Marios Eleftheriadis aparece en el
Espai Quatre y coloca a los asistentes una
pulsera de tela con la inscripción que
titula su propuesta: 'El pecado salva'. El
artista griego destierra las normas
impuestas en una divertida instalación
-esculturas, vídeos y
objetos- comisariada por Neus
Cortès. «Soy un pensador político y
religioso con una postura antipolítica y
antirreligiosa», proclama ante su obra.
El conocimiento de los
pecados te librará de ellos, sostiene en un
mundo entregado a la imaginación, los mitos
y la extravagancia.
La
redención se materializa en chalecos
salvavidas adornados con todos los objetos
imaginables. Cada uno es un universo de
pecados en sí mismos: desde mariscos a
piernas de barbies. «Son el medio de la
salvación donde cada uno puede mostrar y
hacer ostentación de su pecado que lo
salva».
Los juegos y metáforas
se extienden a un mundo fantástico de
animales que ocupan tronos reales, a otros
ficticios -mitad ciervo, mitad
persona asexuada- que llaman al
lujo, a la riqueza y a la exageración. La
purificación pasa por el brillo y lo
barroco. El pecado está muerto desde el
mismo momento que se racionaliza su
existencia. La deidad se cuestiona a través
de los símbolos y Eleftheriadis se ríe de
los que un día le hicieron sentir la
culpa.