GABRIELA CORRAZO
SANTA MARGALIDA.-
Santa Margalida volvió a cumplir con su
beata de adopción, Catalina Tomàs, y le
rindió un especial homenaje en la
tradicional procesión que desde 1792, año
de su beatificación, simboliza el afecto y
devoción que los vilers le profesan
a la beata nacida en
Valldemossa.
Cientos de
dimonis y payeses que
participaron en el desfile y miles de
espectadores hicieron de la noche de ayer
una fiesta con difícil parangón en la Part
Forana. Los numerosos asistentes de fuera
de Santa Margalida se las vieron para
encontrar aparcamiento ante el continuo
alud de curiosos que acudían para disfrutar
del festejo.
«Sa processó més típica
de Mallorca» en honor a la santa reunió al
pueblo y a miles de visitantes en un evento
que amalgama religiosidad y folklore. La
beata Sor Catalina Tomàs que desde siempre
ha sido una chica del pueblo, este año fue
personificada por María Cristina Bassa
Jaume, quien recorrió a pie las calles del
pueblo acompañada de colles de
xeremiers, flabiolers y
bandas de música del alicantino municipio
de Tárbena, llegados para rendir homenaje a
la santa, amén de las 12 carrozas de
rigor.
Tras ella, una gran multitud
de payeses con jarrones, los dimonis
y 12 carrozas que representan la fe y el
martirio en la vida de Sor Tomasseta. Desde
algunas horas antes, los demonios ya
anunciaban con su deambular y el ruido de
sus cascabeles, cencerros y palos, lo que
sería el clásico asedio a los payeses por
arrebatarles sus jarras, momento que aporta
un especial dinamismo a la
procesión.
Las jarras rotas
Cada pareja de payeses intentó
conservar sus jarras durante todo el
recorrido para que los dimonis
tuvieran la menos cantidad posible de
ellas. Una vez frente a la plaza de la
iglesia los vestidos de rojo y negro
simbolizando la más alta tentación, han
estrellado frente a la cruz alzada de la
Beata todas las jarras que fueron capaces
de arrebatarles.
La danza que rondó
a la Santa, la tradicional
trencadissa, acabó con la última
jarra hecha añicos. Y tal como sucede desde
hace 215 años, la Santa más querida por el
pueblo se mantuvo fiel a su fe y venció
nuevamente las tentaciones del demonio. Los
vilers llenos de júbilo por su
infranqueable fe entonaron el tradicional
canto a Sor Tomasseta.
Como dato
curioso, cabe destacar que para la
procesión de este año el Ayuntamiento
compró un total de 1.200 jarras en una
popular gerreria de Marratxi, además
de contratar decoradores que se encargaron
de colocarlas estratégicamente en las
carrozas y diferentes calles del
pueblo.
Diversas autoridades como el
president del Govern, Francesc Antich o la
presidenta del Parlament, Maria Antònia
Munar, estuvieron presentes en la
celebración. Tampoco faltaron los
integrantes de la Corporación municipal,
entre ellos el alcalde Martí Torres, que
asistió a los festejos en primera fila. De
hecho, formaba parte de la comitiva que
seguía los pasos de la beata en el
defile.