Arbitro: Ontanaya López
Tarjetas amarillas: Sobis, Caffa y,
por partida doble, Güiza, expulsado en el
minuto 92.
Tarjetas rojas:
Ballesteros (min. 37).
Goles:
1-0: Xisco (min. 59); 2-0: Sobis (min.
77); 3-0: Edú (min. 90).
SANTIAGO
SALAS DE VEGA
SEVILLA.- El Betis
empieza la Liga con seis jornadas de
retraso. Las que ha tardado en arrancar, en
ofrecer una imagen de equipo equilibrado,
en encontrarse consigo mismo y con la
confianza extraviada desde hace semanas
después de varios batacazos a las primeras
de cambio. El Betis echa por fin a andar de
la mejor forma posible. Con una goleada al
Mallorca y ahuyentando a unos fantasmas que
ya campaban a sus anchas por Heliópolis. La
tropa de Héctor Cúper salió animosa y
enchufada, decidida a intimidar a Moyà. El
entrenador argentino varió su habitual
planteamiento y puso en juego un once
titular coherente, haciendo cambios donde
hacía falta hacerlos y no tocando las
piezas que sí están respondiendo. Lo que es
lo mismo, dar continuidad a la pareja
Edu-Sobis arriba y dejar en el banquillo a
Somoza.
Antes de los cinco minutos de
partido ya se pudieron sacar las primeras
conclusiones que, no por esperadas viendo
la alineación inicial, dejaron de
sorprender. La mayor parte de culpa del
soplo de aire nuevo que emana este equipo
no la tiene ninguno de esos fichajes
presentados a bombo y platillo por los
dirigentes béticos. Es Juande, un joven
chaval de la cantera que lleva meses en el
equipo sin hacer ruido, limitándose a
aprender de los mayores y esperando
continuidad. El mediocre nivel mostrado por
el resto de mediocentros del equipo le ha
otorgado su oportunidad. Se graduó en el
mismísimo Bernabéu, donde dio toda una
lección de cómo mover a un equipo, y ayer
frente al Mallorca, colosal y omnipresente,
dio gusto ver cómo el Betis jugaba al
fútbol bajo su batuta. Juande confirmó ayer
eso en lo que se ha convertido por derecho
propio: en el líder que necesitaba este
equipo.
Él y Capi rescataron a sus
compañeros del ritmo cansino y somnoliento
al que se habían acostumbrado en los
últimos partidos y aportaron dinamismo y
movilidad. A los cinco minutos de juego,
Sobis ya había estrellado un cabezazo en el
palo, y sólo dos después, Nunes salvó
providencial un mano a mano de Edú frente a
Moyà. El animoso arranque de partido del
Betis no se diluyó con el paso de los
minutos, como le había pasado siempre hasta
ahora. También ayudó el hecho de que el
Mallorca de Manzano no plantase el autobús
atrás y, valiente, buscase el cuerpo a
cuerpo con su rival. Pero su resistencia se
terminó justo con la expulsión del siempre
sospechoso Ballesteros, que una vez más
pagó el precio de su mala fama. El árbitro
le mostró tarjeta roja al apreciar una
supuesta agresión en un forcejeo con Caffa
poco antes del descanso. Más facilidades
para que el Betis encontrase, tarde o
temprano, el ansiado premio.
Los
insulares estuvieron muy grises. Ibagaza
nunca apareció, y encima Güiza falló en la
jugada clave del partido, la que supuso el
principio del fin de su equipo. En un
despiste de los centrales béticos, el
delantero del Mallorca se plantó solo ante
Ricardo, pero, con todo de cara, no le supo
superar. Pero el fútbol se rige muchas
veces por este tipo de volantazos del
destino, y en Heliópolis se pasó de otra
tormenta segura de consecuencias
imprevisibles, a que el sol saliera por fin
después de muchos meses oculto. Apenas un
minuto después del perdón de Güiza, Caffa
asistió a Xisco, que no perdonó de cabeza a
Moyà. El Betis vivía una sensación
desconocida hasta ahora, la de ir con
ventaja en el marcador. La ansiedad moría y
la confianza renacía en el bando
verdiblanco.
El mazazo moral fue
insalvable para el Mallorca. De ello el
Betis se aprovecharía hasta el final del
partido para darle por fin una alegría a
sus hinchas. En pleno monólogo bético,
Sobis empaló un balón desde fuera del área
y lo mandó a la escuadra derecha de Moyà.
Justo premio para el otro gran artífice del
resurgir de este Betis. El gol final de Edú
cerró la fiesta en Heliópolis, porque como
tal merecía celebrarse un triunfo en casa
después de ocho meses. Para el Mallorca
queda el lamento de una tarde despropósitos
que coronó la segunda tarjeta amarilla a
Güiza en el descuento.