ROBERTO DÍEZ YAGÜE
PALMA.- Luce
una sonrisa angelical pero sus ojos no
engañan. La mirada de Virginia Peña
(Alicante, 1997) destila competición y
picardía. No hay más que ver cómo sale la
pelota, escopetada, como un obús.
Primero suena el golpetazo de la
raqueta. Después un ligero gemido. ¡Cómo le
pega la muchacha! «Le apasiona jugar al
tenis», señalan sus padres. Por eso se
mueve incómoda en la silla y regresa
corriendo en cuanto puede a la pista para
seguir castigando a la pequeña pelota
amarilla.
Los inicios de Virginia no
fueron, sin embargo, nada originales. La
pequeña de una extensa prole que ya
practicaba el tenis vio jugar a los
hermanos y cogió la raqueta a los cinco
años. «Me gustaba mucho. Y me gusta»,
asegura sonriente. Desde entonces, la
progresión no ha cesado y no parece que
tenga que frenarse. «Técnicamente está muy
madura, como las niñas de 16 años»,
explican sus padres. Ellos son los únicos y
exclusivos mecenas de Virginia. «Y nuestro
dinero nos cuesta. Pero mientras podamos
permitírnoslo lo seguiremos haciendo porque
es mejor; te permite hacer lo que quieres»,
explica su padre.
Nike y Prince
aportan todo el material deportivo,
demostrando que las multinacionales están
al tanto de las futuras estrellas casi
desde que escalan los barrotes de la cuna.
«Pero todo lo demás lo pagamos nosotros. Le
han ofrecido ir a escuelas en Barcelona con
todos los gastos pagados, pero prefiero que
siga creciendo en casa», detalla Teresa, su
madre, que suele acompañarla en todos los
viajes junto con el entrenador de turno.
Desde hace seis meses, el técnico serbio
Niko Paunovic dirige los pasos de Virginia
con al menos dos horas diarias de
entrenamiento y subiendo...
Los
resultados han ido cayendo como fruta
madura. A los siete años ganó el Campeonato
de Mallorca sub-10; a los ocho, el sub-12 y
este año ha sido subcampeona de España
alevín y ha ganado el Campeonato del Mundo
oficioso sub-10, celebrado en junio en la
localidad croata de Pula. Son sólo ejemplos
de una progresión meteórica. «El año pasado
íbamos a Barcelona a jugar por equipos con
el Barcino, pero este hemos regresado a
Mallorca y entrena en el Club Royal Tennis
Academy, en la Costa de la Calma», detalla
Teresa, que prefiere mantener a Virginia
fuera de las obsesiones deportivas. «En el
colegio ella tiene un círculo de amigos con
los que no habla de tenis. Así que si el
domingo pierde un partido, el lunes puede
pasar página y desconectar. Eso es muy
importante, porque hay niñas que viven sólo
para el tenis», explica el padre de
Virginia.
Los estudios marchan bien y
el King Richard III College colabora con un
plan flexible. «Menos mal que colabora,
porque así puede viajar cuando es
necesario», reconoce Teresa. Esto ha
permitido a Virginia meterse de lleno en
torneos ATP como Acapulco o Indian Wells
junto a Flavia Pennetta -su ídolo-, Rafa
Nadal o Carlos Moyà -a quien ya ganó un
punto-. El año que viene disputará los
torneos de Nike y los mejores
internacionales en Francia, «pero siempre
sin prisa, con tranquilidad», matiza su
padre. «Si en sub-12 marcha bien, quién
dice que no a sub-14, pero siempre sin
agobios», añade. De momento, ya tiene una
derecha matadora y un carácter ganador. «El
técnico de ahora le ha inculcado un tenis
como el del Djokovic, muy agresivo. Pero
ella ya era muy competitiva, muy dura y se
crece ante la adversidad», señala Teresa.
Toni Nadal ya lo dijo cuando ella tenía dos
años. «Esta chica promete».