Sí, como niños malos que pasan gustirrinín haciendo que los mayores pongan cara de pasmo, asombro o escándalo cuando se bajan el pantaloncito y enseñan el culito.
Es la cuestión de la pérdida del sentido de los límites. Que haberlos siempre los hay, porque los humanos no tenemos nada ilimitado, ni siquiera la libertad. Lo cual está muy bien, pues si pensara que no hay límites sería sartriano. Y para mí, los otros no son el infierno.
Total: en el ejercicio de su libertad ilimitada, el ínclito Ayuntamiento de Ibiza ha creído que tiene que montar en el edificio que dispone de una de las iglesias más antiguas de la Isla, una exposición no sólo pornográfica sino, además, claramente insultante, obscena y vejatoria para los creyentes católicos y para cualquier persona con dosis básicas de vergüenza y dignidad.
Saben que la iglesia católica se limitará a deplorarlo, pero de ahí no pasará. Muy mucho se cuidaría el Ayuntamiento de Ibiza de ofender lo más mínimo a los creyentes musulmanes. Ni el de Ibiza ni el de ningún municipio de España. Y está bien. Pero lo de ustedes, Ilustres Señores, no tiene mérito. Es una astracanada.
Pues bien, ya que hablé de límites quiero recordar algo básico: que mi libertad limita con la de los otros y con los derechos de todos como simples ciudadanos.
En democracia, un creyente debe poder serlo sin temer que sus convicciones sean objeto de mofa por parte de la autoridad que sabe que las mayorías gobiernan respetando las minorías. Deberían también saber que, al ejercer la autoridad, no todo lo que se puede, se debe.
Cierto que el Ayuntamiento puede hacer lo que quiera en un local de su disposición. Cierto también que no debería haberlo hecho. Y lo que se debe hacer está regido por dos clases de normas: las jurídicas, contenidas en la legislación y que se mueven en la órbita del derecho, y las morales o éticas, que acampan en el jardín de los valores. Las normas jurídicas sólo pueden imponer los mínimos para que una sociedad viva en paz. Las normas éticas o morales van más allá.
Organizando una exposición pornográfica, que hace befa además de lo que es, para una parte de los ciudadanos, sagrado, ustedes, dignísimas autoridades, han perdido un poco de dignidad… y un poco de autoridad. Eso sí, han ganado en poder. Sí, sí, pueden decir muy alto «porque se puede… y si no les gusta a los creyentes, que se j… !»
Son como niños… malos. Y su destape de culito no hace ninguna gracia.
Alfredo Miralles es miembro del Consejo Editorial de El Mundo y párroco de Sant Sebastià