Como el Cid, después de muerto Juan
Pablo II sigue ganando las batallas que
emprendió en vida al servicio de los demás.
Nada tiene de particular que en nuestra
querida Ibiza algunos entiendan lo de
"dar y recibir" al modo que más
gusto les da y quieran hacer gráficamente
partícipe de su pasión amorosa al, también
así reconocido, mayor icono moral de
nuestro tiempo.
Lo que no termina de
agradarme es que un espacio emblemático del
arte y la cultura con respaldo municipal
renuncie a la provocación, a la audacia, a
la valentía y sobre todo a la libertad.
Poco tiene de audaz, de provocación o de
valiente, pretender ofender a quienes han
sido educados no solo para perdonar
siempre, sino para amar a quienes les
ofenden. ¿Qué mérito tendríamos si amasemos
tan solo a quienes nos hacen
bien?.
Menos resplandece en el
municipal templo del arte, que disfruta
gracias a la generosidad católica, la
pasión por la libertad. No aman la libertad
quienes sólo aman la suya. Amar la libertad
de profesar las propias convicciones
significa movilizarse cuando son las
convicciones de los otros las que son
objeto de conculcación, escarnio, mofa,
burla, o cualquier otro
menoscabo.
Como católica, y como
persona que en su día asumió la
representación de Ibiza en las listas de un
determinado partido, me siento orgullosa de
no haber escarnecido a las personas de
credos religiosos y morales y de ideas
políticas distintas, e incluso antagónicas,
de las mías. Agradezco a todos los alcaldes
que, durante décadas y en miles de ciudades
y pueblos de toda España, jamás han
patrocinado exposiciones en los que a las
figuras de Pablo Iglesias, la Pasionaria o
Carlos Marx, Jomeini, Mahoma, o a cualquier
otro referente político o religioso de una
parte de la ciudadanía, se le dé el trato
infantil, ingenuo y pueril, impropio de
personas adultas, maduras y favorecedoras
del respeto y la convivencia, que se está
dando en Ibiza al que en vida, y ya cadáver
en la Plaza de San Pedro, fuese reconocido
como el líder mundial más querido y
amado.
No se trata de cerrar la mente
a las vanguardias y a la provocación
inteligente que nos permite saber más de
nosotros mismos. El que, muerto Picasso,
fue considerado sumo pontífice de la
vanguardia, Andy Warhol, quien alumbró el
pop art que desde New York se extendió por
todo el mundo, no acogería en su Factory
ningún ejercicio de pueril provocación,
como éste.
La provocación, para
canonizarla en el olimpo de las
vanguardias, ha de estar preñada de
creación, valentía y sobre todo libertad,
virtudes que no brillan en la exposición
que estos días auspicia el ayuntamiento,
cuando se quiere ofender y ni siquiera eso
se consigue, porque no ofende quien quiere
sino quien puede.
Mª Luisa Cava de
Llano es Adjunta Primera del
Defensor del Pueblo.