Cuando Sarkozy dijo aquello de
que aspiraba a que los alumnos se pusieran
en pie cuando entrara el profesor, algo se
conmovió en el alma, no sólo de los
franceses, sino de los europeos. Todo el
mundo entendió perfectamente lo que quería
decir Sarkozy, en materia educativa y más
allá de la materia educativa. Lo que
proponía, obviamente, era la recuperación
de una serie de principios y valores
olvidados, tanto por una izquierda que no
acaba de asimilar lo que es una democracia,
tal vez porque este concepto no está en su
biografía, como por una derecha
contaminada por estos valores
-entre comillas- de la izquierda.
La
educación en España es un desastre: la peor
de toda Europa. Y, en Baleares, todavía
está peor que la pésima media española como
atestigua tanto el más alto porcentaje de
fracaso escolar del país como el
funcionamiento de la casi totalidad, con
alguna excepción, de la escuela pública y
de buena parte -también- de la escuela
privada.
Las cosas van a ir a peor
con el Pacto de Izquierdas. Ya iban mal con
unos gobiernos del PP que, amén de cometer
errores imperdonables como el Decreto de
Mínimos, fueron incapaces de presentar un
proyecto educativo alternativo, claro y sin
avergonzarse, al desastroso panorama
educativo que ha tenido en los socialistas
el primer y máximo responsable. Ya puede
atarse los machos el PP: la educación será,
previsiblemente, uno de los sujetos
estrella de las próximas
autonómicas.
El Govern de
Antich, a través de una consellera
que sólo ha emitido tópicos y lugares
comunes, va a acentuar la catástrofe
educativa, entre otras razones porque está
convencido que los principios, filosofía y
prescripciones de la nefasta LOGSE
representan la excelencia, el progresismo y
la calidad educativa.
Los
socialistas tienen claras algunas cosas. De
entrada, que los alumnos no deben
levantarse cuando entra el profesor: sería
una expresión traumática, no de
auctoritas, sino de autoritarismo. A
continuación, que la enseñanza debe ser
democrática, cuando de democrática
no tiene ni debe tener nada. La democracia
es para elegir a los que nos gobiernan y
para expulsarlos del poder. La enseñanza
-como la familia, como el ejército, como la
empresa, como la redacción de un periódico,
como la Iglesia- no es democrática,
sino jerárquica. Encima, en la docencia,
unos saben -los que enseñan- y otros no
saben, los alumnos.
Creen algunas
cosas más nuestros socialistas. Por ejemplo
que la igualdad -tal y como ellos la
conciben- debe impregnar todo el sistema
educativo. Pero, cuando hablan de
igualdad no se refieren a igualdad
de oportunidades, sino a igualdad de
resultados. Por esto satanizan el esfuerzo,
el estudio, la memoria, la inteligencia, la
competitividad, la excelencia en una
palabra. El punto de referencia no es el
primero de la clase, sino el último, el más
vago o el más torpe. De ahí que la LOGSE
haya generado varias generaciones de semi
analfabetos irrecuperables. Y de ahí, por
ejemplo, esta insensatez de la ministra
Cabrera Calvo Sotelo de que se pase
curso con cuatro asignaturas
suspendidas.
El reaccionarismo que,
bajo este buenismo de la igualdad,
representan estas creencias es pavoroso.
Los alumnos pobres de la LOGSE serán
damnificados de por vida a causa de su
escasa y nefasta educación. Los alumnos
ricos de la LOGSE compensarán las
deficiencias educativas, alargando su
tiempo de estudio, cursando carísimos
masters y completando su formación
en el extranjero. No sé dónde he leído
estos días que, así como nos habíamos
librado del franquismo ahora convendría que
nos libráramos del antifranquismo
indiscriminado, entre otras razones porque
la educación del franquismo -con sus
carencias, autoritarismo excesivos y
estudios basados en la memorística- no sólo
era infinitamente mejor que la actual, sino
que propiciaba una permeabilidad social
gracias al esfuerzo, la inteligencia y
preparación de unos jóvenes y al margen de
su condición o extracción
socioeconómica.
Los socialistas creen
que la escuela no debe transmitir
conocimientos, sino educar, subrogándose el
Estado en el derecho y en el deber
irrenunciables de los padres. Por esto
surge -con voluntad de adoctrinamiento- la
Educación de la Ciudadanía. Por esto, el
Govern de Izquierdas intenta neutralizar
con excusas que no ocultan su sectarismo,
la aparición de los colegios del Opus o
retiran la subvención a un colegio católico
de Ibiza. Los que hemos pasado por la
Universidad de Navarra sabemos que allí se
transmiten conocimientos, no doctrina, ni
las máximas de Camino. Y los que han sido
tratados en la Clínica Universitaria de
Pamplona, saben que allí se hace ciencia,
se trata a enfermos y enfermedades: no se
celebran laudes ni ejercicios espirituales.
Por esto la Universidad y la clínica
pamplonicas figuran entre las mejores
universidades y clínicas del mundo. La
oposición a los colegios palmesanos del
Opus es trasunto de este odio a la
excelencia y de este amor al igualitarismo
reaccionario.
Para colmo, a este
siniestro y desalentador panorama educativo
hemos de añadir esta pesadilla del
catalanismo, compartido y propiciado por
los socialistas. Escribía hace unos días
Ramoneda un artículo -por lo demás,
discutible- en el que propugnaba que había
que construir un sociedad incluyente
y no excluyente, un país de
ciudadanos y no de patriotas, porque la
ciudadanía -decía- es una condición
objetiva y un derecho de todos, mientras
que el patriotismo es una opción subjetiva
que no otorga ningún derecho particular.
Aquí, el patriotismo -encima patriotismo
catalanista- es minoritario, rozando lo
grupuscular, pero se convierte en
obligatorio, muy especialmente en la
escuela. O sea, que vamos aviados para
estos cuatro años.
Personalmente,
pienso que el PP -de una vez por todas-
debería aprovechar su travesía por el
desierto para articular una alternativa
educativa total y en las antípodas de esta
izquierda claramente hija de la LOGSE. Y
las familias deberían concienciarse,
también de una vez por todas, que lo que
está en juego es el futuro de sus hijos. Un
futuro tan garbancero como la garbancera
educación que defiende el PSOE.