Hubo un tiempo en que algunos catalanes,
catalanistas ellos, intentaron desmarcarse
de la cultura oficial catalana reclamando
su lugar dentro de la comunión mística que
todos compartían. Desmarcarse no significa
que abjuraran del credo catalanista, por
supuesto, una religión que desde
Pujol siempre fue de obligado
cumplimiento en el oasis catalán. Uno de
estos catalanes que dieron bastante que
hablar y que removieron las plácidas aguas
del oasis durante los quince años en los
que creyó que todavía tenía algo que
aportar a Cataluña era Xavier
Pericay, que con los años terminó
cayéndose del caballo para terminar
fundando, junto con una quincena de
intelectuales más, el partido Ciutadans de
Catalunya. Seis años antes Pericay había
nacido de nuevo. Twice born.
Abjurando del catalanismo.
Fácilmente Pericay podría haberse
convertido en un clérigo ejemplar al que la
cultura oficial catalana estaría hoy
colmando de honores y prebendas. Su
trayectoria personal así lo atestigua.
Licenciado en filología catalana, Pericay
ha vivido in situ y desde dentro como se ha
ido forjando la construcción nacional de
Cataluña. Desde sus centros de
concienciación e ideologización más
decisivos y determinantes. Desde los
institutos de secundaria, desde la
universidad tanto como alumno como
profesor, desde el Diari de Barcelona
donde ocupó cargos de dirección, desde
la editorial Vicens-Vives corrigiendo el
estilo de los libros de texto en catalán o
como alto cargo del Ayuntamiento de
Barcelona en el área de cultura. Nos
encontramos por tanto ante alguien que sabe
de lo que habla, que conoce los entresijos
del mundillo político y cultural al dedillo
y que, por si fuera poco, siempre conservó
aquel punto de lucidez, de escepticismo y
de dignidad para no caer, definitivamente,
atrapado en las agradecidas redes del
gregarismo y del ensimismamiento colectivo.
Esta quizá sea la razón por la que muy
pronto, Pericay, aun conservando este
catalanismo latente fuera del cual es
imposible sobrevivir en Cataluña, se fue
convirtiendo en un apestado inteligente
para la cultura catalana oficial.
El
pecado original de Pericay y que marcó
indudablemente su itinerario fue creer,
junto con otros catalanes como Ivan
Tubau, Joan Perucho, Joan
Ferraté o Arcadi Espada, que la
lengua podía desligarse del nacionalismo.
Concebir, en definitiva, la lengua catalana
como un instrumento más que como el símbolo
nacionalista por excelencia, el
leitmotiv para construir una nación
política. Durante algún tiempo existió el
espejismo de que era posible ser
catalanista sin ser nacionalista. Se
trataba de un espejismo, en efecto, como
acabó descubriendo el propio Pericay, pero
durante la etapa de consolidación del
pujolismo, Barcelona, Pasqual Maragall
y el PSC representaron a nivel cultural
el contrapunto al folklore sardanero de las
comarcas de terra endins y la única
alternativa real al pujolismo a nivel
político. Trasunto de ello fue el modelo de
catalán que Pericay y Ferran Toutain
pergeñaron en un libro que levantó
ampollas. Se titulaba Verinosa llengua
(1986) y en él sus autores trasladaban
su convicción de que la disociación de
lengua y comunión patriótica era posible a
un nuevo modelo de catalán que debía
regir en los retoños medios de comunicación
en catalán que se abrían paso justo en
aquellos momentos: televisión, radio,
prensa en catalán, edición de libros de
texto, etc... Pericay y Toutain venían a
decir que hasta la fecha los lingüistas de
lengua catalana se habían comportado como
políticos al haber preferido
sistemáticamente las formas del catalán más
alejadas del castellano a aquellas que
utilizaba la gente de la calle. Los autores
de Verinosa llengua abogaban por una
lengua normal y moderna, la más parecida
posible a la que se hablaba en la calle.
Entendían el catalán como un simple
instrumento que no debía interponerse en el
contenido de lo que se decía, a diferencia
de lo que venían haciendo los gramáticos:
intentar torturar a los ciudadanos
imponiéndoles un modelo de lengua
complicado, un constructo intelectual que
bebía aún de la poesía romántica. Ni qué
decir tiene que el libro cayó como una
bomba. El oasis se resintió. El debate
trascendía la filología. Era política,
entre catalanistas, es cierto, pero
política al fin y al cabo. Los
puretas alineados con la ortodoxia
del Institut d'Estudis Catalans (IEC) les
acusaron de todo: de perseguir la
destrucción del catalán, de castellanizar
la lengua, de rancios españolistas, etc.
Pericay se había convertido, de la noche a
la mañana, en un apestado para el mundo
oficial de la cultura catalana. No
obstante, las tesis que defendían en
Verinosa llengua se fueron abriendo
camino en los medios. Tanto que la efímera
aventura -cuatro años- de Diari de
Barcelona le dio la gran oportunidad de
trasladar su modelo de catalán de nueva
planta al viejo Brusi, que orbitaba
en torno al PSC. La aventura de un diario
de izquierdas en catalán sin ser
nacionalista y criticando a los
nacionalistas, como se pueden imaginar,
acabó mal. Diari de Barcelona cerró
a los cuatro años. Sencillamente al PSC,
que a medida que veía la posibilidad de
desbancar a Pujol se fue tornando más
nacionalista, le había dejado de interesar
la empresa. No fue la última decepción de
parte del PSC. No sé si ya entonces
imaginaban que Maragall, tras acceder al
poder en diciembre de 2003, se convertiría
en más nacionalista incluso que Pujol dando
por hecho que la vida pública fuera del
nacionalismo era imposible. Constatación
que dio lugar al nacimiento de Ciutadans,
precisamente por todos aquellos que un día,
al cobijo del PSC, creyeron que era posible
disociar el catalán de la ideología, del
nacionalismo.
Xavier Pericay acaba de
publicar un excelente libro de memorias:
Filologia catalana. Memòries d'un
dissident (Ed. Destino). En catalán,
por supuesto, pero del que se entiende sin
tener que acogerse a la ayuda de varios
diccionarios de lengua catalana. En él
encontrarán andanzas tan divertidas e
interesantes como la de este modelo
lingüístico de nueva planta que tantos
quebraderos de cabeza dio a la cultura
oficial. Los tiempos han cambiado, sin
duda. El oasis ha ido sustituyendo las
campañas de difamación personal de antaño
por hacer el vacío a sus disidentes. Este
es el destino que el oasis tiene reservado
a aquellos que han decidido no sacrificarse
más por la Patria. Desde el cambio de
milenio Pericay, un catalán no catalanista,
se ha convertido en un reconocido escritor
en lengua castellana.