E. COLOM / G. CORRAZO
PALMA.- «No
hay que entrar en una guerra de banderas
pero hay una ley que dice cuándo y dónde
hay que colocarlas, y las leyes están para
ser cumplidas». Así se refirió ayer el
delegado del Gobierno en Baleares, Ramon
Socías, a la polémica suscitada en torno a
la ausencia de la bandera española en la
fachada de al menos 13 de los ayuntamientos
mallorquines.
Una estampa que, como
ratificó en julio el Tribunal Supremo,
contraviene de plano la ley 39/1981 que
regula el uso de la enseña nacional. Y que
como ya publicó este diario se repite en
tres ayuntamientos controlados
mayoritariamente por el PSOE en el que
milita el propio Socías: Lloseta, Algaida y
Ses Salines.
El máximo representante
de la Administración estatal en Baleares
hizo suyas las palabras pronunciadas ayer
mismo por José Luis Rodríguez Zapatero,
quien garantizó en el Senado que su
Ejecutivo «velará al máximo de lo posible»
por el cumplimiento de la norma. «La
bandera de España es la bandera
constitucional de todo el Estado y tiene
una legislación que ha de ser respetada y
cumplida», incidió el presidente, para
quien el Gobierno y el resto de
instituciones tienen que ser garantes de su
cumplimiento.
De los municipios con
alcalde del PSOE que el lunes hacían caso
omiso a la ley, sólo los mástiles del
ayuntamiento de Ses Salines seguían ayer
desnudos. «No tenemos inconveniente en
colocar todas las banderas pero aquí no es
habitual ponerlas si no es en fiestas»,
explicaba ayer Antoni Perelló, teniente de
alcalde del PSOE, formación que controla
Ses Salines junto a Unió Mallorquina y Nous
Independents Locals. «Ha sido así
históricamente; gobierne quien gobierne»,
alegaba.
Francesc Miralles, alcalde
de Algaida, mostraba por su parte idéntica
determinación a seguir haciendo oídos
sordos a la ley de banderas. «Tenemos
asuntos más importantes de los que
preocuparnos que una bandera», manifestó a
consultas de este diario. Su Ayuntamiento
amaneció ayer engalanado con la bandera
española, la balear y la mallorquina. Pero
no para rectificar. «Hoy las hemos puesto
porque es un día festivo -la Diada de
Mallorca- pero mañana las esconderemos como
es costumbre», aseguraba el alcalde de la
localidad natal del president del Govern
balear Francesc Antich, quien afirmó que en
su partido nadie le ha sugerido hacer lo
contrario.
Otra postura mantenía
Bernat Coll, el histórico primer edil
socialista de Lloseta. El Consistorio que
preside recuperó ayer la bandera española
con motivo de la festividad y, a tenor de
lo que anunció ayer, «así se quedará: si
por mí fuese estarían siempre». Con
anterioridad, Coll había alegado como
Miralles que las banderas sólo ondean en
fiestas como marca la «tradición».
Tradiciones aparte, lo cierto es que
con la reposición de las banderas, Lloseta
y Algaida se adecuan a la Ley 39/1981. Que
reza así: «La bandera de España deberá
ondear en el exterior y ocupar el lugar
preferente en el interior de todos los
edificios y establecimientos de la
Administración central, autonómica,
provincial o insular y municipal del
Estado» (artículo 3.1).
Una norma
que por otra parte ha sido recientemente
refrendada y aclarada en una pionera
sentencia del Tribunal Supremo tras
encontrar resistencia en la sede del
Gobierno Vasco. «La expresión deberá
ondear, formulada en imperativo categórico,
pone de relieve la exigencia legal de que
la bandera de España ondee todos los días y
en los lugares que expresa (...) La bandera
debe ondear diariamente con carácter de
permanencia, no de coyuntura, no de
excepcionalidad sino de generalidad y en
todo momento». Un claro revés a la teoría
de la excepcionalidad festiva.