiente
sano, el profesor no puede abandonar a los
pupilos rezagados.
Si el
seleccionador masculino tiene la vocación
traicionada de profesor, su homólogo en la
selección femenina ya lo es, de Educación
Física, en el Instituto Félix Rodríguez de
la Fuente. Este año, tuvo como aprendiz, en
prácticas, a José Luis Cubillo, que además
era su ayudante en el equipo de Burgos,
extraordinario tercero en la Liga nacional.
«La filosofía de Varis se resume en
una defensa agresiva y un juego rápido, sea
en contraataque o en transición. Luego,
hace sentirse importantes a todas las
integrantes de la plantilla, porque casi
siempre cuentan con 10 minutos para
demostrar su valor. Es un magnífico
director de conjuntos, un gestor de
vestuarios, sin broncas», resume Cubillo,
que cierra: «Es un fenómeno, un
crack como profesor y como
entrenador».
Hasta como jinete.
Preside el Club Hípico de Burgos y tiene
una hija que compite a buen nivel. Un
entrenador crecido en los Maristas, que
preparó hace décadas a chicas, aunque se
desarrolló después en el Autocid Burgos,
entre hombres, hasta que hace dos
temporadas cambió de género. En el curso
2005-06 ejerció de ayudante de Alberto
Ortego; la última campaña tomó el mando.
Esa experiencia mínima, y certera, enganchó
a la Federación, que le entregó la misión
de clasificar al equipo para los Juegos
Olímpicos, previo paso por el
Europeo.
La selección femenina es un
grupo estable, aunque Evaristo Pérez hizo
una apuesta especialmente destacable. Puso
en la convocatoria a Cindy Orquídea Lima
(Barcelona, 1981) y, sobre todo, la mantuvo
en la lista para el campeonato, que sería
de debut para la pívot catalana, el colofón
a una trayectoria vital parcheada. De padre
angoleño y madre cubana, el baloncesto la
captó con 12 años. Se formó en el Siglo XXI
(proyecto formativo de la Federación, en
cuya versión masculina creció, por ejemplo,
Sergio Rodríguez), ganó el oro júnior en
1998 y se hizo una mujer en el Universidad
de Barcelona. Sin embargo, un día,
desapareció. Emigró a París en busca de
otra vida y trabajó en una agencia de
modelos. Fueron años duros, en los que
también se cruzó la enfermedad grave de un
familiar.
De vuelta, apareció en
Verona, pasó por Canarias, luego aterrizó
en Madeira, después Vigo, las dos
temporadas pasadas en Zaragoza y ahora ha
firmado por dos años en León, ya como
internacional. A la selección, tan
chaparrita, le aporta centímetros
(con 1,96 metros, es la más alta) y el tope
de intensidad.
Chocolate o
Negra para los íntimos, tercera de
cinco hermanas, se define: «Me involucro
mucho en lo sentimental». Limitada en lo
técnico, bromeaba el viernes: «Nunca me
habían puesto tres tapones en la misma
jugada». Sus canastas son milagros
de la persistencia; establece la diferencia
en defensa. Ágil y rápida, intimidadora,
maneja el rebote y propicia muchos robos de
balón aprovechando unos brazos eternos. Se
las vio con Wauters en cuartos o Stepanova
en la final, en dos marcajes de altura, que
colaboraron para que Varis, quien
creyó en ella, estrene su palmarés.