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  Sábado, 22 de septiembre de 2007 Actualizado a las 00:47
 

El dilema de Federico: pobre en Uruguay o feliz en Mallorca

Este niño de 9 años se niega en rotundo a dejar la Isla: hace cuatro meses se resistió a ser repatriado y tuvieron que bajarlo del avión - Un auto del Juzgado de Inca ordenó que el menor fuera a vivir con su madre, que posee la custodia

  A D E M A S
 Una nueva versión de El niño de El Royo
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LORENZO MARINA

PALMA.- Federico no quiere volver a Uruguay con su madre. Los intentos de repatriación del niño de nueve años han sido vanos. Al menos así ha sido hasta ahora. El comandante del avión le hizo descender después de que el niño rompiera a llorar y empezara a dar patadas cuando ya estaba a bordo. Pese a ello, un auto de un Juzgado de Inca ordena que el menor debe estar con su madre.

Federico reside desde hace un año en la casa de su padre, en el Port de Pollença. Nada más llegar a Mallorca, se topó con un mundo que entonces se le antojaba impensable. Su fracaso escolar pasó al olvido y potenció aún más si cabe su afición al fútbol.

«Aquí duermo solo. No duermo con la abuela ni con la prima», explica el menor mientras sujeta unas botas de fútbol similares a las de su ídolo Ronaldinho. «No me quitan la bici ni me roban la ropa cuando estoy en la calle», argumenta el menor.

Sin embargo, la huida de la pobreza de Uruguay no ha sido el único motivo por el que el menor se ha decantado por Mallorca. El niño también asegura haber sufrido malos tratos. «Mi madre me pegaba siempre. Con la mano, con la chancla...».

Mientras tanto, su padre, Gustavo Pereyra, no se explica por qué no se respeta la voluntad del menor. «El niño salió de Uruguay con el total consentimiento de su madre», puntualizó el padre. «Salió de vacaciones para estar un mes. Como él no quería volverse, lo escolaricé aquí. Ahora no quiere volverse y no lo dejan», insiste.

Gustavo se enteró de que Federico era hijo suyo hace un par de años. A través de unas pruebas de ADN en 2005, Gustavo Pereyra ya tomó conciencia de Federico era su hijo fruto de una relación de juventud. A partir de ese instante, viajó a Uruguay a conocerlo. La sintonía entre padre e hijo fue total. Hasta el punto de que se han hecho inseparables, de momento.

Convenio de La Haya

En cambio, la resolución de la titular del Juzgado de Primera Instancia e Instrucción número dos de Inca no dejaba lugar a las dudas. Con fecha 12 de julio de 2006, la juez ya emitió un auto, en virtud del Convenio de La Haya sobre los aspectos civiles de la Sustracción Internacional de Menores, por el que decidía que Federico debía volver a su país.

La decisión se basa, fundamentalmente, en que la custodia del menor sigue en manos de la madre. La madre, Cecilia Buzzi, promovió un expediente de jurisdicción voluntaria para que Federico volviera a Uruguay.

Paralelamente, el padre del niño planteó un recurso de modificación de medidas para que la custodia del niño fuera a parar al padre. Aún no se ha resuelto.

El pasado 2 de mayo, la titular del Juzgado de Primera Instancia e Instrucción número 2 de Inca emitió un nuevo auto por el que ordenaba la inmediata repatriación del menor. Al no haberse interpuesto recurso alguno dentro del plazo legal correspondiente, el primer auto se hizo firme.

La mañana del pasado 4 de mayo, Federico embarcó en un avión en Son Sant Joan con destino a Montevideo, con una única escala en Madrid. Antes de que el avión despegara, el niño quedó sumido en un profundo estado de nerviosismo y ansiedad.

El padre del menor comunicó a la cónsul de Uruguay en Palma, Beatriz Tellechea, para que se hiciera cargo del niño en ese momento. De repente, el proceso de repatriación de Federico dio un giro inesperado. El niño, bajo ningún concepto, quería regresar a Uruguay con su madre.

Ese mismo día, la cónsul de Uruguay en Palma interpuso una denuncia en el juzgado de guardia en el que hacía constar que el proceso de repatriación, ordenado por el Juzgado de Inca, no se había podido llevar a cabo. «El niño se ha negado produciéndose una circunstancia excepcional por cuanto ha entrado en una crisis nerviosa y de ansiedad», hacía constar la cónsul en dicha denuncia.

El comandante del avión se negó taxativamente a que el niño efectuara el viaje transatlántico en ese estado de nerviosismo. De hecho, lo conminó a que descendiera de la aeronave.

Previamente a este incidente, el 4 de diciembre de 2006, un informe de la psicóloga Manuela Caparrós recomienda, a tenor del «alto grado de adaptación» de Federico, que su padre asuma la guarda y custodia. Por otro lado, la especialista insta a que se establezca un «amplio y consensuado régimen de visitas» de la madre, siempre en periodos vacacionales.

Federico cuenta con más apoyos en la Isla. Así, la Asociación de Uruguayos de Baleares dio ayer tarde una rueda de prensa en la que expresaban públicamente su apoyo a que el niño se quede en Mallorca.

 
   
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