ESTEBAN URREIZTIETA
PALMA.- El
Ayuntamiento de Palma ha reestructurado por
completo la composición de la Comisión de
Centro Histórico para poder controlar a
partir de ahora sus dictámenes. El
Consistorio comandado por el PSOE ha
decidido, como primera medida, vaciar de
técnicos independientes el órgano encargado
de velar por la protección de los edificios
o de aquellas zonas que merecen ser
preservadas atendiendo a su interés
cultural.
El Ayuntamiento dirigido
por la alcaldesa Aina Calvo ha preservado,
eso sí, una mínima cuota de especialistas a
los que relegará a un papel meramente
simbólico y hará que el peso de los
dictámenes recaiga única y exclusivamente
sobre los cargos políticos. Se acabarán así
las incómodas resoluciones de la Comisión
de Centro Histórico que daban al traste con
un buen número de iniciativas políticas,
simple y llanamente porque contravenían el
interés general.
Y es que cabe
recordar que la importancia de las
decisiones de este organismo es tal que los
técnicos municipales no están autorizados a
conceder licencias de obras si la Comisión
de Centro Histórico se opone. Y no hay
ninguna otra alternativa. Si este organismo
se postula a favor de la protección de una
zona o de una edificación, no queda otra
opción que preservarla.
Hasta ahora y
bajo el mandato del PP, la Comisión de
Centro Histórico contaba con un total de 18
vocales. Todos ellos con voz y voto. Ahora
el número de los mismos se reduce
drásticamente y queda fijado en apenas una
decena.
Clase de vocales
Pero es que, además, se
introduce una diferenciación inédita hasta
el momento. Ya no gozarán todos ellos de la
misma consideración. Habrá, por primera vez
desde su creación, clases. Con voz y voto y
con voz pero sin capacidad decisoria
alguna. Integrantes de primera y de segunda
categoría.
La Comisión seguirá
estando presidida por la alcaldesa de
Palma. Si durante los últimos 4 años lo ha
venido haciendo Catalina Cirer, Aina Calvo
la relevará en su puesto. Pero de ahí en
adelante todo son cambios. En lugar de
haber un solo vicepresidente, el concejal
de Vivienda, ahora habrá dos.
El
puesto que ostentaba el popular José
Manuel Sierra pasará a manos de la regidora
de Cultura, Patrimonio y Política
Lingüística, Nanda Ramon. Ella, la
principal impulsora de la renovación, será
la vicepresidenta primera. La segunda de
las vicepresidencias correrá a cargo de la
directora de Patrimonio, Archivos y
Bibliotecas.
El núcleo
duro
Habrá cinco vocales de
categoría superior, en su mayoría, de tinte
político. Entre ellos, el gerente de
Urbanismo; y el concejal de Vivienda. Les
acompañarán un representante del Colegio de
Arquitectos; el de la Universidad de las
Islas Baleares (UIB); y otro del Colegio de
Licenciados. Éste será el núcleo sobre el
que gravitarán las decisiones. La Comsión
la completarán, «con voz pero sin voto» los
verdaderos expertos en la materia.
Es decir, el jefe de la Unidad
Técnica de Centro Histórico; la arqueóloga
municipal; un representante de la entidad
conservacionista ARCA; y otro de la
Sociedad Arqueológica Luliana.
Si nos
fijamos en el modelo anterior, frente a 8
representantes políticos, había nada menos
que 13 técnicos. Así, el peso de las
determinaciones de unos y otros, todos
ellos con voz y voto, era el mismo. Con la
peculiaridad de que la proporción de
técnicos era de casi el doble y en el
resultado final primaba siempre el criterio
de los expertos. Ahora sin embargo la
balanza se inclinará del lado opuesto,
pesando más los criterios políticos que los
estrictamente culturales y, en definitiva,
de interés general.