Cada vez que se plantea a los Sindicatos
el déficit que ofrece Baleares en materia
de productividad, -en el 2006 hemos
disminuido un 2'4% respecto a 2005-,
rápidamente esgrimen el número de
visitantes que hemos tenido, la facturación
registrada en los subsectores del turismo,
el comportamiento del PIB, Producto
Interior Bruto, etc. Llegados aquí, es
obligado recordar que no estamos hablando
de lo mismo. Producción no es
productividad.
Emplear una actitud
productiva es ser puntuales a la hora de
asistir a las reuniones y a los encuentros
profesionales, exigirnos seriedad en el
cumplimiento de los tiempos tanto al
comienzo como a la finalización de los
encargos, establecer el máximo rigor en el
momento de tomar la información con el
deseo de realizar el trabajo adecuadamente,
etc. (Desconociendo la razón, los asuntos
se tratan tres veces cuando con una
bastaría).
Fontaneros, electricistas,
pintores, albañiles y gentes de buen vivir
raramente toman nota de las indicaciones
que les damos, por lo que al hacer el
trabajo otro operario no es nada extraño
que se deba rectificar lo efectuado,
provocándose las lógicas diferencias a la
hora de pagar. No es casual que la
construcción sea el sector en donde el
ratio de productividad ha sufrido la caída
más acentuada, exactamente un 5'4% , de ahí
que el hábito de repetir lo ejecutado,
independientemente de encarecer los
trabajos, está mermando la capacidad de
ampliar la actividad.
Telefonistas y
secretarias, al comunicarnos que la persona
por la que hemos preguntado no se encuentra
en el despacho, no reclaman nuestro número
de teléfono con el deseo de ponerse en
contacto con nosotros inmediatamente
después de que haga acto de presencia.
Requerir los datos de una manera y que nos
los presenten de otra, forma parte del
juego de la disfunción laboral, sin olvidar
la señal de complicidad que ofrece a sus
compañeros el colaborador a quien hemos
solicitado el encargo, advirtiendo así
nuestro grado de neurosis. Raramente llegan
a sospechar el hecho de que una toma de
decisión correcta tiene que ver con las
informaciones ordenadas que, a nuestro
estilo, se colocan encima de la
mesa.
El director del Centro de
Investigación Económica de Sa Nostra,
Antoni Riera, puso el dedo en la
llaga al advertir, con motivo de la
presentación del Informe Económico y Social
de las Baleares, que una amplia reforma
educativa, laboral y de innovación era
necesaria si queríamos asegurarnos el
crecimiento de la economía de las Islas en
los próximos años. Conseguir los objetivos
que se han planificado, obtener una
aceptable cifra de ventas, saber
diversificar los riesgos, etc. tiene que
ver con el dominio que se tenga de los
tiempos y movimientos, es decir de la
productividad. Y esta particularidad
raramente se contempla.
Si el
gobierno del señor Antich desea
mantener un crecimiento natural de la
economía sin cargarse el paisaje, -la
construcción suele ser el gran recurrente-,
deberá enfrentarse a una reconversión en
toda regla -aquí el Conseller de Economía
tendría mucho que decir, sugiriendo qué
actividades deben emerger y cuáles tendrían
que ir suprimiéndose-. Una decisión de este
tipo, siendo objetivos, no ha querido
tomarla ningún gobierno balear hasta la
fecha, entre otras razones porque perciben
que «la base imaginativa y de productividad
que se necesita al objeto de poner en
marcha las nuevas opciones, esta
ensombrecida por una mentalidad demasiado
especuladora». Recordando las promesas
efectuadas en el tiempo de las elecciones,
si llegara a constatarse la nula aplicación
de medidas para llevar a cabo las
necesarias reformas, habrá que admitir la
razón del refranero cuando dice: «Una cosa
es predicar y otra bien distinta dar
trigo».