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  Miércoles, 19 de septiembre de 2007 Actualizado a las 00:22
 

LA DANZA DE BES
Novillos y picadores

JORGE MONTOJO


¡Qué difícil es estudiar en Baleares! El fracaso escolar sangra al 40% de los alumnos en estos tiempos hipócritas de anormalidad lingüística. La voluptuosa naturaleza invita a la escapada y semeja un pecado panteísta el asistir a la clase impartida por algún talibán que sigue la doctrina del imán Carod -incomprensiblemente dominan sus satélites divisores el noble y universal campo de la Educación- cuando puedes estar nadando en las aguas turquesas junto a la al.lota de cuya piel de melocotón te diste cuenta cierto día, cuando despertaste súbitamente a la sensualidad rasgando el velo que tenías sobre los ojos. «La primavera ha venido. Nadie sabe cómo ha sido».

Es entonces cuando el adolescente piensa, sin necesidad de haber leído a los clásicos, que la verdadera escuela es la vida misma; cuando despierta su hambre por la poesía y se da cuenta de qué fabuloso es eso de pensar por uno mismo. Mágica experiencia que logra la máxima aspiración del profesor de vocación auténtica: que sus alumnos sean libres.

Aunque pocos son los que se dedican a los deliciosos juegos prohibidos. La mayoría opta por la consola o la estúpida televisión (inquietante medio globalizador que ha dejado a padres y profesores en un tercer plano). Tal vez si en la escuela les mostraran los avatares de Edmundo Dantés, la ambigüedad de Long John Silver o las sensoriales cabalgadas del marqués de Bradomín podría acabarse con la hegemonía de esa igualadora caja de Pandora tan peligrosa como estúpida.

La televisión es el principal medio educador de nuestros días. Y si alguien tiene paciencia para observar la predominante programación infantil se asustará de lo que los burócratas que prohiben fumar a los adultos permiten emitir a los niños.

La frecuente violencia en las aulas de la que se quejan los enjutos maestros ya nada tiene que ver con las deportivas peleas: hemos pasado de Mowli a unos mangas japoneses tan vulgares como sangrientos; del Capitán Trueno a la hipnótica consola de juegos. Y eso, a ciertas edades, determina posteriores comportamientos que no pueden extrañarnos. Blancanieves, el pato Donald, Sandokan, Willie-Phileas Fogg o los índicos viajes de Simbad -¡por no hablar del fantasioso maquinista Micky Mouse!- han quedado en la prehistoria infantil. Esas historias rezumaban bondad, sueños y sentido del humor. Hoy en día los dibujos tienen la seriedad del burro e infinita más violencia que un spaghetti western.

Posiblemente, los que mandan hoy tanto en los planes escolares como en las tendencias de la TV nunca fueron niños y desean amargar tempranamente las ilusiones. Ya se sabe lo mucho que odian algunos cretinos el cándido aroma de la felicidad.

Es una decadencia bastante barata en la que estamos inmersos, y los datos de este escalofriante fracaso escolar confirman la tendencia vulgarizadora de la sociedad desde la rama más joven.

 
   
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