JUAN RIERA ROCA
PALMA.-En mayo de
2007 Miquel Nadal, candidato a la alcaldía
por UM, prometió a los vecinos de la
barriada de Sant Jordi que promovería la
construcción de un nuevo colegio público y
la transformación del actual, ya obsoleto y
saturado, en un casal para el
desarrollo de actividades del colectivo
vecinal de esta zona de Palma.
El
pasado lunes los votos de UM en una
comisión municipal, ayudaron a que se
rechazara una propuesta del PP para
construir un nuevo colegio público en la
barriada de Sant Jordi y dedicar el
edificio de la vieja escuela a casal
social para uso vecinal. Sebastià Sansó,
concejal del PP autor de la propuesta, no
daba crédito a sus oídos.
Una
portavoz del grupo municipal de UM refería
ayer a EL MUNDO las razones de esta
decisión, aportadas por la concejal
Cristina Cerdó: UM sigue considerando
prioritaria la construcción del nuevo
colegio, pero prefiere esperar hasta que la
Concejalía de Educación elabore un Mapa de
Necesidades Escolares de Palma.
Desde
el PP y desde la asociación de vecinos de
Sant Jordi, el voto contrario de UM a la
propuesta se ve más como un retraso al
desarrollo de una infraestructura que urge,
que como una medida de prudencia. Máxime
considerando que el candidato Miquel Nadal
había comprometido su palabra y su firma en
la campaña electoral.
Propuesta
vecinal
Andreu Bonet,
vicepresidente de la Asociación de Vecinos
de Sant Jordi, manifestaba ayer a este
diario que «nos gustaría que se hiciera ya
el nuevo colegio, porque el actual data de
los años veinte del siglo pasado» y ya se
ha quedado obsoleto para los 213 niños que
acoge. El edificio está catalogado como
bien patrimonial.
Precisamente ese
carácter patrimonial impide que se
desarrollen obras de ampliación que
modificaran la estructura. De modo que la
única solución es hacer un colegio en otro
sitio y dedicar el edificio del viejo a
otros usos. Entre tanto, los escolares
carecen de servicios básicos por falta de
espacio.
No tienen comedor. No hay
sitio para un gimnasio donde poder
practicar deporte o guarecerse de la lluvia
durante el recreo. El sistema de accesos
rodados al colegio está condicionado por
las calles de la zona, lo que lleva, según
explica el vicepresidente vecinal, a que se
produzcan atascos que tal vez con otra
organización viaria serían
evitables.
Bonet reclama además un
local fijo para las actividades vecinales:
«Ahora nos tenemos que reunir en la
parroquia, porque el cura nos lo permite,
pero eso será hasta que la Diócesis decida
darle otro uso a esos locales, que son de
su propiedad. Es por eso que necesitamos
unas dependencias fijas en un casal social
para desarrollar nuestras
actividades».
Sansó tampoco está de
acuerdo en las explicaciones dadas por el
PSOE para rechazar su propuesta. Los
socialistas alegan que se va a redactar un
plan de servicios para la barriada y que
hasta entonces no será el momento de
plantearse la construcción del colegio.
Sansó añora un compromiso socialista para
incluir la nueva escuela en Sant Jordi en
ese plan de servicios.
Suelo para
educación
Falta en el barrio
suelo calificado para usos escolares que
sea suficiente, dado que además del ocupado
por el actual colegio solo hay una pequeña
parcela donde se ubicaba antes un centro
privado, insuficiente en su extensión. Ello
llevará a la necesidad de recalificar
terrenos. En cualquier caso, en la zona hay
solares suficientes.
El PP recuerda
que en el anterior periodo el equipo de
gobierno de Catalina Cirer se reunió con
representantes de la asociación de vecinos
y del APA del colegio, cuyos representantes
pusieron de manifiesto la necesidad de
disponer de unas instalaciones docentes más
amplias, en las que quepan además de lo ya
mencionado una biblioteca, un aula
informática, de música, espacios
deportivos, etc.