MARCOS TORÍO
PALMA.- ARCO anda con
los colores revueltos. Los galeristas
sienten el yugo de la selección sobre el
expositor efímero y el mundillo artístico
anuncia protesta. Alejados del ruido
madrileño, Art Cologne se inauguraba ayer
en Palma flanqueada por la cuidada
organización germana. La hermana
balear lucía 55 stands de catorce
países con ofertas de arte contemporáneo
para todos los gustos. Los valedores de la
feria han traído la mano de obra desde
Alemania para no dejar nada al azar y la
terminal A del aeropuerto de Son Sant Joan
se presentaba ayer como una réplica
reducida del amplio escaparate en Colonia.
La inauguración contó con la
presencia de autoridades locales y
dirigentes de la feria. ARCO -y su convulsa
nómina de participantes- apareció en la
ronda de preguntas. El director ejecutivo
de la empresa organizadora Kölnmesse,
Oliver Kuhrt, reconoció que en el entorno
de la cita madrileña «no estaban muy
felices en un principio», pero que «el
mercado español es grande y amplio para
todos». Y añadió: «Puede beneficiarnos el
recorte de ARCO».
En su primera
edición, Art Cologne Palma ha recibido más
de 160 solicitudes, que podrían
incrementarse si la feria madrileña
continúa excluyendo galerías que
tradicionalmente han participado en ella.
De las mallorquinas, sólo Pelaires tiene
asegurada la asistencia en 2008. El resto
se halla en las listas de espera. Un
galerista isleño lanzaba una predicción:
«Si funciona la feria en la isla, la
avalancha puede ser brutal debido
precisamente a la situación nacional e
internacional en la que las grandes ferias
buscan cerrar el cerco en torno a grandes
nombres. El problema es que, de momento,
Art Cologne Palma no tiene espacio para
crecer».
Calidad y
expansión
El propio Kurt recogía
en su intervención la observación del
galerista. «Queremos expandirnos. Es
fundamental asegurar la calidad, pero
necesitamos instalaciones más grandes». Hoy
por hoy cuentan con 8.000 metros cuadrados
en el recinto ferial del aeropuerto.
La cifra invertida por Art Cologne
en Palma y los resultados son un misterio,
pero los organizadores creen firmemente en
el proyecto. El director del encuentro,
Gerard Goodroow, destacó «la calidad y el
nivel» de los participantes, así como «la
apertura cultural demostrada por la
ciudad». Como ejemplo tomó la intervención
de Miquel Barceló en la Catedral, pese a su
ateísmo confeso. «Se encajó y se acepto,
aunque él no sea amigo de la Iglesia»,
argumentó.
Para Goodrow es
importante la existencia de un programa de
actividades paralelo «muy activo» y que la
feria entre en la ciudad «para convertirse
en un fórum e intercambio constante». Palma
ha tomado nota volcándose con la cita. Cort
ofreció anoche un cóctel a galeristas,
organizadores y artistas en el Castell de
Bellver; ha puesto a disposición de los
ciudadanos una línea de autobús con paradas
en el aeropuerto, el centro de la ciudad y
Jam Art; y ha llenado el Paseo Sagrera de
esculturas para que a nadie se le pase por
alto lo que ocurre estos días en Mallorca.
El mundo artístico tampoco se ha quedado
atrás y mañana inaugura la temporada con
las propuestas de la Nit de l'Art.
El anterior equipo de gobierno y el
actual han dejado a un lado los colores
políticos y la iniciativa de Art Cologne no
se ha resentido. Unos gestaron y otros
recogen la siembra. Desde la organización
germana, agradecían ayer repetidamente esa
circunstancia. «Recibimos una invitación
del Govern balear para un proyecto
artístico conjunto y hemos mantenido un
diálogo estrecho y constructivo tras las
elecciones», explicó Kuhrt como ejemplo de
lo bien avenidos que están los
socios.
Los organizadores prevén la
asistencia de 10.000 visitantes que pagarán
entre 10 y 25 euros por visitar la feria,
con la clausura marcada para el domingo.
Llegará el momento de los números y de
saber si resulta rentable trabajar por algo
más que por amor al arte.