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  Martes, 25 de septiembre de 2007 Actualizado a las 23:58
 

EL APUNTE
Memorias de un disidente del oasis catalán

JOAN FONT ROSSELLÓ


Hubo un tiempo en que algunos catalanes, catalanistas ellos, intentaron desmarcarse de la cultura oficial catalana reclamando su lugar dentro de la comunión mística que todos compartían. Desmarcarse no significa que abjuraran del credo catalanista, por supuesto, una religión que desde Pujol siempre fue de obligado cumplimiento en el oasis catalán. Uno de estos catalanes que dieron bastante que hablar y que removieron las plácidas aguas del oasis durante los quince años en los que creyó que todavía tenía algo que aportar a Cataluña era Xavier Pericay, que con los años terminó cayéndose del caballo para terminar fundando, junto con una quincena de intelectuales más, el partido Ciutadans de Catalunya. Seis años antes Pericay había nacido de nuevo. Twice born. Abjurando del catalanismo.

Fácilmente Pericay podría haberse convertido en un clérigo ejemplar al que la cultura oficial catalana estaría hoy colmando de honores y prebendas. Su trayectoria personal así lo atestigua. Licenciado en filología catalana, Pericay ha vivido in situ y desde dentro como se ha ido forjando la construcción nacional de Cataluña. Desde sus centros de concienciación e ideologización más decisivos y determinantes. Desde los institutos de secundaria, desde la universidad tanto como alumno como profesor, desde el Diari de Barcelona donde ocupó cargos de dirección, desde la editorial Vicens-Vives corrigiendo el estilo de los libros de texto en catalán o como alto cargo del Ayuntamiento de Barcelona en el área de cultura. Nos encontramos por tanto ante alguien que sabe de lo que habla, que conoce los entresijos del mundillo político y cultural al dedillo y que, por si fuera poco, siempre conservó aquel punto de lucidez, de escepticismo y de dignidad para no caer, definitivamente, atrapado en las agradecidas redes del gregarismo y del ensimismamiento colectivo. Esta quizá sea la razón por la que muy pronto, Pericay, aun conservando este catalanismo latente fuera del cual es imposible sobrevivir en Cataluña, se fue convirtiendo en un apestado inteligente para la cultura catalana oficial.

El pecado original de Pericay y que marcó indudablemente su itinerario fue creer, junto con otros catalanes como Ivan Tubau, Joan Perucho, Joan Ferraté o Arcadi Espada, que la lengua podía desligarse del nacionalismo. Concebir, en definitiva, la lengua catalana como un instrumento más que como el símbolo nacionalista por excelencia, el leitmotiv para construir una nación política. Durante algún tiempo existió el espejismo de que era posible ser catalanista sin ser nacionalista. Se trataba de un espejismo, en efecto, como acabó descubriendo el propio Pericay, pero durante la etapa de consolidación del pujolismo, Barcelona, Pasqual Maragall y el PSC representaron a nivel cultural el contrapunto al folklore sardanero de las comarcas de terra endins y la única alternativa real al pujolismo a nivel político. Trasunto de ello fue el modelo de catalán que Pericay y Ferran Toutain pergeñaron en un libro que levantó ampollas. Se titulaba Verinosa llengua (1986) y en él sus autores trasladaban su convicción de que la disociación de lengua y comunión patriótica era posible a un nuevo modelo de catalán que debía regir en los retoños medios de comunicación en catalán que se abrían paso justo en aquellos momentos: televisión, radio, prensa en catalán, edición de libros de texto, etc... Pericay y Toutain venían a decir que hasta la fecha los lingüistas de lengua catalana se habían comportado como políticos al haber preferido sistemáticamente las formas del catalán más alejadas del castellano a aquellas que utilizaba la gente de la calle. Los autores de Verinosa llengua abogaban por una lengua normal y moderna, la más parecida posible a la que se hablaba en la calle. Entendían el catalán como un simple instrumento que no debía interponerse en el contenido de lo que se decía, a diferencia de lo que venían haciendo los gramáticos: intentar torturar a los ciudadanos imponiéndoles un modelo de lengua complicado, un constructo intelectual que bebía aún de la poesía romántica. Ni qué decir tiene que el libro cayó como una bomba. El oasis se resintió. El debate trascendía la filología. Era política, entre catalanistas, es cierto, pero política al fin y al cabo. Los puretas alineados con la ortodoxia del Institut d'Estudis Catalans (IEC) les acusaron de todo: de perseguir la destrucción del catalán, de castellanizar la lengua, de rancios españolistas, etc. Pericay se había convertido, de la noche a la mañana, en un apestado para el mundo oficial de la cultura catalana. No obstante, las tesis que defendían en Verinosa llengua se fueron abriendo camino en los medios. Tanto que la efímera aventura -cuatro años- de Diari de Barcelona le dio la gran oportunidad de trasladar su modelo de catalán de nueva planta al viejo Brusi, que orbitaba en torno al PSC. La aventura de un diario de izquierdas en catalán sin ser nacionalista y criticando a los nacionalistas, como se pueden imaginar, acabó mal. Diari de Barcelona cerró a los cuatro años. Sencillamente al PSC, que a medida que veía la posibilidad de desbancar a Pujol se fue tornando más nacionalista, le había dejado de interesar la empresa. No fue la última decepción de parte del PSC. No sé si ya entonces imaginaban que Maragall, tras acceder al poder en diciembre de 2003, se convertiría en más nacionalista incluso que Pujol dando por hecho que la vida pública fuera del nacionalismo era imposible. Constatación que dio lugar al nacimiento de Ciutadans, precisamente por todos aquellos que un día, al cobijo del PSC, creyeron que era posible disociar el catalán de la ideología, del nacionalismo.

Xavier Pericay acaba de publicar un excelente libro de memorias: Filologia catalana. Memòries d'un dissident (Ed. Destino). En catalán, por supuesto, pero del que se entiende sin tener que acogerse a la ayuda de varios diccionarios de lengua catalana. En él encontrarán andanzas tan divertidas e interesantes como la de este modelo lingüístico de nueva planta que tantos quebraderos de cabeza dio a la cultura oficial. Los tiempos han cambiado, sin duda. El oasis ha ido sustituyendo las campañas de difamación personal de antaño por hacer el vacío a sus disidentes. Este es el destino que el oasis tiene reservado a aquellos que han decidido no sacrificarse más por la Patria. Desde el cambio de milenio Pericay, un catalán no catalanista, se ha convertido en un reconocido escritor en lengua castellana.

 
   
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