PALMA.- La Audiencia Provincial de Palma
ordenó ayer la expulsión a su país de un
ciudadano de Senegal. El tribunal lo había
condenado a cumplir cinco años de cárcel
por incendiar el piso en el que residía con
varios compatriotas. En su lugar, la
Audiencia le dio la opción al inmigrante a
ser repatriado.
El acusado Ndiaga N.,
de 33 años de edad y que se encontraba
desde hace un año en situación de prisión
preventiva, aceptó ayer ser expulsado a su
país en lugar de cumplir la pena de
prisión. Previamente, reconoció los hechos
que se le imputaban, tras declararse
culpable de un delito de incendio.
Los hechos por los que Ndiaga ha
sido condenado ocurrieron hace un año, el
día 20 de septiembre de 2006, en un
inmueble de la calle Terral, situado en el
término municipal de Llucmajor. La casa la
compartía el acusado con varios
compatriotas suyos senegaleses.
Ndiaga N. confesó que, en torno a
las ocho de la mañana, prendió fuego de
forma intencionada a la butaca de tela del
salón de la casa y que éste se extendió con
rapidez a otras dependencias, como la
cocina y las habitaciones.
Huyó
sin avisar
Antes de que el
incendio adquiriera mayores dimensiones,
Ndiaga optó por abandonar la vivienda.
Escapó a pesar de que sabía que dos de sus
compañeros de piso se encontraban
durmiendo.
Al notar un brusco
aumento de la temperatura, uno de ellos se
despertó sobresaltado y comenzó a gritar a
sus compañeros, para que intentaran
alcanzar la escalera para salir del
edificio.
El intenso humo se lo
impidió. No obstante, encontró una salida
de la vivienda a través del balcón. Este
inmigrante resultó ileso, al igual que el
otro ocupante, que logró salir a través de
la escalera.
Mientras, la familia
que dormía en el piso superior, una pareja
con sus dos hijos menores, también se
percató del incendio e intento huir por la
escalera. Sin embargo, en esos momentos el
humo lo impidió. Los cuatro consiguieron
subir hasta la azotea del edificio. Allí
esperaron hasta que pudieron ser rescatados
por los bomberos.
La Policía no tuvo
demasiadas complicaciones para dar con el
paradero del presunto pirómano. De hecho,
el mismo día de los hechos lograron
detenerlo.
Las circunstancias
personales de Ndiaga eran especialmente
dramáticas. Era uno de los muchos miles de
inmigrantes que se había enfrentado al
océano a bordo de un cayuco para llegar a
Canarias.
Sus expectativas distaban
de haberse cumplido al llegar a suelo
español. Ni siquiera al cambiar el
archipiélago canario por el balear logró
que su situación personal
mejorara.
Así, el pasado 20 de
septiembre de 2006 decidió poner fin de una
vez por todas con las penurias que no
dejaba de padecer de una forma expeditiva.
Eso sí, puso en serio peligro la vida de
sus compatriotas con los que compartía un
inmueble hacinado. Ahora, después de un año
en la prisión de Palma, Ndiaga regresa a su
país de origen: Senegal.