M. ROURA
CAMPANET.- Trece buitres
negros emprendieron ayer un vuelo a ras del
suelo desde Mallorca. A 12 horas en barco y
en camioneta les espera su nuevo hogar: las
zonas de Verdon y Baronnies, en los Pre
Alpes franceses. Son montañas que, después
de más de un siglo y medio de orfandad,
volverán a ser sobrevoladas por estas
rapaces de más de dos metros de
envergadura.
Nacidos hace dos o tres
años en los Ibores o Monfragüe
(Extremadura), la vida de estos animales se
vio truncada al colisionar con un tendido
eléctrico o al ser víctimas de un disparo y
de la desnutrición.
Abandonaron,
desahuciados, su colonia natal para viajar
a Mallorca y formar parte de un proyecto
que desde 1986 emprende la Fundación para
la Conservación del Buitre Negro con el fin
de reintroducir y preservar esta
rapaz.
Bajo cuidados intensivos, los
trece ejemplares han permanecido cerca de
un año acomodados en un enorme jaulón
(aviario) con vistas a Campanet y con la
tranquilidad de la Fora Vila. Hasta que ya
estuvieron prácticamente recuperados. Sólo
les faltaba una cosa: poder volar de nuevo.
Para ello, fueron trasladados a una enorme
jaula en la que pudieron desarrollar la
musculatura.
Y llegó el momento,
ayer, del principio del fin de su
cautividad. Un equipo de expertos
franceses, de las entidades LPO-PACA y la
Asociación Vautours de Baronnies, llegó a
Campanet en un camioneta a primera hora de
la mañana.
Pero inmovilizar a una
rapaz asustada de casi ocho kilos y de una
envergadura de 250 centímetros y mantenerse
a salvo de garras y picos no es tarea
fácil. Todo ello, además, causando el
mínimo estrés al animal. Un miembro de la
Fundación entra en el aviario. Tras
estudiar el terreno, echa un trapo ligero
sobre un buitre negro. Con una mano le
inmoviliza las garras, evitando que pueda
cerrarlas, y con la otra le sujeta
cuidadosamente el cuello. Es el momento en
que entran otras dos personas para
anillarla con una marca propia y
personal.
Lo mismo sucede con los
otros 12 ejemplares. A cuatro de ellos, sin
embargo, todavía les queda otro momento de
estrés. La Fundación debe extraerles sangre
para determinar su sexo; pues no es posible
distinguirlo a simple vista.
A las 11
horas todo está listo. Juan José Sánchez,
el director de la Fundación, no se olvida
de entregar a sus colegas franceses todo el
papeleo para que los buitres puedan cruzar
la frontera con los pasaportes en
regla.
A su llegada a los Pre Alpes
franceses, los 13 buitres no recuperarán su
libertad de inmediato. Deberán aclimatarse
durante un mes. Después, tras todo este
tortuoso periplo, podrán volver a extender
sus alas, marcados con un radiotransmisor
de cola.
50
ejemplares
Según explicó Evelyn
Tewes, directora del centro y coordinadora
de proyectos, el objetivo es reintroducir
50 buitres negros en los Pre Alpes, el
mínimo de individuos que garantiza la
estabilidad y el crecimiento de una
población.
Este proyecto sólo es
parte del plan global para reintroducir el
buitre negro en Europa. Desde hace 10 años,
la Fundación y la LPO empezaron a liberar
ejemplares en la Cevennes, una región del
macizo central francés que llevaba más de
su siglo y medio sin buitres negros.
Gracias al proyecto, ya hay más de 17
parejas y un total de 60 ejemplares. La
proximidad entre las dos áreas francesas,
los Pre Alpes y el macizo central, hará
posible la conexión de las dos poblaciones.
Asimismo, la Fundación, en
colaboración con la Fundació Territori i
Paisatge, ha iniciado recientemente la
reintroducción en el Pirineo catalán.