GABRIELA CORRAZO
POLLENÇA.- Si
cree que hay algo más difícil que tratar de
abrirse paso por los espacios públicos que
rodean la plaza Miquel Capllonch en el
Puerto de Pollença, cualquiera lo puede
intentar uno de estos días. Eso sí, antes
de que termine la temporada porque los
restaurantes que circundan la plaza han
instalado estos días mesas y sillas por
doquier, excediéndose de lo permitido por
la ordenanza municipal sobre el uso común
del espacio.
Los primeros afectados
indirectamente han sido los artesanos y
feriantes del mercadillo, que hace un par
de meses fueron desalojados por orden
municipal de la plaza Capllonch hacia una
calle lateral. Según la versión oficial fue
porque los vecinos se quejaban que no
podían pasear por la plaza ni sus niños
jugar en un espacio que reivindicaban
público. En tanto que los comerciantes del
entorno se quejaban de competancia desleal.
Sin embargo, ahora está invadida de
mesas y sillas. Y para algunos vecinos la
dejadez en el Puerto y la invasión de las
terrazas de los restaurantes son una
plaga que amenaza con «convertir el
Puerto en un segundo Arenal».
Una
situación similar está ocurriendo en la
plaza Mayor en Pollença los domingos, día
de mercado. Aquí también los restaurantes
de la primera línea de la plaza sobrepasan
el límite y no sólo impiden el paso de los
viandantes sino que las mesas y sillas
quedan prácticamente codo con codo con las
paradas de los feriantes.
Este caos
urbano ha sido denunciado por el regidor
pollencí de EU-EV, José García,
quien señala que ya en 2004 el alcalde y
ahora reelecto Joan Cerdà (UM) prometía
menos sillas y mesas en las vías públicas.
«Tres años más tarde el mismo alcalde
anunció nuevamente su deseo de que los
peatones pudieran pasar sin problemas por
las calles y plazas del municipio»,
recuerda García; algo que al día de hoy no
se cumple.
Además, la ordenanza
municipal señala en el artículo seis del
Capítulo II al Uso Común Especial que: «la
ocupación con mesas y sillas no dificulte
el uso del mobiliario urbano instalado por
el Ayuntamiento y que esté al menos a un
metro de distancia (de bancos, papeleras,
etc)». Esto no sólo no se cumple sino que
en la plaza Capllonch, por ejemplo, entre
las terrazas de los restaurantes y el
mobiliario urbano hay escasos centímetros,
por lo que un transeúnte tampoco puede
hacer uso de los bancos de la plaza.