PEDRO BONET
PALMA.- Los jugadores
del Mallorca parecen empeñados en
complicarse la existencia, al menos desde
el punto de vista arbitral. Si en la
jornada precedente, en el partido que los
bermellones disputaron en Sevilla frente al
Betis, tanto Ballesteros como Güiza
abandonaron el campo antes de tiempo, ayer
le tocó el turno a Guillermo Pereyra. El
centrocampista argentino vio la segunda
tarjeta amarilla en el minuto 60 tras una
entrada sobre un jugador rival y dejó a su
equipo en inferioridad numérica, y con
desventaja en el marcador.
Afortunadamente para el Mallorca,
los compañeros de Pereyra supieron sacar
fuerzas de flaqueza y remontaron un choque
que parecía irremisiblemente perdido. Sin
embargo, las consecuencias de esa expulsión
pueden ir mucho más allá. El colegiado
andaluz Paradas Romero, debutante en la
máxima categoría del fútbol español, reseñó
en el acta, a la conclusión del encuentro,
que Pereyra le había dirigido graves
insultos, con no muy honorables
recordatorios a su madre, en el momento de
mostrarle la segunda cartulina amarilla. El
jugador, siempre según la redacción del
acta, espetó ese mismo insulto en dos
ocasiones consecutivas y en tono
perfectamente audible.
Así las cosas,
Pereyra podría enfrentarse a una dura
sanción que le impediría alinearse con el
Mallorca no solo en el compromiso más
inminente (dentro de quince días, ante el
Recreativo), sino durante un buen puñado de
jornadas.
Aunque la marcha del
Mallorca en esta Liga recién iniciada está
siendo satisfactoria, en la entidad no se
esconde la preocupación por la facilidad
con que los jugadores que dirige Gregorio
Manzano acumulan amonestaciones. Ayer, ante
el Getafe, el entrenador de Bailén tuvo que
prescindir de Ballesteros y Güiza, dos
titulares indiscutibles, a causa de las
tarjetas que vieron en el Ruiz de Lopera,
el domingo anterior. El siguiente en caer
ha sido Guillermo Pereyra.