SEVILLA.- La actuación del colegiado
castellano-manchego Ontanaya López concitó
las criticas de los jugadores del Mallorca
a la finalización del encuentro de ayer en
el estadio Ruiz de Lopera. Los reproches
más amargos salieron de la boca de los dos
futbolistas bermellones a los que el
colegiado impidió terminar el partido: el
central Sergio Ballesteros y el delantero
Dani Güiza. El valenciano insistió en los
argumentos que ya había esgrimido en buena
parte de las expulsiones que ha sufrido
desde que defiende los colores del
Mallorca. En su opinión, ninguna de las
tres últimas cartulinas rojas que le han
mostrado ha sido justa y, en este sentido,
no alberga ninguna dududa de que existe una
persecución hacia su persona suscitada por
la fama de futbolista duro y expeditivo que
se ha granjeado a lo largo de su carrera y
que para algunos árbitros, como el que
dirigió el choque de ayer en Sevilla,
constituye una patente de corso para
castigar las actuaciones en las que se ve
involucrado con más rigurosidad de la
exigible. También su compañero Güiza cargó
contra la labor de los árbitros. El
jerezano, que vio la segunda amarilla en el
descuento tras solicitarle al colegiado que
señalara el final del encuentro, tiene
claro que el Mallorca es el equipo «que
siempre sale perjudicado».
Ballesteros El defensa del Mallorca
abandonó el terreno de juego en el minuto
37 después de que el colegiado apreciara
una presunta agresión del central contra el
bético Caffa. Indignado con la decisión
arbitral, Ballesteros aseguró a la
conclusión del partido que Ontanaya López
«imaginó» que había golpeado a un
contrario, «pero no pudo ver una agresión
que nunca existió». A su juicio, las causas
de la animosidad del colegiado son muy
claras: «Proviene de Segunda División, pero
seguro que había oído hablar de mí y le
habrían dicho que Ballesteros es un
asesino. Ello le habrá inducido a pensar
que yo había pegado al rival. No hay otra
explicación. En cualquier caso, he tenido
que soportar una nueva expulsión injusta y
ya no sé qué tengo que hacer». El zaguero
reconoció que había impactado contra el
adversario, pero en ningún momento con
intención de agredirle: «Claro que le he
dado. Pero no ha sido una bofetada ni un
puñetazo. Simplemente, el me agarró para
impedirme que siguiera progresando con el
balón y yo traté de zafarme con la
intención de seguir jugando. La decisión
correcta era una tarjeta amarilla para
ambos, a Caffa por la falta y a mí por
tratar de deshacerme del rival. Estoy
convencido de que a otros jugadores un
lance como éste no les hubiera costado la
expulsión, pero con Ballesteros es
distinto. ¿Si me siento perseguido? Por
supuesto que sí, especialmente con
determinados árbitros. De las tres últimas
expulsiones que me han señalado, ninguna de
ellas ha sido justa. Ahora dirán que soy el
más duro y que no puedo seguir en el
fútbol. Llevo años soportando estas
situaciones y ya estoy cansado». No
obstante, si algún aspecto dolió a
Ballesteros «fue que durante 55 minutos mis
compañeros han debido sufrir en el campo,
plantando cara al adversario en
inferioridad numérica, y ello por una
decisión que no fue justa».
Güiza El
otro damnificado por la actuación de
Ontanaya López fue Dani Güiza, al que el
colegiado castellano-manchego enseñó la
segunda tarjeta amarilla en tiempo de
descuento por, supuestamente, pedirle que
diera por concluido el encuentro. Así, al
menos, lo explicó el máximo goleador del
Mallorca: «El árbitro tenía ganas de
expulsar a otro jugador y me ha tocado a
mí. Perdíamos 3-0, el partido estaba
decidido y ya superábamos el minuto 90, por
lo que le he solicitado que pitara el
final. Francamente, no me parece motivo
para una segunda amarilla». Al igual que su
compañero Ballesteros, el ariete jerezano
se mostró muy crítico con el árbitro:
«Proviene de Segunda División y es más
casero que muchos de Primera. A los
árbitros nunca les pasa nada por mucho que
se equivoquen, y habría que supervisarles
al igual que se hace con los jugadores. No
les podemos ni mirar a la cara». También la
expulsión de Ballesteros le pareció injusta
a Güiza: «Sergio se limita a quitarse de
encima a un rival. Está claro que los
árbitros se empeñan en perjudicar siempre
al mismo equipo: al Mallorca».