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  Martes, 18 de septiembre de 2007 Actualizado a las 00:37
 

ALCÚDIA
Abaten un 60% de las cabras mestizas del coto de La Victòria para salvar la raza autóctona

Medio Ambiente logra que el 85% de los animales sea de raza mallorquina, amenazada por el mestizaje - El exceso de bóvidos evita la regeneración de los bosques

  A D E M A S
 Un fósil viviente
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MIREYA ROURA

ALCÚDIA.-Hay cabras en la Serra de la Tramuntana que por una bolsa de patatas fritas son capaces de atacar a los turistas. Así pasa en el Faro de Formentor, claro ejemplo de que la superpoblación caprina de Mallorca ha llegado a un límite insostenible. Y eso que la Conselleria de Medio Ambiente, en colaboración con los cazadores, ya ha conseguido reducir en un 60% la población del coto de La Victòria (Alcúdia), el principal reducto de este animal que se conoce.

En 2005, se calculaba que había 40.000 cabras en un medio que para ser sostenible tendría que tener 11.500. Es decir, sobraban 28.500: el número que la Conselleria decidió abatir a través de un plan técnico que suscitó las críticas de los ecologistas en noviembre de 2006.

La matanza era, no obstante, un mal menor. El efecto hervíboro de las cabras ocasionaba daños similares a los de un incendio forestal. Según cálculos de 2005, entre el 35 y el 70% de la vegetación joven no llegaba a prosperar por ser el alimento predilecto de los bóvidos. Tampoco las zonas afectadas por el fuego en la Península de Artà podían recuperarse.

Sin depredarores naturales y sin el control demográfico tradicionalmente ejercido por el payés-cazador hace 50 años, los animales ponían, además, en peligro de extinción a una larga lista de endemismos vegetales.

Pero la cacería tiene que ser discriminada y sólo la raza pura, la cabra mallorquina o «fina», se salva de la purga. El objetivo es claro: eliminar las domésticas asilvestradas (las que se han escapado de las granjas tras ser introducidas de la Península) y las mestizas (hijas de autóctonas y de introducidas) ya que ambas pueden suponer la extinción de la cabra mallorquina.

Las sucesivas mezclas genéticas hubieran acabado con un ADN que fue introducido entre el 2300 y 2050 antes de Cristo por unos pretalayóticos que querían beber leche. De hecho, la Comisión Europea de Medio Ambiente ha declarado recientemente la cabra mallorquina de fósil viviente que requiere conservación.

En este sentido, la Conselleria, el Consell y el Ayuntamiento de Alcúdia han conseguido, con la colaboración de la Sociedad de Cazadores de Alcúdia, dar un 85% de pureza a la población caprina alcudienca. El éxito es notable si se tiene en cuenta que en algunos lugares las variedades puras sólo significan, según la Dirección General de Caza, el 30%.

El anterior Govern también decidió potenciar la caza de la cabra autóctona y la estableció como trofeo de caza. Pensó que esta sería la mejor estrategia para reconducir la población y conservarla.

 
   
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