La peor pesadilla para un entrenador es
llegar el sexto partido de liga sin haber
consumado la victoria en ninguno de los
cinco partidos anteriores. Dudas, presión,
ansiedad y sobre todo un entorno que
empieza a cuestionar la dirección técnica
del equipo es el mejor plato que se podía
encontrar el Mallorca para obtener un
resultado positivo. Un entrenador siempre
debe colocar a los mejores jugadores de los
que dispone sobre el terreno de juego para
así lograr el preciado botín de la victoria
y Manzano se decidió en esta ocasión por
emparejar a Ballesteros y Nunes en el
centro de la defensa situando a Ibagaza en
el vértice superior del rombo de ataque
escoltado por Pereyra como medio centro
defensivo y con la misión de hacer mucho
trabajo sucio para que el astuto media
punta pudiera brillar en las acciones de
ataque.
Para evitar la distancia
entre líneas H. Cúper adelantó su línea de
presión y asumió el riesgo de que
apareciese la conexión entre Ibagaza y
Güiza, o la llegada de forma sorpresiva de
las bandas (Jonás, Varela). El partido
estaba muy abierto gracias a esta decisión
táctica adoptada por el técnico bético y
como consecuencia de ello el balón llegaba
con peligro a ambas porterías, dando la
oportunidad a Moya y Ricardo para salvar
situaciones de uno contra uno. Cuando el
ritmo de juego era alto y en el Ruiz de
Lopera se veía un buen partido por ambos
equipos llegó la rigurosa expulsión de
Ballesteros y Manzano tomó una decisión de
fácil crítica posterior sabiendo el
resultado final. Dispuso a David Navarro de
central, desplazando a Arango a la banda
izquierda, situando un doble pivote de
perfil defensivo (Basinas, Pereyra) y
dejando a Güiza como única referencia
atacante.
Con esta disposición
táctica se produjo una clara acción de
contraataque que Güiza no supo materializar
justo antes de que Xisco rematase a gol un
centro magnifico que le llegó desde la
banda izquierda.
El fútbol tiene sus
curiosidades y no deja de ser paradójico
que en apenas un minuto el Mallorca
dilapidase su mejor ocasión y el Betis la
transformase. A partir de aquí la capacidad
de respuesta del Mallorca fue nula, las
transiciones de defensa - ataque con la
colocación de los medios centros eran
imposibles. El Betis incrementaba sus
posesiones de balón acechando la portería
de Moyá y era cuestión de tiempo que
llegará la sentencia. Sobis se encargó de
ejecutar un precioso gol y Edu selló el
3-0. Ante la duda Manzano se decantó por el
cambio más defensivo posible.