MIREYA ROURA
ALCÚDIA.-Hay cabras
en la Serra de la Tramuntana que por una
bolsa de patatas fritas son capaces de
atacar a los turistas. Así pasa en el Faro
de Formentor, claro ejemplo de que la
superpoblación caprina de Mallorca ha
llegado a un límite insostenible. Y eso que
la Conselleria de Medio Ambiente, en
colaboración con los cazadores, ya ha
conseguido reducir en un 60% la población
del coto de La Victòria (Alcúdia), el
principal reducto de este animal que se
conoce.
En 2005, se calculaba que
había 40.000 cabras en un medio que para
ser sostenible tendría que tener 11.500. Es
decir, sobraban 28.500: el número que la
Conselleria decidió abatir a través de un
plan técnico que suscitó las críticas de
los ecologistas en noviembre de 2006.
La matanza era, no obstante, un mal
menor. El efecto hervíboro de las cabras
ocasionaba daños similares a los de un
incendio forestal. Según cálculos de 2005,
entre el 35 y el 70% de la vegetación joven
no llegaba a prosperar por ser el alimento
predilecto de los bóvidos. Tampoco las
zonas afectadas por el fuego en la
Península de Artà podían
recuperarse.
Sin depredarores
naturales y sin el control demográfico
tradicionalmente ejercido por el
payés-cazador hace 50 años, los animales
ponían, además, en peligro de extinción a
una larga lista de endemismos
vegetales.
Pero la cacería tiene que
ser discriminada y sólo la raza pura, la
cabra mallorquina o «fina», se salva de la
purga. El objetivo es claro: eliminar las
domésticas asilvestradas (las que se han
escapado de las granjas tras ser
introducidas de la Península) y las
mestizas (hijas de autóctonas y de
introducidas) ya que ambas pueden suponer
la extinción de la cabra mallorquina.
Las sucesivas mezclas genéticas
hubieran acabado con un ADN que fue
introducido entre el 2300 y 2050 antes de
Cristo por unos pretalayóticos que querían
beber leche. De hecho, la Comisión Europea
de Medio Ambiente ha declarado
recientemente la cabra mallorquina de fósil
viviente que requiere conservación.
En este sentido, la Conselleria, el
Consell y el Ayuntamiento de Alcúdia han
conseguido, con la colaboración de la
Sociedad de Cazadores de Alcúdia, dar un
85% de pureza a la población caprina
alcudienca. El éxito es notable si
se tiene en cuenta que en algunos lugares
las variedades puras sólo significan, según
la Dirección General de Caza, el
30%.
El anterior Govern también
decidió potenciar la caza de la cabra
autóctona y la estableció como trofeo de
caza. Pensó que esta sería la mejor
estrategia para reconducir la población y
conservarla.