Uno no deja de quedarse
perplejo a medida que va conociendo los
avatares surrealistas de la denominada
Asociación de Artistas Visuales de las
Islas Baleares en su demarcación
mallorquina (la ibicenca tiene otro caché,
tal vez gracias a su presidente insular),
que más parece una organización al servicio
de los grandes intereses, sean estos
políticos, galerísticos o meramente
crematísticos, que en defensa del arte y de
sus inocentes asociados, presuntos
artistas. El lamentable espectáculo que
dieron hace dos años con el tema de la
colocación de esculturas en las carreteras,
cerrando los ojos a lo que hacía y ha
seguido haciendo, con toda impunidad y
criterio de selección más que discutible,
una institución, para entrar a saco, y en
lo personal, en la otra, de color político
entonces enemigo, no condujo más que
a la anulación de esa posibilidad abierta
de encargo para los artistas, dejando todo
el campo de la expresión pública viaria en
manos de la etnología. Invitados por el
entonces conseller del ramo a participar en
la selección de las nuevas instalaciones en
el seno de un comité organizado ad hoc,
declinaron su integración hasta que no se
redactara (sic) «un proyecto escultórico
global que tomase la isla de Mallorca como
un conjunto expositivo unitario, y que
definiese los lugares susceptibles de
ubicación de obra artística, tipo de obra
por zonas, etc.», es decir, tomando la isla
como si de un museo se tratase. Como nadie
sabía cómo se redactaba «eso», ni siquiera
los iluminados proponentes, el asunto se
zanjó con su renuncia, por el bien del arte
y de sus asociados...
Ahora,
en los prolegómenos de la apertura de la
feria Art Colonia/Palma, la asociación de
marras manifestó su desacuerdo con el
evento, pues no habían sido invitados ni
tenidos en cuenta. Da la casualidad que la
feria, como la mayoría de las que se
organizan en el mundo, es una muestra de
galerías, que seleccionan la obra de los
artistas más representativos de su
escudería. Otras citas del circuito, como
la Documenta de Kassel, no se basan en el
mundo galerístico, sino, como todo el mundo
sabe, en la selección de un comisario o
grupo de ellos que desarrollan una
propuesta expositiva concreta a través de
la obra de diversos artistas elegidos al
efecto. Nunca son los artistas los que
acuden de su propia mano, ni siquiera los
más encumbrados. Pero aquí, unos cuantos
reunidos, asociados como vemos contra el
arte, reclaman el protagonismo que no
consiguen, tal vez, por el camino más
esforzado de su propio trabajo. La obra de
cada cual es la única puerta que abre eso
que se llama presencia. En otro caso, lo
mejor es desaparecer por el foro.