E.U.
Cuatro mil años antes de
Cristo los hombres del neolítico
desembarcaban en la isla siciliana de
Lípari atraídos por las canteras de
obsidiana, un material con que el que
elaboraban las puntas de sus lanzas. Seis
mil años después la inmensa mayoría de los
turistas que visitan cada año la capital
del archipiélago de las Eolias lo hacen en
busca de sus sus paradisíacas
playas.
Y de entre todas ellas, la
bautizada como Spiaggia Bianca, situada a
300 metros del pueblo de Canneto, se lleva
la palma. Lípari es la isla más grande y
más poblada. Sus estampas más famosas están
protagonizadas por su puerto, recorrido por
casas de pescadores de color pastel, y por
su castillo medieval edificado sobre la
originaria acrópolis griega.
Quienes
acuden a Lípari puede que visiten su museo
arqueológico, que alberga una interesante
colección de cerámica griega o que hagan lo
propio con la catedral. Pero lo que no
suelen eludir son sus acantilados, sus
clayas y sus playas de este destino que,
para la consellera de UM, es eminentemente
«cultural».