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  Miércoles, 19 de septiembre de 2007 Actualizado a las 00:22
 

EL ÁGORA
Flojos en productividad

JAVIER MACÍAS


Cada vez que se plantea a los Sindicatos el déficit que ofrece Baleares en materia de productividad, -en el 2006 hemos disminuido un 2'4% respecto a 2005-, rápidamente esgrimen el número de visitantes que hemos tenido, la facturación registrada en los subsectores del turismo, el comportamiento del PIB, Producto Interior Bruto, etc. Llegados aquí, es obligado recordar que no estamos hablando de lo mismo. Producción no es productividad.

Emplear una actitud productiva es ser puntuales a la hora de asistir a las reuniones y a los encuentros profesionales, exigirnos seriedad en el cumplimiento de los tiempos tanto al comienzo como a la finalización de los encargos, establecer el máximo rigor en el momento de tomar la información con el deseo de realizar el trabajo adecuadamente, etc. (Desconociendo la razón, los asuntos se tratan tres veces cuando con una bastaría).

Fontaneros, electricistas, pintores, albañiles y gentes de buen vivir raramente toman nota de las indicaciones que les damos, por lo que al hacer el trabajo otro operario no es nada extraño que se deba rectificar lo efectuado, provocándose las lógicas diferencias a la hora de pagar. No es casual que la construcción sea el sector en donde el ratio de productividad ha sufrido la caída más acentuada, exactamente un 5'4% , de ahí que el hábito de repetir lo ejecutado, independientemente de encarecer los trabajos, está mermando la capacidad de ampliar la actividad.

Telefonistas y secretarias, al comunicarnos que la persona por la que hemos preguntado no se encuentra en el despacho, no reclaman nuestro número de teléfono con el deseo de ponerse en contacto con nosotros inmediatamente después de que haga acto de presencia. Requerir los datos de una manera y que nos los presenten de otra, forma parte del juego de la disfunción laboral, sin olvidar la señal de complicidad que ofrece a sus compañeros el colaborador a quien hemos solicitado el encargo, advirtiendo así nuestro grado de neurosis. Raramente llegan a sospechar el hecho de que una toma de decisión correcta tiene que ver con las informaciones ordenadas que, a nuestro estilo, se colocan encima de la mesa.

El director del Centro de Investigación Económica de Sa Nostra, Antoni Riera, puso el dedo en la llaga al advertir, con motivo de la presentación del Informe Económico y Social de las Baleares, que una amplia reforma educativa, laboral y de innovación era necesaria si queríamos asegurarnos el crecimiento de la economía de las Islas en los próximos años. Conseguir los objetivos que se han planificado, obtener una aceptable cifra de ventas, saber diversificar los riesgos, etc. tiene que ver con el dominio que se tenga de los tiempos y movimientos, es decir de la productividad. Y esta particularidad raramente se contempla.

Si el gobierno del señor Antich desea mantener un crecimiento natural de la economía sin cargarse el paisaje, -la construcción suele ser el gran recurrente-, deberá enfrentarse a una reconversión en toda regla -aquí el Conseller de Economía tendría mucho que decir, sugiriendo qué actividades deben emerger y cuáles tendrían que ir suprimiéndose-. Una decisión de este tipo, siendo objetivos, no ha querido tomarla ningún gobierno balear hasta la fecha, entre otras razones porque perciben que «la base imaginativa y de productividad que se necesita al objeto de poner en marcha las nuevas opciones, esta ensombrecida por una mentalidad demasiado especuladora». Recordando las promesas efectuadas en el tiempo de las elecciones, si llegara a constatarse la nula aplicación de medidas para llevar a cabo las necesarias reformas, habrá que admitir la razón del refranero cuando dice: «Una cosa es predicar y otra bien distinta dar trigo».

 
   
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