Nunca hay que analizar un partido
teniendo en cuenta los jugadores que faltan
al mismo por diferentes motivos, es tan
inútil como absurdo. Los partidos de fútbol
se analizan visualizando el comportamiento
técnico y táctico de los jugadores que
participan en ellos y no por lo que hubiera
podido acontecer si cualquier otro jugador
lo hubiera disputado. De la misma manera
que los partidos se ganan normalmente con
catorce jugadores los macrociclos de una
temporada deben ser absorbidos por toda la
plantilla. Michael Laudrup, que tanto nos
maravilló a todos como jugador, se presentó
en el Ono estadi en el papel de entrenador
de una escuadra que ciertamente maneja con
sobriedad los tiempos del fútbol ofensivo
pero al que se le presumía una falta de
aguijón con veneno para crear cierto temor
al rival, la profundidad de ataque y la
culminación de las jugadas parecían su
verdadero talón de Aquiles.
Pero Uche
con una jugada por banda y con un magnífico
pase a Sousa silenció la falta de gol del
equipo madrileño. Primer ataque y primer
gol. Si durante el periodo inicial la banda
derecha del Mallorca sufría en exceso con
los contraataques del Getafe debido a la
falta de sincronización defensiva en la
presión entre Varela, Molinero y las
coberturas demasiado lejanas de David
Navarro, el rival también mostraba sus
debilidades por el ala derecha con un
Pallardó que no podía sujetar a Tuni y
cedía situaciones de dos por uno debido a
la anarquía táctica defensiva de Rubén de
la Red.
El danés se movió desde el
banquillo colocando de manera definitiva a
Rubén de la Red en la medular y cerrando su
banda débil con Granero, por el contrario
Manzano sorprendió con su cambio de Tuni
por Borja y el partido entró en una fase en
la que todo era posible. Después del gol de
penalti de Ibagaza y la expulsión de
Pereyra, Borja formó en el medio centro con
Arango por la banda izquierda y fue justo
en ese instante cuando el músculo del
Getafe empezó a flaquear, la sensación
desde la grada del Ono Estadi era que el
equipo de Michael Laudrup controlaría la
situación pero nada más alejado de la
realidad porque apareció el talento de
Arango que desde su posición y escoltado
por las asistencias de Ibagaza martillearon
la portería protegida por Abbondanzieri
hasta dejar al argentino completamente
desorientado.
En este deporte todo
es posible y cuando las adversidades parece
que son totales, la genialidad, el talento
y sobre todo la cultura del esfuerzo y el
sacrificio pueden regalarte una victoría
que parecía casi imposible. Aunque siempre
es más difícil sacar conclusiones tácticas
de las victorias que de las derrotas sería
conveniente un profundo análisis de las
dificultades del equipo de Gregorio Manzano
para afrontar el inicio de los
partidos.