ELENA ISARDO
Cree firmemente en sus posibilidades y sabe, a ciencia cierta, que este título va a ser muy difícil que se le escape. Jorge Lorenzo quiere despedirse del cuarto de litro revalidando el cetro mundial, pero sin pasar los apuros del curso pasado, cuando tuvo que esperar agónicamente hasta la última prueba para ceñirse la corona de campeón del mundo. Restan cinco citas para la conclusión del presente curso, pero lo que es seguro es que el pupilo de Dani Amatriaín no padecerá de ansiedad en Cheste, que lo acogerá ya como bicampeón del mundo. La gira asiática (Japón, Australia y Malasia) servirá para sentenciar el Mundial, aunque sea lejos de casa.
Disfrazado de gladiador romano y exultante de felicidad, celebró ayer una nueva victoria –la octava de la temporada y la decimosexta en 250 cc, superando en número de triunfos a Sito Pons y DaniPedrosa (ambos con 15)– que lo lanza definitivamente hacia la corona de campeón. Más si cabe después de que Andrea Dovizioso, que marchaba en cabeza de la prueba, se tuviera que retirar de la carrera tras pararse el motor de su Honda a falta de ocho virajes para la conclusión. La fatalidad se cebó con el piloto italiano, mientras que Lorenzo goza de la suerte del campeón, un triunfador que sólo depende de sí mismo para revalidar el título de campeón del mundo.
Lorenzo sale reforzado de Misano, circuito que debuta esta temporada en el calendario mundialista tras 14 años de ausencia, y con el camino allanado hacia el título, tras aventajar en 54 puntos a Alex de Angelis, quinto ayer, y en 55 a Dovizioso.
«Me hubiera gustado ganar a Dovizioso en la pista y batirme con él hasta el final, pero no ha podido ser.Su abandono me ha permitido abrir una diferencia muy importante en el Mundial», explicó el piloto del equipo Spain’s nº 1, que en la misma salida se vio superado por Dovizioso. El italiano de Honda, pese al menor potencial de su montura, tomó la iniciativa desde que el semáforo se puso verde para intentar la escapada. Tuvo posibilidades de conseguirlo porque, por detrás, Lorenzo y Barberá se enzarzaron en una guerra de adelantamientos. Superado el primer escollo, el piloto mallorquín se fue a por su máximo rival, seguido de Barberá, Álvaro Bautista, Mika Kallio, Hiroshi Aoyama y Alex de Angelis. Un grupo demasiado numeroso, en el que comenzaron a sucederse los adelantamientos para tomar la cabeza.
El que peor parado salió fue Bautista, que al intentar alcanzar la tercera plaza y superar a Barberá en el noveno viraje vio como su neumático delantero perdía adherencia y su montura reaccionaba de manera extraña al cerrarse la dirección. Aunque terminó por los suelos, pudo volver a la carrera aunque ya no en los puestos de cabeza. «Me ha costado mucho terminar la carrera porque tenía rota la estribera derecha y el freno trasero. Muchas curvas las tenía que hacer un poco en equilibrio, porque no tenía punto de apoyo y no podía frenar fuerte porque la moto se levantaba de atrás», explicó tras concluir en octava posición en lo que supuso su debut con la nueva Aprilia RSA. Una moto que seguirá pilotando la próxima temporada después de anunciar ayer su renovación con el equipo de Jorge Martínez Aspar.
Con el panorama más despejado, Dovizioso y Lorenzo se alejaron del resto para jugarse la victoria entre los dos. Vuelta a vuelta, los adelantamientos se sucedieron hasta que la moto del italiano dijo «basta» en el decimoctavo viraje. Nadie podía frenar ya a Lorenzo, camino de su octavo triunfo de la temporada. Una victoria que la celebró vestido de gladiador, un disfraz que tenía en mente para Mugello pero que tuvo que devolver sin mostrarlo. «La celebración me ha costado una pasta porque lo alquilé para Mugello y ahora lo he tenido que hacer otra vez.En total, 1.200 euros», aseguró sobre una vestimenta que era una réplica exacta de la lucida por Russell Crowe en Gladiator.