C.M.C.
CIUTADELLA.- Partido
Popular y Unió des Poble de Ciutadella
abrirán a partir de 1 de octubre una nueva
etapa en el Ayuntamiento marcada por las
coincidencias ideológicas y el deseo de
hacer causa común con el «estricto»
cumplimiento de la Ley, compromiso que
lleva implícito el deseo de presentar
batalla «contra el influjo de oligarquías»,
santo y seña de la cruzada que UPCM
emprendió antes de las elecciones contra lo
que llamó «pequeñas mafias locales».
El preámbulo del documento, cuyo
contenido adelantó en exclusiva EL MUNDO/El
Día de Baleares, asienta los principios de
centro-derecha reformista (PP) y de derecha
social (UPCM) que inspirarán, en adelante,
la acción de gobierno, «en clara oposición
a concepciones marxistas».
Los dos
partidos prefieron una presentación sobria,
por eso los encargados de escenificar el
acuerdo fueron el presidente de UPCM, Juan
Triay, y el alcalde y secretario general
del PP-Ciutadella, Llorenç Brondo. El
primer edil admitió que el pacto -que UPCM
insiste en presentar como el resultado de
acuerdos puntuales para reforzar la acción
de gobierno- dará mayor «estabilidad» al
Ayuntamiento, mientras que Triay agradeció
la «flexibilidad» demostrada por el PP
durante la negociación. Razones no le
faltan.
El apartado referido a los
puntos a desarrollar por ambos partidos es
un calco del programa electoral de UPCM.
Unas concesiones que han venido, sin duda,
obligadas por la necesidad, pero que al PP,
en este momento, no pueden sentarle mal del
todo a la vista de cuál era la situación en
el consistorio.
El preámbulo del
acuerdo es toda una declaración de
intenciones. Los dos partidos firmantes
explican, literalmente, que «la base del
ejercicio del gobierno municipal será el
cumplimiento estricto de la Ley, la
garantía de igualdad de derechos de todos
los ciudadanos, la subordinación a los
intereses generales de nuestro pueblo y la
lucha contra el influjo de oligarquías».
Las pautas a seguir son claras. PP y UPCM
se comprometen a «procurar una acción de
gobierno coordinada», que tratarán de
librar «en la medida que sea posible de
enfrentamientos, aceptando al mismo tiempo
el margen para la crítica y la discrepancia
siempre que sea necesario, dentro de un
contexto de respeto mutuo».
La clave
es evitar que las discusiones domésticas se
aireen en la medida de lo posible a la
prensa. El texto establece que «las
reflexiones y discusiones sobre materias en
las que las dos formaciones no compartan
inicialmente el mismo punto de vista, se
resolverán preferentemente por la vía del
diálogo y del debate interno, descartando
la confrontación mediática previa al uso de
las citadas vías».
Asimismo, las
iniciativas que se presenten al pleno
deberán ser previamente consensuadas por
los partidos. Sólo «excepcionalmente», se
afirma en el documento, «se podrán
presentar iniciativas que no lo estén,
siempre que fuesen puestas antes en
conocimiento de la parte disconforme y
discutidas con ella».
Otro aviso a
navegantes. Cada teniente de alcalde o
concejal será responsable de su área, pero
no podrá entrometerse en la de sus
compañeros.
Para vigilar la buena
marcha del pacto, se creará una comisión de
seguimiento, que se reunirá una vez el
último lunes de cada mes [los meses pares,
en la sede de UPCM, y los impares, en la
del PP]. Ambos partidos tienen ya
perfectamente perfilados quiénes se
sentarán en la mesa. Por parte del PP, lo
harán el alcalde, Llorenç Brondo; Antònia
Gener y Avel·lí Casasnovas. Por parte de
UPCM, al lado del nuevo edil de Personal y
Disciplina Gubernativa se sentarán su mano
derecha, Antonio Florit, y la secretaria de
Organización del partido, Lali Petrus.