Reblandécete «como mi madre cuando ve a
George Clooney», dice la canción del
anuncio de la galleta Quely, esa
irresistible galleta mallorquina. El autor
de la canción merece un premio de
publicidad y también de literatura. Sin
bromas. Durante el breve tiempo de emisión
radiofónica de la canción de Quely, un coro
nos ofrece al menos cuatro comparaciones
felices de reblandecimientos indiscutibles
como el de «mi madre cuando ve a George
Clooney» que ahora no soy capaz de
recordar. Y lo más penoso es que tampoco
soy capaz de emular.
A ver, dígame
usted algo que se reblandezca y sin caer en
guarrerías.
No vale el cerebro de
Mabel Cabrer cuando llueve. La
publicidad de Quely quiere demostrar que
las galletas de Inca siempre son duras, y
nos engaña con la presunta existencia de un
consumidor caprichoso que las quiere
blandas. ¿Pero para qué quiere alguien una
galleta Quely blanda?
Es más fácil
ablandar un entrecot de buey que una Quely.
Es más fácil ablandar a un juez de
prisiones que a una Quely. Sin embargo, hay
trucos. Lo primero que hace un inmigrante
llegado a Mallorca es aprenderlos. Sin ir
más lejos hace ocho días un sudamericano me
invitó a una ración de Quelys con
sobrasada. Allí estaban sobre la mesa, en
el aperitivo, muertas de risa. Nadie las
tocaba, hasta que observé: «se van a poner
blandas». Aunque una Quely blanda siempre
está mejor que una tostada de supermercado
blanda. Puag.
Hay gente tan dura como
una Quely. Tras esa sonrisa de hermanita de
la caridad de Dolça Mulet, se
esconde una dama de hierro o mejor dicho
una dama de harina horneada. Ha sido una de
las guardianas pretorianas de Barbie en el
Consell de Mallorca, donde desde hace
lustros ha señalado a diestro y siniestro
cuál es el decálogo del buen contratado:
1. Hacerle la pelota.
2.
Afiliarse a UM. Etcétera.
Lo contaba
ayer en este periódico (con un par de
quelys, que son más duras que unos
testículos) Xim Oliver, uno de los
50 monitores del CIM represaliados por UM.
No es que estos monitores no hagan falta
ya, es que van a ser sustituidos por gente
que ha demostrado su adhesión al
régimen.
Los políticos de UM son muy
duros. Son como Quelys. Hay que
ablandarlos. Una galleta se ablanda con un
poco de sobrasada o paté. A un político, y
más si es de UM, se le ablanda también
untándolo. Los cincuenta expulsados de su
puesto de trabajo de atención a la gente
mayor no van a ablandar a Mulet con
argumentos de justicia o profesionalidad.
Tampoco con la denuncia de la cacicada en
los medios.
A algunos les gusta meter
las Quelitas en la leche caliente con
Cola-Cao. Se ponen blandas. Lo malo de
estar duro es que estás también seco.
Podría llegar un tsunami de leche
blanqueadora desatado por la intervención
de la Justicia. A ver si aparece UM en la
próxima canción de Quely.