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  Sábado, 22 de septiembre de 2007 Actualizado a las 01:19
 

CULTURA
Pasarela Cibeles / Miró y Carmen March: del 'backstage' a la pasarela

Los diseñadores mallorquines triunfan en Cibeles con apuestas futuristas y una mirada renovada a la estética 'yuppie'

  A D E M A S
 DOS MALLORQUINES EN CIBELES / La crónica del triunfo El día del 'todo vale'
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LOURDES REYNÉS

MADRID.- La mañana es lluviosa en Madrid. Un chaparrón despide el último día de desfiles en Cibeles. También lo que quedaba de verano. El Retiro, hoy encharcado, ha dado cobijo durante cinco días al pase de tendencias del próximo verano. Una estación muy diferente según quién la firme y según quién la mire. Ayer era el turno de dos mallorquines. Las colecciones de José Miró y Carmen March salían a escena con el eco de la lluvia y el recuerdo de aplausos anteriores. Era el turno de los jóvenes. De los atrevidos. De los que comparten vez a pesar de ser maestros ya con la aguja. Cosas de la organización y del gran número de diseñadores que muestran sus colecciones en Madrid, convertida durante una semana en capital también de la moda.

A las diez y media de la mañana José Miró se hace fuerte en la sala de la puesta a punto. Una legión de peluqueros, maquilladores y esteticistas varios trabajan sobre la tez y cabellera de las modelos. Miró contempla la escena desde la retaguardia. Está tranquilo. Ya son muchos años desfilando en Cibeles. Pero cada vez es distinto. Los peluqueros, en silencio, estiran, secan y pegan mechones de colores estridentes sobre las melenas lacias de las modelos de Miró. La nuca, despejada con horquillas. Unas leen, otras juegan con el ipod ajenas al trajín a sus espaldas. Hay un tenso silencio. «Está todo demasiado tranquilo», comenta José. El diseñador mallorquín se prepara para el gran día. Falta apenas una hora para que sus modelos irrumpan sobre la pasarela. Aparece Carmen March en el set de belleza. Aguarda turno para poner a las suyas perfectas. Posan sonrientes para EL MUNDO/ El Día De Baleares. En una hora, duelo de titanes.

Pese al relativo reposo que percibe Miró, un laberinto de puertas y gentío envuelve el backstage. Sitio apto sólo para diseñadores, modelos y prensa. Una pequeña gran familia donde no se vislumbra un atisbo de colmillos retorcidos ni zancadillas o empujones. De cara a la galería hay cordialidad. De perchas adentro, será otra historia. Reina un ambiente cool. Fashion víctims a diestro y siniestro. Ellas con pañuelos palestinos al cuello y las omnipresentes plataformas. Ellos, camisetas customizadas y vaqueros ajustados con muchas cremalleras. Los diseñadores, pendientes de la peluquería y el maquillaje. Muy etéreo. Rostros pálidos y eye liner rojo en el caso de las chicas de Miró. Las modelos de Carmen, con recogidos desenfadados marcado un leve tupé. No se ven curvas. Más bien todo lo contrario.

De la chapa y pintura, las modelos pasan a vestuario. Allí, Noelia, Elena y Marta les ayudarán a vestirse y cambiarse tras cada pase a la velocidad del rayo. Son estudiantes de diseño y ésta es también para ellas su gran semana.

Antes del desfile parecen tranquilos. Cuando se acerca la hora, el nerviosismo es latente. Dicen que Carmen ha tenido que reconstruir el desfile porque no han llegado dos trajes. No parece que cunda el pánico. Todo lo contrario. Prueba de que está todo bajo control. Las modelos no hablan. Tampoco sonríen. Todo muy profesional. Parecen de otro mundo. Las prendas cuelgan de una percha. Cada una identificada con la foto de la modelo que las va a lucir. Los accesorios, a buen recaudo. Los de Carmen los firma Helena Rohner. Cada zapato con su pareja. Todos muy altos. Y muy grandes. Ellas son de pie largo acorde con su estatura. Parecen muy jóvenes aunque el maquillaje les eche años encima.

Se toman un café antes del desfile. Algún que otro pitillo también. No hay reglas sobre humo. Al menos no en el backstage. Las modelos se cambian sin pudor. La encargada de la sala de maquillaje advierte amablemente a los fotógrafos de que se abstengan de retratar los torsos desnudos. Mientras tanto, ellas leen y escuchan música. Apenas hablan. El cásting es internacional. De lo mejor que se ha visto en Cibeles, dicen los entendidos. Carmen y José están tranquilos. La procesión va por dentro.

