El caso de Federico guarda un
evidente paralelismo con los avatares que
padeció Diego, más conocido por el niño de
El Royo. Tanto en uno como en otro caso, la
voz del menor no ha sido
escuchada.
El periplo de Diego
fue continuo. A los siete días de nacer fue
separado de su madre. A los cinco meses fue
entregado a una familia de acogida. Luego,
fue a la casa de su tía y a una familia de
acogida.
La historia del niño
de la localidad soriana de El Royo se
remonta a 1997. Ese año una sentencia
judicial declaró incapaz a quien, dos años
más tarde, con 42 años se convertiría en su
madre.
A Margarita Bernal, se
le manifestaron los síntomas de su
enfermedad con 15 años: trastorno bipolar
de la personalidad. De la depresión a la
euforia, cíclicamente, y sin
transición.
En 1992,
Margarita conoció en un hospital salmantino
a Luis Lucas, enfermo de esquizofrenia.
Fruto de esa relación nació Diego.
Nadie se había parado a
explicar a la futura madre que había sido
declarada incapaz. A los siete días del
alumbramiento, niño y madre fueron
separados. El bebé ingresó en el centro Los
Charros hasta encontrarle una familia de
acogida.
La familia de acogida
adoptó a Diego como si fuera un hijo
biológico más. Diego, por su parte, los
consideraba como sus verdaderos
padres.
Sin embargo, una
sentencia se interpuso en la felicidad de
El niño de El Royo. Al encontrar una
allegada de la madre natural, la tía, un
juez consideró que procedía arrebatar la
custodia a sus padres adoptivos y
concedérsela a una tía que Diego no
conocía. La oposición del niño no sirvió
para nada.