LORENZO MARINA
PALMA.- Federico no
quiere volver a Uruguay con su madre. Los
intentos de repatriación del niño de nueve
años han sido vanos. Al menos así ha sido
hasta ahora. El comandante del avión le
hizo descender después de que el niño
rompiera a llorar y empezara a dar patadas
cuando ya estaba a bordo. Pese a ello, un
auto de un Juzgado de Inca ordena que el
menor debe estar con su
madre.
Federico reside desde hace un
año en la casa de su padre, en el Port de
Pollença. Nada más llegar a Mallorca, se
topó con un mundo que entonces se le
antojaba impensable. Su fracaso escolar
pasó al olvido y potenció aún más si cabe
su afición al fútbol.
«Aquí duermo
solo. No duermo con la abuela ni con la
prima», explica el menor mientras sujeta
unas botas de fútbol similares a las de su
ídolo Ronaldinho. «No me quitan la bici ni
me roban la ropa cuando estoy en la calle»,
argumenta el menor.
Sin embargo, la
huida de la pobreza de Uruguay no ha sido
el único motivo por el que el menor se ha
decantado por Mallorca. El niño también
asegura haber sufrido malos tratos. «Mi
madre me pegaba siempre. Con la mano, con
la chancla...».
Mientras tanto, su
padre, Gustavo Pereyra, no se explica por
qué no se respeta la voluntad del menor.
«El niño salió de Uruguay con el total
consentimiento de su madre», puntualizó el
padre. «Salió de vacaciones para estar un
mes. Como él no quería volverse, lo
escolaricé aquí. Ahora no quiere volverse y
no lo dejan», insiste.
Gustavo se
enteró de que Federico era hijo suyo hace
un par de años. A través de unas pruebas de
ADN en 2005, Gustavo Pereyra ya tomó
conciencia de Federico era su hijo fruto de
una relación de juventud. A partir de ese
instante, viajó a Uruguay a conocerlo. La
sintonía entre padre e hijo fue total.
Hasta el punto de que se han hecho
inseparables, de momento.
Convenio
de La Haya
En cambio, la
resolución de la titular del Juzgado de
Primera Instancia e Instrucción número dos
de Inca no dejaba lugar a las dudas. Con
fecha 12 de julio de 2006, la juez ya
emitió un auto, en virtud del Convenio de
La Haya sobre los aspectos civiles de la
Sustracción Internacional de Menores, por
el que decidía que Federico debía volver a
su país.
La decisión se basa,
fundamentalmente, en que la custodia del
menor sigue en manos de la madre. La madre,
Cecilia Buzzi, promovió un expediente de
jurisdicción voluntaria para que Federico
volviera a Uruguay.
Paralelamente, el
padre del niño planteó un recurso de
modificación de medidas para que la
custodia del niño fuera a parar al padre.
Aún no se ha resuelto.
El pasado 2 de
mayo, la titular del Juzgado de Primera
Instancia e Instrucción número 2 de Inca
emitió un nuevo auto por el que ordenaba la
inmediata repatriación del menor. Al no
haberse interpuesto recurso alguno dentro
del plazo legal correspondiente, el primer
auto se hizo firme.
La mañana del
pasado 4 de mayo, Federico embarcó en un
avión en Son Sant Joan con destino a
Montevideo, con una única escala en Madrid.
Antes de que el avión despegara, el niño
quedó sumido en un profundo estado de
nerviosismo y ansiedad.
El padre del
menor comunicó a la cónsul de Uruguay en
Palma, Beatriz Tellechea, para que se
hiciera cargo del niño en ese momento. De
repente, el proceso de repatriación de
Federico dio un giro inesperado. El niño,
bajo ningún concepto, quería regresar a
Uruguay con su madre.
Ese mismo día,
la cónsul de Uruguay en Palma interpuso una
denuncia en el juzgado de guardia en el que
hacía constar que el proceso de
repatriación, ordenado por el Juzgado de
Inca, no se había podido llevar a cabo. «El
niño se ha negado produciéndose una
circunstancia excepcional por cuanto ha
entrado en una crisis nerviosa y de
ansiedad», hacía constar la cónsul en dicha
denuncia.
El comandante del avión se
negó taxativamente a que el niño efectuara
el viaje transatlántico en ese estado de
nerviosismo. De hecho, lo conminó a que
descendiera de la
aeronave.
Previamente a este
incidente, el 4 de diciembre de 2006, un
informe de la psicóloga Manuela Caparrós
recomienda, a tenor del «alto grado de
adaptación» de Federico, que su padre asuma
la guarda y custodia. Por otro lado, la
especialista insta a que se establezca un
«amplio y consensuado régimen de visitas»
de la madre, siempre en periodos
vacacionales.
Federico cuenta con más
apoyos en la Isla. Así, la Asociación de
Uruguayos de Baleares dio ayer tarde una
rueda de prensa en la que expresaban
públicamente su apoyo a que el niño se
quede en Mallorca.