Sólo se escucha un «vamos, vamos, vamos» como advertencia de que el tiempo ya no corre a su favor. Ambos están bien acompañados de una tribu de ayudantes y también confidentes. Carmen confía en su hermana Catalina. José, en Peyo. El diseñador mallorquín recibe un ramo inmenso antes del desfile. «Es de la alcaldesa», reconoce.

No queda nada para el inicio del show. Meses de trabajo que se resumen en salidas. Quince minutos de gloria contenida.

Se apagan las luces. Silencio absoluto. Los últimos vips toman asiento. Catalina Cirer y Francisca Bennàssar, incondicionales del genio mallorquín. De los nuevos, fueron a contemplar la magia de Miró la consellera de Comercio, Xisca Vives y la concejala de Cultura, Nanda Ramon. Nacionales estaba el modelo y actor Iván Sánchez, para más señas, fornido chico del 112 en la serie Hospital Central. También las hermanas María José y Cristina Hidalgo. Miró vestirá Air Europa. La compañía colabora en el desfile.

Suena la música electrónica. Comienza el pase. Las chicas mechanicalplayer irrumpen sobre la pasarela. Impulsos eléctricos y música de Ruspell acompañan a unas modelos del futuro. La estética manga se apodera de Cibeles durante quince minutos vibrantes que intercalan prendas futuristas al más puro estilo Blade Runner con conjuntos más ponibles época Candy Candy. La top Madeleine Hört deslumbra a todos. La acompañan a ras de pasarela, Marina Pérez y Laura Sánchez. El trío acompaña a la musa de José Miró, la modelo mallorquina Xisca Vives que luce uno de los looks más atrevidos con casco rojo y pitillo elástico del mismo color. El desfile es un guiño a la geometría y la proporción, con capuchas, pantalones, faldas y vestidos imponentes de lúrex, punto y algodón. Es sin duda su colección más ponible. Sin dejar de ser impactante. Tops lenceros y faldas con volantes comparten escenario con blusones y pantalones oversize y torsos desnudos, tan sólo vestidos con el dibujo de un pez en henna. La imagen de un ángel enfundado en un vestido de gasa transparente despide a Miró entre aplausos. Un año más ha tocado el cielo.

Sin tiempo para casi nada se hace de nuevo de noche en Cibeles. Carmen firma su colección de verano y apenas faltan unos minutos para las dos y cuarto. El desfile empieza con un poco de retraso. Los invitados de Carmen toman asiento. Su madre, María Antonia Juan ejerce de perfecta anfitriona. A Carmen le acompañan en la grada sus primos, Alfonso y Tomeu Fierro. También Catalina, su hermana, que organiza a los incondicionales de Carmen en la grada. La expectativa es máxima. Su última colección fue magistral. Covadonga O'Shea y Doña Margarita de Bulgaria, en primera fila. De nuevo, oscuridad sobre el catwalk. Suena David Bowie. La música corre a cargo de Juan Gómez-Acebo. Un foco fucsia ilumina el camino de la primera modelo. La estética yuppie del Nueva York de los ochenta se apodera de Madrid. Hombros marcados con hombreras, cinturas entalladas y altísimas y trajes chaqueta con exquisito corte, son los primeros trazos de un desfile espectacular. La noche se tiñe de color fucsia. Y plateado. Estética disco. Revival de Studio 54. Superposiciones marcando cintura. Colores grises y ácidos. Carmen se inspira en Montana y Alaia. Los tejidos etéreos. Muselina de seda, lino, algodón y mucho brillo para la noche ochentera. El día se adorna con pulseras XXL y pendientes geométricos. Los zapatos, siempre de cuña. Un mono estampado rompe la gama de colores. Pantalones sueltos con camisetas de tirantes con suave caída. Las faldas, muy minis. Incluso alguna torera.

El público inmóvil contempla el devenir de los minutos mágicos donde moda y belleza desfilan a la par. Miradas que escrutan cada punto. Cada corte de la tijera de unas costureras que nadie ve, pero ahí están. Trabajan en la sombra. Se acaba la música. Se suceden los aplausos. Fuertes y seguidos. Son para ellos. Para su equipo.

Llueven las felicitaciones. Fuera, ya hace sol. El kissing room felicita a la diseñadora. Champán y besos. Gente de Madrid y también de Palma como Marta Gayá.

José sale a saludar tras un desfile bestial. Vaqueros y camiseta verde. Carmen se ha cambiado. Ha pasado de bermudas negras y camiseta a un traje mucho más sofisticado. Responde tímidamente a los aplausos.

El duelo M&M acaba en tablas. Triunfa la apuesta futurista de Miró. Entusiasman los ochenta de Carmen March. Es el final de una mañana que empezó muy pronto.

 
   
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