MARIONA CERDÓ
PALMA.- La
presidenta del Consell de Mallorca,
Francina Armengol, manifestó ayer durante
el acto institucional de la Diada de
Mallorca su deseo de que España se
convierta en un estado federal. En la línea
del ex líder del PSC Pasqual Maragall, la
máxima dirigente de la institución insular
reivindicó una «estructura descentralizada»
para España y puso como ejemplo el
autogobierno del que disfruta el Consell de
Mallorca, para el que pidió una mayor
financiación.
Para llegar a la idea
del federalismo, Armengol, que pronunció su
parlamento en el Teatro Principal de Palma,
comparó el sistema político actual de
Baleares, estructurado en base al Govern y
los consells insulares, con el modelo
político del siglo XIII en el Archipiélago,
en el que el Reino de Mallorca era autónomo
pero le debía fidelidad al rey de
Aragón.
«Pasados más de siete siglos,
la lección es clara: aquel Reino privativo
era un buen ejemplo de sistema federal, un
federalismo que deseamos que se desarrolle
como modelo en todo el Estado español y que
internamente ya aplicamos en Baleares con
una estructura descentralizada, con los
consells insulares y con el peso político
que van ganando estas
instituciones».
En este sentido, la
presidenta recordó que el nuevo Estatuto de
Autonomía garantiza a las instituciones
insulares más autogobierno al concederles
competencias en ordenación y promoción
turística, agricultura, igualdad y juventud
y transporte aéreo.
Por ello,
reclamó al president del Govern, Francesc
Antich, más financiación para poder
desarrollar estas competencias con
eficacia. «Usted sabe que sin recursos se
puede hacer retórica pero no política, por
eso queremos reivindicar una dotación
económica adecuada para poder atender las
necesidades de los mallorquines y
mallorquinas», aseguró.
«Somos una
institución que reivindica y que al mismo
tiempo es solidaria, somos solidarios con
el resto de territorios del Estado español
y con aquellos pueblos que necesitan
nuestra cooperación», argumentó Armengol. Y
prosiguió: «Pero que seamos solidarios no
quita que el futuro del Consell de Mallorca
dependa de cómo seamos capaces de
desarrollar el nuevo Estatut, si el Consell
de Mallorca debe ser el gobierno de
Mallorca debe recibir competencias con una
dotación económica
estable».
«Personalidad
cultural»
La financiación del
Consell y las referencias a la
idiosincrasia mallorquina fueron ejes
fundamentales en el parlamento de Armengol,
quien reivindicó que «Mallorca es un pueblo
de indiscutible personalidad histórica y
cultural». «Hay quien dice que Mallorca no
tiene una voluntad fuerte de ser un pueblo,
pero lo que es realmente admirable es que
después de una presión centralista
implacable a lo largo de tres siglos,
Mallorca no haya acabado siendo un simple
espacio territorial despersonalizado y
amorfo», sostuvo la presidenta, a lo que
añadió: «Entre 1715 y 1983 el pueblo de
Mallorca ha sufrido unas instituciones
dedicadas a la tarea de demolición
sistemática de nuestra personalidad
histórica, si Mallorca ha sobrevivido ha
sido por los esfuerzos individuales y
colectivos que con coraje y determinación
se mantuvieron y se han mantenido fieles al
país».
El discurso de Armengol supuso
también un cambio respecto a uno de los
temas favoritos de la anterior presidenta
de la institución, Maria Antònia Munar: la
inmigración. Frente a las advertencias de
su predecesora acerca de la fuerte llegada
de extranjeros, Armengol respondió que
«plantear la identidad de Mallorca desde
una actitud recelosa y defensiva tiene
asegurado el fracaso». «Lo que debemos
hacer es derribar la muralla y poner en
marcha políticas activas de integración de
los nuevos mallorquines»,
sentenció.
El crecimiento urbanístico
también fue uno de los núcleos del discurso
de la presidenta, que alertó de que «el
impacto de un crecimiento desordenado en
las costas ahora llega también al interior
de Mallorca». De todos modos, matizó que
«el crecimiento no se puede fundamentar ni
sobre los entusiasmos ante cualquier
propuesta de especulación ni sobre el
pesimismo». En este sentido, consideró que
«la Mallorca actual, con todos sus
defectos, está infinitamente más llena de
posibilidades de la de hace medio siglo».
«Y debemos reconocer el acierto de aquellos
mallorquines que se dieron cuenta de que el
futuro de Mallorca era el turismo y todas
las posibilidades que ofrecía».