ELENA SÁNCHEZ
EIVISSA.- Los
mensajes de texto a través del móvil
tienen, entre otras ventajas, un poder de
convocatoria sin igual. Y llegan
indiscriminadamente a jóvenes, mayores,
ricos o pobres. El pasado lunes se volvía a
leer el popular 'pásalo' a los celulares de
centenares de personas de Eivissa para
adherirse a una «manifestación pacífica»
convocada para ayer martes, a las 17.00
horas, en la Iglesia de Santa Cruz en la
calle Aragón de Vila. El cometido, mostrar
el rechazo de los collages del artista
holandés Ivo Hendriks en los que, entre
otras imágenes, muestran a Juan Pablo II en
una práctica homosexual.
Un centenar
de personas, más mujeres que hombres, se
acercaron ayer hasta la iglesia para unirse
a una manifestación que enseguida fue
abortada por el obispo Vicente Juan Segura
ya que no contaba con la pertinente
autorización. Aunque si hubiese salido
adelante, la imagen hubiese sido un poco
más turbulenta que la que ayer se vivió en
la calle Aragón. «Porque el señor obispo
nos ha dicho que no tenía permiso para
salir si no, claro que hubiésemos desfilado
todos hasta L´Hospitalet a modo de
protesta», explica Carmen Lorenzo Torres,
madrileña afincada en Eivissa desde hace
muchos años. «Hubiésemos salido con el
coche de policía delante y todo y si nos
llevan a la cárcel, pues que nos lleven»,
añade exasperada, aunque con buen humor.
«En el fondo nos lo tomamos con guasa,
¿verdad?», pregunta a sus amigas, que no
paran de reír con un gesto de satisfacción
en sus rostros anunciando que ellas han
contribuido con su protesta acercándose al
lugar de la convocatoria. Pero el buen
humor no lo arregla todo. Están indignadas.
Carmen Marí Escandell dice que le parece
«asqueroso y repugnante» y Lorenzo lo tilda
de «vergüenza».
«No hay derecho a
insultarnos», «nos han herido
profundamente» o «aquí no se respeta nada»
son algunas de los juicios que lanzan ante
una polémica que engordan por la ubicación
escogida para la muestra. Que los collages
de Hendriks se hayan expuesto en
L´Hospitalet les parece una «desfachatez»,
como espeta Marí Escandell. Sus amigas,
Josefa Jiménez, Carmen Gómez de la Serna,
Francisca Ribas, Carmen Marí Escandell y
Carmen Roig defienden la idea: «es una
vergüenza que hayan colocado semejantes
burradas en una iglesia donde se ha hecho
misa hasta hace poco». Sin pelos en la
lengua, critican también la respuesta del
Ayuntamiento ante la que es sin duda la
noticia de la semana en Eivissa. «Me parece
mentira que el señor obispo les pida por
favor que retiren tres cuadros y que las
señoras se hayan negado».
Es la
comidilla. Tras el discurso del obispo en
Santa Cruz y el rezo del rosario no se
hablaba de otra cosa y no para bien.
Magdalena es una de las pocas que
dice haber ido a ver la muestra, pero eso
no cambia las cosas. «No importa ya si eres
creyente o no. No es sólo una cuestión de
fe, sino de ética y respeto hacia los
demás». Además, dice que se trata de un
«insulto en toda regla» y que «debería
castigarse». Para Sandra Mayans, tiene
pocas palabras conciliadoras: «¿le gustaría
que empapelaran toda Eivissa con imágenes
obscenas de algún familiar? Seguro que
no»
Al resto de las mujeres allí
reunidas les horroriza solo el hecho de
pensar en ir a ver esas imágenes y así lo
exponen: «se han metido con lo más sagrado
para mi que es la religión» «Nos han
pisoteado y ofendido». Otras, como Charo
Martín Buitrago se arrepienten de no haber
«cogido un spray y pintar los cuadros» del
holandés.
El ex conseller de
Patrimonio también ha asistido a la
frustrada manifestación. No quiere más que
mostrar su «repulsa a la actuación indigna
e indecorosa del Ayuntamiento» y su
«adhesión al obispo».
La polémica
está y seguirá en la calle. Pero los
collages de Hendriks ya no.